Aprender a decir “No, gracias”


En distintas oportunidades a lo largo de nuestras vidas aceptamos recibir cosas sólo por compromiso, vergüenza, culpa o por no saber expresar lo que verdadera y sinceramente quisiéramos y deseamos.
Por Nadia Novillo.

Nos cargamos con objetos que no elegimos, que no nos gustan, que no nos generan placer visual ni felicidad tener, los mantenemos solo porque nos pesó la culpa, nos sentimos acorralados, presionados, no pudimos manejar la situación.


No es una cuestión de egoísmo, falta de respeto o mal educación y menos aún de ser desagradecidos o ingratos sino que debemos aprender a ser fieles a nuestros pensamientos y sentimientos, decir “No, gracias” es una respuesta sincera, honesta, sabia e inteligente.


Herencias
Muchas veces ocurre que recibimos de parte de un familiar un mueble, cuadro, adorno, juego de vajilla, cristalería, antigüedades, recuerdos, colecciones, prendas y joyas que pertenecieron a nuestros padres/abuelos/ bisabuelos.


Lo cierto es que si son cosas que no son de nuestro agrado, que sabemos que no las usaríamos, que no las necesitamos, que no tenemos lugar donde ponerlas o guardarlas, que nada tienen que ver con nuestro estilo deberíamos poder decirlo sin que nadie se ofenda o lo tome como un desprecio.


Ejemplo: a mí personalmente no me gustan las antigüedades, cuando un familiar me ofreció determinadas cosas simplemente agradecí el gesto y la buena intención, me disculpé, aclarando de manera educada que no era mi estilo y sugerí entregárselas a alguien a quien realmente le guste y lo valore.


Regalos
Siempre se debe regalar intentado sorprender al otro, agasajándolo con algo que imaginamos le va a encantar, algo que podría estar deseando y queriendo.


Al elegir un obsequio es clave tener en cuenta los gustos, preferencias, colores, talles y estilo del destinatario.


La idea es entregar un presente que nos agrade, que compraríamos para nosotros, que nos gustaría recibir, lo pensamos y seleccionamos con la intención que le fascine a quien va a recibirlo, pero aún así corresponde que todo regalo lleve ticket de cambio.


Sucede que no siempre se dan estas condiciones y a veces recibimos regalos que al verlos nos damos cuenta que nada tienen que ver con nosotros y que no los vamos a usar.


Corresponde agradecerlos pero luego no estamos condenados a guardarlos, y tampoco atados a usarlos, o buscarles un lugar en casa para demostrar que nos gusto.


Mi consejo es intentar cambiarlos por algo que sea de nuestro agrado, y tengamos la certeza que vamos a usar.


Desterremos esa costumbre de guardar regalos que no cambiamos porque “nos dio culpa” pero luego quedaron olvidados sin usar.


Qué hacer con los obsequios sin ticket, sin posibilidad de cambio ni devolución, como suelen ser los típicos regalos de boda que no estaban en la lista, presentes de navidad, souvenirs, recuerdos de viajes, y todo tipo de chucherías y adornos que se entregan como cumplido, lo cierto es que en estos casos tampoco tenemos obligación ni motivos para atesorarlos.


Es una pérdida de tiempo, de energía y espacio hacer lugar para un obsequio que no nos gustó, fue inapropiado o desafortunado.


Yo llamo regalo inapropiado a esos que evidencian que no fueron pensados con cariño y dedicación.


Ejemplo: En mi cocina todos los utensilios y detalles son de color rojo, todo mi entorno lo sabe y un familiar me regala para navidad un set de tuppers verde manzana, claramente mi interpretación y lectura es que fue un regalo solo por compromiso sin pensar en algo especialmente para mi.


Lo mismo cuando alguien que sabe que mi heladera está impoluta, impecable como un espejo, libre de todo objeto, me trae de regalo de sus viajes imanes para la heladera, un encendedor o cenicero cuando sabe que no fumo y que mi hogar es libre de humo.


O cuando visiblemente somos un talle extra large y alguien nos obsequia una prenda extra small.


En todo esto hay un doble mensaje por un lado no hay que hacer ese tipo de regalos por compromiso y por el otro quien lo recibe tampoco debe conservarlo por compromiso.


Cosas prestadas
Esto suele darse entre familiares y amigas, es muy común ofrecer las prendas y objetos que fueron usados por un bebé para un futuro amiguito o primito que está por nacer.


No tiene sentido sobre cargarnos de una infinidad de ropa, juguetes, sillita, coche, cambiador y todo lo que pertenece al mundo de los babys por el solo hecho de no saber decir que no.


Sin bien hay cosas que pueden ser bienvenidas y de mucha utilidad hay otras tantas que no vamos a usar, porque ya no están en buen estado, porque no las necesitamos o simplemente porque ya las tenemos.


Una vez más sin que esto suene grosero, ofensivo o como un insulto podemos disculparnos agradeciendo y aclarando que ya tenemos demasiado y no vamos a alcanzar a usar todo, o no tenemos espacio donde ubicarlo, incluso ver y analizar si hay algo en especial que puede venir bien y el resto ofrecerlo a alguien que pueda necesitarlo.


Objetos en depósito
Es un clásico que los hijos abandonen el nido de sus padres pero dejen en casa de ellos, recuerdos de su adolescencia, apuntes de sus épocas universitarias, instrumentos musicales, equipos y accesorios deportivos, el vestido de novia, viejos libros y demás bártulos que por una cuestión de espacio no llevan a sus nuevos hogares.

Pasado un tiempo prudencial y coherente una vez que esos hijos ya se establecieron, acomodaron y crearon sus propias familias corresponde que busquen sus pertenencias y decidan qué van a hacer con ellas.


Ningún familiar debe sentirse presionado a estar guardando y cargando con cosas ajenas.


Practicar el desapego, soltar, liberarnos de la obligación de acumular cosas por compromiso y decir “No” es todo un aprendizaje q nos acercará a tener un hogar que realmente nos represente, hable de nosotros, muestre armonía, transmita calidez y todo lo que tengamos sean cosas de nuestra elección, gusto y agrado.

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