El reconocido y galardonado productor musical de “Glee” Adam Anders crea y produce la serie juvenil “Kally’s Mashup”, que ya inició grabaciones en los estudios de Telefe en Martínez con miras a estrenarse en Nickelodeon Latinoamérica el próximo 24 de octubre.

 

Se trata del primer producto que el sueco Anders (41) genera para la región, en una joven pero exitosa carrera que incluye no sólo la banda de sonido de “Glee” sino también la composición de música para películas y series para Disney y para artistas pop como Jonas Brothers, Miley Cyrus, Selena Gomez, Demi Lovato o Backstreet Boys.

 

Con 60 episodios de una hora de duración, “Kally’s Mashup” estará protagonizada por la argentina Maia Reficco como la chica del título, una adolescente prodigio de 13 años y virtuosa pianista que es aceptada en la universidad de música más prestigiosa del país.

 

Justamente, la trama se inspira en las experiencias del mismo Anders, quien salía de giras internacionales con sus hermanos desde muy chico y también estudió música en una universidad del estado norteamericano de Florida mientras cursaba la “high school”, antes de volcarse a la tarea de productor para otros intérpretes.

 

Tal como le ocurre a Kally, la formación que recibió Anders se concentraba en estilos clásicos, pero su pasión era el pop.

 

Con alrededor de dos metros de altura y una cabellera rubia parcialmente cubierta por un sombrero tipo fedora negro, Anders destaca en el medio del “pasillo universitario” creado en el set de los estudios de Cuyo al 800 en Martínez, por donde Kally transitará sus sueños de convertirse en estrella.

 

Sonriente y en un perfecto inglés producto de su crianza en Estados Unidos, el productor musical recibió a Télam para conversar sobre la serie, su experiencia como “chico prodigio” y sobre el “talento impresionante” con el que se encontró en Latinoamérica.

¿De qué se va a tratar “Kally’s Mashup”?

 

Es un poco mi historia. Yo no era una chica de 13 años y no toco el piano (risas), pero más allá de eso es completamente lo mismo. Es la historia de Kally, una concertista de piano prodigio que termina siendo aceptada en una escuela de música muy prestigiosa, con muchos chicos más grandes. Ella en realidad quiere ser una estrella pop, entonces está atrapada y decide “mashapear” (combinar en uno al menos dos temas o estilos diferentes) la música clásica que aprende con música pop, encuentra una manera de hacer las dos.

 

Algo similar a lo que te pasó a vos, debe haber sido muy loco tener 13 e ir a la universidad. ¿Cómo fue esa experiencia?

 

Por suerte era muy alto ya en esa época (risas). Era bastante aterrador en algunos sentidos, pero excitante en otros. Me formó, crecí muy rápido a causa de esa experiencia, pero era lo que quería hacer. Mi mamá me pasaba a buscar y luego me llevaba a la universidad, lo que no me hacía lucir muy “cool” para ser honestos (risas).

 

¿Cómo te trataban tus compañeros?

 

Creo que hubo algunos celos, porque yo era como el proyecto personal del profesor. Lo hacemos más simple en el programa de lo que fue en la vida real para mí, pero la mayor parte del tiempo los compañeros eran geniales.

 

¿Cuánto de tu sentir durante esa experiencia se ve reflejado en el programa?

 

Mucho, porque mucho de la historia está basado en esas emociones por las que pasé y también en los sueños que yo tenía. Estaba estudiando jazz en esta universidad, pero ni siquiera me gusta el jazz. Me gustaba el pop y el rock & roll, pero sabía que tenía que aprender jazz y clásico para tener una amplia gama de conocimiento de música. O sea que tuve esa misma lucha interna de Kally de estar estudiando algo pero querer tocar otra cosa.

 

Tras haber trabajado con éxito con grandes estrellas del pop y con compañías de entretenimiento como Fox y Disney, ¿por qué una serie para Latinoamérica debía ser el siguiente paso en tu carrera?

 

Bueno, soy sueco y creo que veo el mundo desde una lente un poco diferente a la mayoría en la industria. Hay mucho talento, muchos lugares geniales para producir televisión y mostrarle ideas a la gente. Sentimos que este era un gran lugar para mostrar mis historias, porque hay una cultura musical acá que se ajusta muy bien con lo que hago.

 

La serie se va a ver en toda Latinoamérica, pero en la región hay muchos matices culturales, particularidades en las formas de ser, de hablar. ¿Les preocupa caer en la uniformidad?

 

Para nada, creo que la naturaleza de una universidad como esta es que la gente viene de todos lados y que naturalmente es un lugar en el que pueden traer su cultura, sus estilos, sus acentos. Así era donde yo fui a la universidad, con chicos de todas las partes del mundo. Creo que va a ser unificador más que uniformante.

 

Vos mismo estuviste mucho tiempo en el escenario desde muy chico, ¿por qué decidiste en determinado momento retirarte al estudio y dedicarte a producir para otros?

 

Creo que aprendí rápido que no me gustaban los reflectores. Soy un tipo del estilo “detrás de escena”, me gusta crear, hacer lo mío, y ser famoso o tener dinero nunca fue una cosa que me interesara perseguir. Encontré la producción de canciones, la composición, y quería contar historias, estas historias musicales para televisión.

 

Si no es la fama o el dinero, entonces ¿qué te inspira?

 

A los más chicos les digo “si hacen esto para ser famosos o para tener dinero, no lo hagan, porque es muy difícil hacer dinero en este negocio, pero si lo aman, háganlo”. Amo hacer cosas, contar historias, ahora poder contar la mía, verla cobrar vida en el set; no hay sentimiento mejor.

 

¿Cómo imaginás la recepción del público latinoamericano a esta mezcla de música clásica y pop?

 

Uno piensa que la música clásica no es “cool”. Bueno, nosotros la hemos hecho “cool”. En “Glee” tuve la posibilidad de introducir estilos y géneros a esta generación de forma que creen que es suya. Por ejemplo “Don’t stop believing”, que nosotros sabemos que es una canción de Journey y los que vieron el programa creen que es un hit de “Glee”. Es muy divertido mostrar qué tan genial puede ser la música clásica y también lo que se puede hacer con creatividad y frescura.


¿Cómo fue la elección de los protagonistas? Decías que acá hay mucho talento.

 

Son muy talentosos. Maia Reficco es de Buenos Aires y estaba tan feliz cuando vi su tape, porque es hermosa pero muy inocente, un talento fenomenal como vocalista. Los talentos no crecen en los árboles; talentosa y con buena actitud, es el paquete completo. Después Alex Hoyer, que es nuestro protagonista masculino también es un talento impresionante.

 

¿Cómo es el proceso de composición y grabación de las canciones?

 

Con mi socio y mi esposa escribimos las canciones, creamos estos mashups y luego en el set los hacemos funcionar con los actores, se trabajan las coreografías, es un proceso muy largo. En 60 episodios es mucho trabajo, lleva mucho tiempo.

 

¿Cuál es el aporte que cada una de las figuras le hace a tus creaciones?

 

Ellos tienen que hacerlas suyas al cantarlas. Nosotros les damos una versión cruda, les decimos dónde tienen que poner la voz. Pero son cantantes muy talentosos y ahí es cuando la canción cobra vida. Todo cantante, cuando es un verdadero artista, va a traer su propia llama, su propia interpretación y así el producto final es muy diferente de lo que teníamos al principio.

 

¿Se puede comparar el trabajo con estos jóvenes actores y con las grandes estrellas con las que tuviste la oportunidad de colaborar?

 

¡Es mucho más fácil! (risas) Me encanta trabajar con talentos nuevos, descubrirlos, nutrirlos, ayudarlos a descubrir quiénes son. Me entusiasma poder ayudar a Maia y Alex a pulir ese talento en bruto con el que llegan y ver hasta dónde pueden llegar. Con la fama llegan muchas trampas, no hay muchos artistas muy jóvenes que lo hayan llevado bien, es una experiencia difícil. Parte de lo que quiero hacer es poner mi brazo alrededor de sus hombros y ayudarlos a navegar esas aguas antes de que se pongan locos.