“La diosa”, “la divina”, “Primadonna assoluta”: las alabanzas para María Callas siempre fueron en superlativo. Hace tiempo que la diva de la música se convirtió en mito, alcanzando un estatus de culto sin precedentes entre las cantantes del siglo XX, pero sufriendo también como ninguna otra los altibajos de la fama. Cuarenta años después de su muerte, el 16 de septiembre de 1977, la veneración del mito sigue intacta.

 

Por Esteban Engel
dpa

 

“La diosa”, “la divina”, “Primadonna assoluta”: las alabanzas para María Callas siempre fueron en superlativo. Hace tiempo que la diva de la música se convirtió en mito, alcanzando un estatus de culto sin precedentes entre las cantantes del siglo XX, pero sufriendo también como ninguna otra los altibajos de la fama. Cuarenta años después de su muerte, el 16 de septiembre de 1977, la veneración del mito sigue intacta.

 

Las vidas de las grandes estrellas del pop como Janis Joplin o Michael Jackson suelen resumirse en una historia de triunfos, excesos y tragedias y la de Callas no fue menos intensa, como también lo fueron su lucha contra el sobrepeso, que acabó afectando de forma prematura a su voz; sus aventuras amorosas y matrimonios, entre otros con el millonario griego Aristóteles Onassis, pero sobre todo, su entrega al arte.

Con motivo del 40 aniversario de la muerte de Callas que se cumple este sábado se podrá revivir la fascinación que despertaba Callas con una reedición de 20 fragmentos operísticos, grabaciones en vivo de la discográfica Warner que han sido tratadas para poner su voz en primera plano. Un equipo dirigido por el directivo de la Warner Bertrand Castellani recopiló las grabaciones de los archivos, en una especie de “búsqueda arqueológica”, según cuenta el musicólogo.

 

La edición con motivo del aniversario comprende 12 óperas que Callas nunca grabó en un estudio, sino obtenidas de grabaciones de radio de entre 1949 y 1964. Los oyentes se sumergen en un mundo de sonidos desaparecido, pero sin ruido de fondo ni chisporroteos, tras haber nivelado digitalmente el tono de todas las grabaciones. Castellani está convencido de que se venderá bien: “La Callas es hoy en día casi más famosa que en vida”.

 

Y es que los comienzos de Maria Anna Sofia Cecilia Kalogeropoulou, nacida en Nueva York y crecida en Grecia, fueron de todo menos glamurosos. “Ridículo” que una chica así quiera cantar, dijo su primera profesora Maria Trivella. Pero se quedó muda cuando oyó cantar a su nueva alumna.

“El sonido de su voz era cálido, lírico, intenso”. Entonces María se sentía como un “patito feo”, siempre perdiendo en comparación con su hermana, martirizada por su ambiciosa madre que se había separado de su padre y que volvió a su país de origen con sus dos hijas.

 

Callas logró su primer gran éxito en 1947 en la Arena di Verona con la “Gioconda” de Ponchielli. Conoció a Giovanni Battista Meneghini, dueño de un horno de ladrillos, y se casó con él en 1949. Él se convirtió en su principal mecenas.

 

Su gran éxito internacional le llegó cuatro años después en México: su “Aida” de Verdi desató hordas de entusiasmo, y una de esas actuaciones de 1950 está incluida en la reedición actual.

Al inicio de su segunda estación en la Scala de Milán en 1952 se convirtió en la reina indiscutida de la casa con su interpretación de Lady Macbeth. La siguiente temporada la inició interpretando a Medea bajo la batuta de Leonard Bernstein, que la bautizó como “la mayor cantante del mundo”.

 

La reedición incluye también un fragmento de “Sonnambula” de Bellini, igualmente bajo dirección de Bernstein.

 

Entre sus obras maestras se encuentra el “Aria de la Locura” de “Lucia di Lammermoor”, documentada en una grabación completa que data de 1995 en Berlín con Herbert von Karajan.

 

“María Callas ha vuelto a despertar el belcanto”, dijo la mezzosoprano Cecilia Bartoli en una ocasión, en referencia a ese estilo vocal operístico italiano. “Nos abrió una nueva puerta a todos los cantantes del mundo”, dijo por su parte Montserrat Caballé.
Y es que en realidad, Callas abrió un nuevo repertorio, pues hasta ese momento apenas estaban presentes en los programas las óperas de Donizetti, Bellini o Rossini.

 

La voz de Callas, que abarca más de dos octavas, se compone de sonidos muy distintos: una profunda y dramática voz de pecho, un delicado registro medio y un agudo brillante.

 

“Fantástica”, tuvo que reconocer una vez incluso su rival Renata Tebaldi.

 

Pero Callas no sólo dio titulares por su arte. Famosos en todo el mundo fueron sus rechazos, sus dietas y sonadas rivalidades. Con una dieta milagrosa pasó de 92 a 63 kilos y su rivalidad con Tebaldi copó los titulares de la prensa del corazón.

 

Callas no toleraba una segunda diosa a su lado. “Sufría un complejo de inferioridad inhumano. Esa era la fuerza motriz tras su inquieta y vil ambición”, opina el productor Walter Legge.

 

Pronto se retiró de la canción, sólo actuaba en pequeños eventos y daba clases. En 1964 intentó regresar a los escenarios con “Tosca” en Londres. Tras un año y medio ausente, su retorno con puesta en escena de Franco Zeffirelli fue todo un triunfo, que también puede recuperarse en la nueva edición.

 

Callas murió el 16 de septiembre de 1977 en París. La causa oficial: un ataque al corazón. Sin embargo, pronto se difundieron los rumores sobre una intoxicación con medicamentos y sobre un suicidio. Su cadáver fue incinerado y sus cenizas depositadas en el cementerio de Pere-Lachaise antes de ser esparcidas en el Egeo.