Abril Emme: arte plasmado en la piel


Artista plástica y tatuadora, dueña de un estilo personalísimo, deja su impronta en diversos lienzos, desde los cuadros propiamente dichos, intervenciones en paredes o esculturas, hasta los bellísimos tatuajes originales que crea.

Textos. Romina Santopietro. Fotos. Tamara Naymark

Abril Massimini de nacimiento, aclara «soy una maxi-mini», y sonríe, haciendo referencia a su estatura. Es una pequeña potencia.

Pautamos de antemano los términos más importantes de la entrevista: «Yo me llevo mi mate, porque soy celíaca y vos ponés el termo».

Ya instaladas, arrancamos por el principio. Abril, a sus 31 años, respira arte desde que pequeña, ya que nació en una familia de artistas. «Vengo de una familia de artistas, de músiques, pintores, escultoras, actores, así que desde muy pequeña me interesé por el arte y por la música. Pero me enfoqué en las artes visuales. De chica hacía retratos o naturaleza muerta. Pero me gustaban más los retratos, así que lo sentaba a mi abuelo en el patio y me ponía a dibujarlo. Él me acompañaba», recuerda con una sonrisa. «También dibujaba caricaturas, Mafalda era una de mis preferidas. Al principio copiaba, trataba de no calcar… esto fue a los 6, 7 años. A los 9 estaba fanatizada con Evita. La dibujaba todo el tiempo, la rama peronista de la familia me inculcó el amor por Evita, y por eso, todos los retratos que hacía a esa edad eran de ella».

Siguió dibujando hasta darle entidad personal a su trazo. Y en un momento decidió cambiar los lienzos inmóviles por piel, iniciándose en el arte del tatuaje.

«Me recibí en la Escuela de Artes Visuales, la Mantovani en el 2015. Arranqué en el 2007, pero en ese año ya estaba maternando, soy una madre joven, adolescente, Luna, mi hija era chiquita así que la carrera se me dilató un poco en el tiempo. Mientras cursaba, los trabajos prácticos que presentaba para las materias de dibujo y pintura eran las obras que presentaba en algún salón, o concurso, por ejemplo, en la Bienal o en el Salón Primavera… Trataba de hacer un 2 x 1. No tenía plata para decir ‘estos son los materiales que uso para los trabajos prácticos y estos son los materiales para la obra… así que hacía un combo. Buscaba que la terminación sea impecable, cosa que os pueda presentar en ambos medios. Y haciendo eso gané varios premios. A fin de año, los profes me decían ‘Abril, ¿y el trabajo práctico?’ …’ Está expuesto, ya lo voy a traer’…», cuenta entre risas.

Ese periplo continúa y sigue cosechando premios y becas. «Gané una beca de formación del Fondo Nacional de las Artes en el 2018, que era para llevarse a cabo en el 2019. El año pasado estuve en Resistencia, Chaco, por esta beca, estuve haciendo una clínica con un artista visual que se llama Diego Figueroa, y ahora en este primer semestre vamos a estar haciendo la muestra como cierre de la beca, en la ciudad de Resistencia».

Eso por el lado del arte «formal». Por parte del arte en la piel, desde que empezó a tatuar hace unos 4 años, fue haciéndose un estilo, y por eso, recibió una convocatoria en un estudio de tatuajes de Buenos Aires, como tatuadora invitada. «Esto es trabajo formal. El estudio es de Lucía Franzé, conocida como Lulens, que es arquitecta, tatuadora y twittera. Ella abrió una convocatoria para tatuadores y tatuadoras del país. Yo mandé mi material y a la semana me contestaron que estaban interesades en hacer una entrevista. Así que viajé a Buenos Aires con mi book y un poco de miedo, y quedé como tatuadora invitada al estudio. Voy a estar tatuando en Santa Fe y en Buenos Aires». Esta entrevista se realizó antes de la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

Por ahora, la idea es viajar una semana por mes y no instalarse definitivamente en Buenos Aires. «Más adelante, si veo que Buenos Aires me funciona mejor que Santa Fe, lo pensaré un poquito más. Ahora es muy complejo mudarme a esta altura del año, con mi hija ya arrancamos el año escolar, y sumado a la incertidumbre económica del país, prefiero ser precavida», explica Abril.

«Con las artes visuales, me pasó que al pasar del plano al espacio me pareció algo fascinante: lo que está en dos dimensiones, y tal vez sólo tiene un frente, pero no pensás en la parte de atrás, y cuando podés pasar del plano al espacio, que tenga un recorrido de 360º es un mundo aparte. En un momento, el plano me quedó chico, no me estaba llenando tanto. También una amiga me pidió unos diseños para tatuarse, que se los hice, pero no fui yo quien se los tatuó. Y cuando vi el acabado final del tatuaje vi que era un diseño que se notaba que lo había hecho yo, pero había algo que decía que no era mío. Y eso no me gustó. Esta misma amiga me pidió un segundo diseño para hacer, y a mí no me convencía cómo quedaban. No tenían la esencia que yo percibía en mis diseños. Ella me sugirió que aprendiera a tatuar… Y ahí dije ohhh, ¡es una muy buena idea!», rememora entre risas.

Y así arrancó, tatuando en cuero de chancho y después en una naranja. «Empecé practicando en cuero de chancho, después entendí que era mucho mejor con la naranja. La naranja, si vos clavás de más la aguja, te salta el jugo en la cara. Ese sería básicamente como si le hicieras un tajo a una persona y lo hacés sangrar. Practiqué y el primer tatuaje me lo hice yo en mi pierna», señala. Claro que cuando ya se es artista, no queda un tatuaje que denote impericia, tiene un tatuaje muy estético.

Practicó en un estudio comercial de tatuajes de la ciudad, donde los primeros clientes fueron su hermano y su tía. Pero en ese momento el espíritu del artista prevaleció porque entendió que su estilo pugnaba por salir y hacerse presente. Cada uno de sus diseños es único y original, no hay copias y mucho menos, calcos de otros artistas.

«Ese era un local comercial, por lo tanto, yo tenía que hacer lo que la gente quería. Un día pasaron tres pibas y las tres se hicieron el mismo tatuaje. No se conocían entre ellas. Era la palomita y la palabra ‘soltar’… y yo sentía que me iba a dar un ataque. Traté de sugerir una personalización, algo que distinguiera o represente el concepto. Quería ESE tatuaje. Y yo no quería convertirme en una fotocopiadora. Había aprendido a tatuar para plasmar mis propios diseños. Obviamente, hacer diseños a pedido, pero que tengan mi impronta. No quería hacer un tatuaje con un dibujo bajado de internet, copiado a algún famoso», entre risas caen a colación las estrellitas de Rihanna.

Decidió que ese no era el camino que quería recorrer y se lanzó con su propio estudio. «Cada vez que me mudo, mudo también el estudio y va mutando».

Está haciendo lo que se propuso hacer y la gente la busca y a sus diseños justamente por eso. Un tatuaje Abril Emme es fácilmente reconocible.

El proceso de elaboración de un diseño implica muchas preguntas, para poder descubrir cuál sería el tatuaje ideal personalizado.

«Para llegar al diseño te voy a dar una serie de tips: una suerte de tarea para el hogar. Trabajo desde Instagram, no estoy trabajando con otras redes. Los diseños son exclusivos y en tinta negra. Podés enviarme imágenes, textos, canciones que me sirvan de referencia para armar el diseño. Pido las medidas y la zona donde querés que esté el tatuaje. Una vez que tenemos el diseño, se coordina día y hora».

Se pacta también el costo del tatuaje y los medios de pago, porque todos los insumos son importados y con la disparada del dólar, sufrieron un aumento de precios. «De todas maneras, trato de que los diseños no sean inaccesibles. Yo vivo de esto, hoy es mi profesión y quiero que la gente se tatúe», aclara.

«Por eso, y para eso hacemos eventos como los Flash Day, donde nos reunimos tatuadoras, peluqueras, hacemos un evento que se anuncia por las redes, generalmente desde la tarde y hasta la noche. La mayoría de los flash en que participé, también los organicé yo. Si querés laburar, a veces tenés que crearte el espacio para hacerlo. Lo que hacía era lanzar los diseños en la red y daba turnos. Como eso hacía que vaya solamente la gente que se va a tatuar, entonces planteamos incorporar otras cosas».

Los tatuajes de autoría propia deambulan por las urbes, cuentan historias y sorprenden al ojo que se topa con ellos. «No me gustan llamarlos clientes. Prefiero decirles portadores. Porque yo no me siento una ‘empresaria’. Considero que soy una suerte de canal que traduce lo que vos querías con el acabado final, que es el tatuaje. Me encanta que luego del proceso la persona me diga que algo tan suyo, pueda ser también tan Abril Emme. Y es tan personal, se genera a menudo un lazo de amistad, porque se genera intimidad, porque estás tocando a la otra persona, y casi siempre, los tatuajes están relacionados con su historia y sentimientos. También la estás lastimando. El tatuaje es una lastimadura. Y eso genera una vulnerabilidad que generalmente no se muestra. A mí no me gusta que la gente sufra, entonces les empiezo a cantar. ‘No te va a doler, no te va a doler'», canta. «La gente se empieza a reír, trato de que sea una experiencia lo más amistosa posible».

Profundamente feminista, Abril cuenta que  «hace unos dos años iba marchando con amigas y una de ellas tenía uno de mis tatuajes. Y me dice ‘mirá, allá hay otro Abril Emme. Allá hay otra…’. Era una columna que iba marchando y tenían Abriles Emmes en sus cuerpes. Y me emocioné mucho. Me conmueve esta ola feminista y el tiempo histórico que vivimos. Me sentí representada, acompañada . Y que ellas se sintieran identificadas con mis diseños, es muy movilizador», concluye, y se trasluce la emoción en su mirada.

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