Debido a un aneurisma, el pasado 5 de octubre falleció Hervé Léger. El autor del bandage tenía 60 años de edad. Aquí un recorrido por el legado del reconocido modisto francés.

 

Textos: Georgina Lacube

Al igual que Diane von Fürstenberg con su vestido cruzado (wrap dress), que Chanel con su vestidito negro (Little Black Dress), que Yves Saint Laurent con el vestido Mondrian, y que Elsa Schiaparelli con el vestido “langosta”, el diseñador Hervé Léger también será recordado en el mundo de la moda por una icónica creación: el bandage, un vestido ajustadísimo trabajado con exquisitas bandas elásticas de lycra, seda o punto tricot que conseguían marcar las curvas del cuerpo de la mujer como ningún otro diseño.

 

Corrían los años 90 cuando esta sensual y femenina prenda se hacía un lugar en medio de una década invadida por el grunge de Marc Jacobs, el minimalismo de Jil Sander, o la rebelión del porno chic de Tom Ford. Todo gracias al genial Léger, un francés nacido en la comuna de Bapaume en 1957 que amó la moda desde muy temprana edad. En este terreno, forjó una fructífera carrera. Su trayecto profesional comenzó de la mano de la firma Chloé, para quien trabajó como peluquero en los backstage de los desfiles hasta que, encandilado por todo lo que ocurría de cara al público, decidió abocarse al diseño. Dio sus primeros pasos como sombrerero y diseñador de prendas tejidas, hasta que en 1980 conoció a Karl Lagerfeld, quien lo contrató como asistente, primero para Fendi y después para Chanel. Con esa experiencia a cuesta, más tarde se animó a oficiar de consultor de moda de otras grandes firmas, tales como Lanvin, Charles Jourdan, entre otras. Pero el joven Hervé (tenía 28 años), quería seguir creciendo en solitario y tras recibir el visto bueno del Káiser de la moda decidió crear su propia marca homónima.

Kim Kardashian

Ya con una firma oficialmente lanzada en 1980, craneó su obra maestra y cuando esta cobró vida (nueve años más tarde), tanto la prensa como las top models mejor pagas del momento se rindieron a los encantos de la pieza, especialmente a esa capacidad que tenía de adaptarse al cuerpo como un guante, resaltando la silueta femenina a la perfección. Inspirado en los vendajes, el bandage se consagró entonces en un clásico atemporal que la marca supo aggiornar con el paso de los años. Sus variantes, tan seductoras como sexies, incluyeron mangas largas (las versiones invernales), trenzados, cierres, diferentes escotes, formas, colores y largos.

En 1993 ya conseguía reseñas en el New York Times donde destacaban su especialidad para diseñar “tiras elásticas que cosidas juntas se convierten en vestidos-faja ajustados”.

 

Durante esta época de gloria, Hervé se encargó de vestir a supermodelos de la época, como Cindy Crawford, Karen Mulder o Eva Herzigova, además de actrices, entre las que se cuentan Nicole Kidman y la española Pénelope Cruz.

Penélope Cruz

Su apogeo duró poco tiempo, pues en septiembre de 1998 la firma fue adquirida por el grupo BCBG Max Azria. Pero el incansable Léger, lejos de retirarse del oficio, fundó en el 2000 una nueva marca bajo el seudónimo de Hervé L. Leroux. A pesar de su nueva “fachada” su fama no menguó y siguió diseñando para estrellas de Hollywood y de la música como Cate Blanchett, Jessica Chastain, Kim Cattrall, Dita Von Teese, Britney Spears y Taylor Swift. Sobre su muerte, Von Teese (la reina del burlesque), se pronunció en su cuenta de Instagram: “Estoy muy triste por tener que despedir al genio Hervé Leroux. Lo amé por su ingenio, su elegancia sublime y, por supuesto, por su grandísimo talento”.

Hilary Swamk, espectacular en los Oscar.

A su vez, entre 2004 y 2006 fue director creativo de Guy Laroche, etapa en la que Hilary Swank lució uno de sus modelos para recibir su segundo Oscar en 2005 (en este caso, por “Million Dollar Baby”). Ese vestido azul que lució la bella actriz marcó el comienzo de otra tendencia en la alfombra roja: los importantes escotes traseros, en lugar de los delanteros. “Tengo espalda de boxeador”, explicaría Swank, en alusión a su papel en la película de Clint Eastwood y a la pronunciada abertura de un vestido aparentemente recatado. “Miré unos cuantos pero me enamoré de este”, explicó a la prensa.

 

Pero cuando parecía que todo giraba sobre ruedas un hecho desafortunado, ajeno a Hervé, empañó la excelente reputación de su nombre. El culpable de la gran debacle fue el director de Hervé Leger Reino Unido, Patrick Courderc, con sus polémicas declaraciones ante el Daily Mail. En una entrevista con el medio británico sostenía que las mujeres “voluptuosas con caderas prominentes y un pecho plano” no podían usar los vestidos de la firma, menos aún “las lesbianas”. El cese de Courderc fue inmediato y la propia firma emitió un comunicado subrayando que no compartían su opinión y que ya no formaba parte de su staff. No obstante, la empresa ya estaba en un momento complicado, dado que estrellas como Kim Kardashian (mujer voluptuosa a la que le gusta vestir ceñida), Lindsay Lohan o Victoria Beckham lucían los Hervé Léger en todas las red carpet que se les presentaban, provocando el efecto contrario que toda marca espera: la saturación de su diseño. Este hecho se terminó de agravar cuando el bandage invadió realities shows y las cadenas de fast fashion a precios accesibles.

Cindy Crawford

Esos vestidos cuya versión original costaban una friolera de 1.000 euros comenzaron a comercializarse en la calle por 20. Y peor que eso fue descubrir cómo tiendas de segunda mano como eBay se llenaron de ellos: sus anteriores dueñas, las que un día invirtieron en Hervé Leger, querían deshacerse de esta pieza condenada al desprecio.

Desde ese momento la firma no supo reinventarse ni superar su propio éxito. Al día de hoy, y a diferencia de los años ‘90, no ha podido imponerse frente a tendencias como el plus-size (talles grandes), o el “menos es más” de Isabel Marant o Céline, por ejemplo.

Victoria Beckham

Leroux, mientras tanto, mantuvo un perfil mucho menos llamativo que el de la etiqueta que él mismo creó y en su nueva etapa no se cansó de reivindicar a los couturiers franceses. Cansado de ver a diseñadores que no sabían agarrar ni enhebrar una aguja (“la gente debería aprender a coser antes de ponerse a diseñar cualquier cosa”, le decía al Herald Tribune en 2005), el creador se unió a los desfiles de la Alta Costura de París, invitado por la Chambre Syndicale, en enero de 2013. Cinco de los artículos de esa colección fueron exhibidos en las vidrieras de Colette. Según declaró al Women’s Wear Daily, por aquel entonces vendía unos 200 vestidos de costura al año. Su prestigio seguía vigente.