Abu Dhabi, un destino de lujo


La capital árabe es un destino de lujo. Hotelería cinco estrellas, un shopping diseñado por Foster, el parque temático de Ferrari y una de las mayores mezquitas del mundo.
Textos. Vacaciones Felices.

¿Qué haría con muchos dólares?

 

En la capital de Emiratos Árabes Unidos, es fácil: ir de compras. Lejos de las formas manirrotas del vecino Dubai, Abu Dhabi ­sin la inestabilidad de muchos países árabes­ es un destino de compras cinco estrellas. Además, alberga una nueva filial del Louvre y Guggenheim, el Grand Prix, el Festival Cinematográfico y el Gourmet de Abu Dhabi. Sumado al proyecto hotelero millonario, y una impactante mezquita, es uno de los destinos más ambiciosos del mundo.

 

Al caer la tarde, profesionales y expatriados de Europa, trabajadores del sur de Asia, familias vestidas con dishdashas blancas (los hombres) y abayas negras (las mujeres) pasean por el malecón la Corniche, lugar perfecto para apreciar la espesura de los rascacielos. En Heritage, un antiguo fuerte artificial recrea la antigua ciudad, con recintos para camellos, tiendas beduinas y artesanos. En el café costero, Al Asalah, el jugo de sandía acompaña la vista de la bahía.

 

Aun sin hacer una extracción de un cajero automático que entrega lingotes de oro, vale la pena visitar el Emirates Palace Hotel. Con un costo de US$ 3 mil millones, se dice que es el hotel más caro que se haya construido. Para una cena tradicional, Mezlai tiene tiendas al aire libre donde se prueba veloute de tiburón, hígados de pollo salteados (con ajo, canela y salsa de granada) y nachif de cordero (al fuego lento en una crema de ajo y cúrcuma).

 

La isla Yas está llena de diversiones: un campo de golf, una pista de Fórmula Uno, un parque temático, marina y hoteles cinco estrellas. Hugh Grant, Sir Richard Branson y Prince son algunos de los que se vieron en Allure, el club nocturno que sirve botellas de tres litros de champán Cristal y cocteles Bellini.

Difícil no sentirse anonadado frente a la supuesta mayor alfombra persa hecha a mano en el mundo (de 21.450 mt2), viendo hacia arriba un enorme candelabro en la sala principal de oración de la Gran Mezquita del Jeque. De 2007 y para más de 40 mil personas, la mezquita de mármol, con 82 domos y casi mil columnas, mezcla estilos moros, otomanos y mongoles. Los sábados hay tours gratis.

 

Raro, bohemio y barato no cuadran para describir a Abu Dhabi, pero Zyara es especial. Arte abstracto y sofás de telas colocadas decoran el restaurante-café donde los clientes meditan frente a notebooks y hojean el Time Out Abu Dhabi. El menú, desde pan tostado hasta manakish (tibio pan espolvoreado con especias y semillas de ajonjolí) y un “foul” (porotos fritos con tomate, ajo y aceite de oliva).

 

Arabia se torna avant-garde en el Zoco del Mercado Central y en elevado centro comercial diseñado por Norman Foster. ¿Dátiles? En abundancia: simples, rellenos de pistachos, trufas de chocolate hechas con dátiles y más. También vasos de té y vidrieras con patrones arabescos, además de las tiendas de electrónicos, boutiques, cafés de narguiles y artistas de alhena.

Los conductores que aman la velocidad gustan de pulir sus autos y se emocionan corriendo; se divierten en el Mundo Ferrari, el parque de diversiones que rinde tributo al producto rojo salido de Italia más popular, después de la salsa de tomate. El complejo tiene pasos que aceleran el pulso, desde simuladores de Fórmula Uno hasta una de las montañas rusas más rápidas del mundo.

 

Si la diseñadora Terrance Conran hubiese leído muchas veces Las mil y una noches, el resultado hubiera sido algo como Pearls&Caviar, un rincón cercano al hotel Shangri-La con cortinas, piso de mosaico y música de DJ. El menú fusiona lo oriental con lo occidental en forma original. El carpaccio de atún es excelente (con semillas de granada y pan crujiente), como las tiras de carne con hummus.

 

El mito de que en el mundo islámico no hay alcohol pierde valor en el Zoco Qaryat Al Beri, un bazar lleno de canales, boutiques y restaurantes y centros nocturnos. Left Bank es un cubil con superficies negras y bancas rojas, donde la clientela bebe Té Helado Left Bank (vodka de vainilla, ron, cachaça, Bomba y Shappire, mezcla agria y cerveza de jengibre). Otra opción es Sho Cho, un salón de sushi cuya lista de bebidas incluye Infusión Sho Cho (Bacardi, jengibre, lima, azúcar negra y cerveza de jengibre).

 

Playa Corniche tiene arena suave, mar traslúcido y deportes acuáticos, como esquí y navegación en paracaídas. Incluso hay playas privadas ­con reposeras y sombrillas­ que se alquilan. El Café Arabia exhibe creaciones de países árabes y sirve fattoush libanesa (ensalada de lechuga, tomate, pimiento rojo, frituras de pan de trigo entero, zumaque en polvo y jarabe de granada), fatte sirio (yogur tibio con cubos de pan tostado, garbanzos, ajo y menta), teçé de menta estilo marroquí y más. Después, esperan las cerámicas palestinas y espejos egipcios o una barra de chocolate elaborada con leche de camello. Para dormir, el One to One- The Village, tiene gimnasio, piscina, tragos, narguile al aire libre y varios restaurantes. El hotel Aloft tiene estilo moderno, y en su azotea se ubica el popular bar Relax@12. Pintorescos canales pasan frente al lujoso Shangri-La y ofrecen vistas de la Gran Mezquita del Jeque Zayed. Y suma playa privada, spa asiático y restaurante Pearls & Caviar.

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