Esta semana venimos con una novela donde se hace gala del humor inteligente y muy irreverente.

Por: Romina Santopietro.

Hacía mucho que no me reía con una novela … que no se enmarca en ningún género definido. Más de una vez me quedé con la boca abierta pensando “este tipo no escribió eso…”. Pero sí, lo escribió. Se animó. Y encima me lo imagino divirtiéndose de lo lindo al hacerlo.

 

Aunque el argumento se base en la investigación de un crimen, no es novela negra ni una novela policial. La estructura de misterio o thriller es una mera excusa para una especie de divertimento culto en el cual el autor introduce a famosos intelectuales (casi todos franceses, aunque también aparecen algunos de otras nacionalidades) y hace bromas e ironías acerca de sus ideas y personas, dentro de un ámbito temporal, el de los años ochenta en Francia (y en el mundo), muy bien reconstruido, con referencias a la cultura popular, a políticos, hechos históricos y más.

 

“La séptima función del lenguaje”, de Laurent Binet, publicada por Seix Barral es una humorada irónica y desfachada que toma en solfa a todos los popes de la comunicación y la semiótica. Y a sus teorías, principalmente. En el momento que comenzamos a sospechar que estamos ante un intelectual pesado, el autor se despacha con alguna irreverencia a los mencionados pesos pesados de la teoría de la comunicación.

 

La novela, pese a tocar áreas como la lingüística, la semiótica, la filosofía, la sociología, no se hace ardua, ya que está narrada de forma ágil. Los personajes, como si de una novela de aventuras se tratara, buscan un misterioso documento con ciertos “poderes” a lo largo de diversas ciudades en su afán por aclarar la muerte misteriosa de Roland Barthes.

 

Fue la “muerte del autor” en el sentido más literal. En febrero de 1980, Roland Barthes salía de almorzar con François Mitterrand, a punto de convertirse en presidente francés y fan confeso de sus “Mitologías”, cuando una camioneta lo atropelló en plena calle. Un mes más tarde, fallecía en el hospital. El caso quedó cerrado, hasta ahora. A Laurent Binet ese desenlace siempre le pareció sospechoso.

 

Demasiado improbable para ser pura casualidad. Se puso a imaginar un crimen urdido por una confederación de universitarios y hombres de poder, temerosos ante el alcance de las teorías de ese pensador estrella.

 

De ahí surgió “La séptima función del lenguaje”. Este libro es, a la vez, un ensayo semiótico y un thriller policial con toques de comedia, donde el autor convierte en sospechosos del crimen a los teóricos del post estructuralismo, como Foucault, Derrida, Deleuze o Lacan, responsables de la revolución de las Humanidades que emergió en la Francia de los sesenta.

 

Más que sobre la muerte de Barthes, es una novela sobre el poder del lenguaje. En el fondo, el asesinato es sólo un pretexto. El libro parte de esta idea: quien controla el lenguaje, tiene el poder.

 

Y como todo asesinato necesita sus sospechosos, en este caso, solo podían ser quienes formaban parte del entorno real de Barthes. “Si iba a hacerlos intervenir, no podía ser solo a través de menciones gratuitas. Tenía que utilizar detalles y citas auténticas. El 75 % de lo que Foucault y Derrida dicen en el libro, lo dijeron o escribieron en la vida real”, reveló el autor en una entrevista. También confiesa que hubo gente que se enojó con el trato poco respetuoso a estos pensadores de primera línea, por lo que un amigo le pasó, por las dudas, el teléfono del abogado de Charlie Hebdo.

 

En resumen, una novela metaliteraria escrita según los códigos de los géneros populares donde hay lugar para todo: aventuras, sexo, feminismo, drogas, intelectualidad, rivalidades entre sabios, amputaciones de miembros, sociedades secretas inspiradas en la Palabra, un libro secreto que contiene algo que podría cambiar el mundo, mucha, mucha ironía y surrealismo.

 

Y es una suerte de dulce venganza para todos los estudiantes de comunicación que sufrimos quemándonos las pestañas con estas teorías.