¡A desobedecer se ha dicho!


Por Lucila Cordoneda

El mundo es de los valientes, dicen, y puede ser que así sea. Yo diría que, además, es de los desobedientes.


Ma ¿che cosa dici? Y sí, el mundo es de los que se animan, de los que arriesgan, de los que intentan ir para adelante, y para todo eso, a veces, muchas, muchísimas, hay que desobedecer. Hay que desoír el supuesto “deber ser”, hay que calzarse las orejeras y avanzar, a veces al galope brioso, otras, muchas miles con paso calmo y algo miedoso, pero firme.


Aprovechando esta semana en la que Don Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús… si, si, Belgrano (cuando era chica me encantaba repetir todos sus nombres) estuvo tan presente, reflexionemos acerca de lo que venimos afirmando.


Todos hemos oído hablar de la “desobediencia” de Belgrano ¿no?, de aquella oportunidad en la que se animó a izar por primera vez la Bandera Nacional y a recibir los retos posteriores, por tan tamaño “rasgo de entusiasmo”.

¿Qué lo llevó a esto y a tantos de sus otros desafíos y luchas? Pues sus ideales e ideas independistas, su voz digna y denunciante, en definitiva, sus desobediencias, sus “no aceptaciones” fuera de sus convicciones.


Plumas, pinceles, pipetas, bisturíes, tizas y armas independistas varias y variadas, empuñadas todas por, (con el más absolutísimo respeto) desfachatados y caprichosos, obstinados y tenaces, ambiciosos y belicosos desobedientes, hicieron del mundo un lugar más justo y vivible. ¡Bendito momento aquel en el que decidieron hacerlo! En que optaron por romper las reglas, los mandatos sociales y las normas de la época, dejando atrás la apatía, las tinieblas, la ignorancia o las supersticiones ¡Bendito momento aquel, en el que se atrevieron a pensar, a imaginar lo imposible!


Todos tenemos causas o batallas por las que nos animaríamos a ser un poco, o “un mucho” desobedientes.

Bien ¿por qué no serlo entonces? ¿Por qué no intentar la arrogancia de las luchas justas? ¿Por qué no vestir las armaduras, empuñar las armas, y cabalgar con ímpetu, seguros y desobedientes?


Desobedientes ante tanta cosa impuesta porque si, a tanta oferta sin sentido y a tanta prepotencia casi insoportable.
Desobedientes sí, sin perder la sonrisa, el don de gente y el respeto.


Desobedientes hacia aquellos que sólo ostentan algún tipo de poder de pacotilla, basado exclusivamente en el tener y que tan alejados están del verdadero poder, ese que otorgan la honestidad y la autoridad sin abusos.
Desobedientes de los mentirosos y los especuladores pero más amigos y “obedientes” de los generosos, aquellos que dan sin esperar ni suponer ventajas ni prebendas.


Amiguémonos con los que creen y ejercitan el verdadero trabajo en equipo, los que defienden con acciones el “solo es posible con otros”, los que entienden que cuando el que está al lado brilla el resplandor no los enceguece ni opaca, sino que les da brillo, los ilumina y los impulsa. ¡Vamos que el sol sale para todos ameas!


Desobedezcamos un poco más a los mezquinos, aquellos que manejan todo desde los propios intereses, esos que no “dan puntada sin hilo” diría mi abuela, esos que te hacen creer que te escuchan, te tienen en cuenta y solo están pensando que pueden “hacer por vos” para que después se lo debas toda la vida, esos que todo el tiempo te recuerdan “el favorcito que te hicieron” mmmmm, a esos… ¡¡¡ Desobediencia!!!


Desobedezcamos a aquellos que, aún a sabiendas de que nos hacen daño, sostenemos, aguantamos, solo porque “es lo que corresponde”.


Desobedezcamos los mandatos que frustran, el “deber ser” que ahoga y hagámosle más caso al quiero, al deseo, al tengo ganas ¡¡¡porque si!!!


Animémonos a desobedecer un poco más che y démosle más chance a nuestro olfato, a lo que nos dice nuestro ejército interior de Ateneas y Minervas, a lo que nos impulsa, libera y empodera.


Derribemos los prejuicios, las etiquetas y los mandatos que nos limitan, desaprendamos lo dado por sentado y no le demos tanto sentido a lo que se dice “común”.


Y, no sé si del todo, pero un poco más felices, más livianas, más libres y más fieles a nosotras mismas, nos vamos a sentir.

“La realidad, aunque rebelde, termina por parecerse a nuestros sueños, si éstos se sueñan con la suficiente perseverancia”.

Rosa Montero.
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