Emilio Quintana, de 94 años, ex regente del taller gráfico de El Litoral, rememora los tiempos en que nuestras páginas se armaban letra por letra.

Textos: Revista Nosotros. Fotos: Luis Cetraro.

 

Emilio Quintana tiene 94 años, y antes de ingresar al taller gráfico de El Litoral, en la histórica sede de calle San Martín 2651, había trabajado en el diario El Orden.

 

Lúcido, con buena memoria, Emilio recorre tramos de su larga vida y recuerda que empezó a trabajar a los 12 años como cadete, y que luego fue pasando por las distintas secciones del diario que competía con El Litoral por la lectoría de los santafesinos.

 

Eran tiempos de hacha y tiza para periodistas y gráficos esforzados por llegar antes e informar mejor que sus competidores lo que ocurría en la ciudad y su región, para luego volcar el cúmulo de noticias, crónicas, comentarios y opiniones en las ramas de acero del taller -los marcos de las páginas- que recibían las líneas de plomo salidas de los crisoles de las linotipos en el largo proceso de transferencias que finalizaba en las rotativas, sobre el papel que olía a tinta fresca cuando emergía de la boca de las impresoras.

El calor que emitían los crisoles donde se fundía el plomo, los aromas a tinta impresa y el fuerte pero gozoso sonido de las máquinas de impresión, fueron durante mucho tiempo el ambiente natural de Quintana, que entró a El Litoral como linotipista y finalizó su carrera gráfica como regente de Taller, cargo equivalente al de secretario de Redacción y al de jefe de Publicidad (hoy se diría gerente comercial) en la compleja organización de una empresa periodística.

 

Emilio llegó a tener 80 personas a su cargo, como sucesor de la inolvidable estirpe de los Mercado -primero Vicente, después Mario- y de un hombre competente y adusto como Pedro Garione. Quintana tuvo que afrontar las dificultades de adaptación e inclusión de quienes llegan de talleres de otros diarios, más aún cuando han sido competidores. Pero sus conocimientos y su carácter fuerte le abrieron camino hasta encumbrarlo en la regencia.

 

Ahora quedan los recuerdos, y la cotidiana lectura de El Litoral, con las consiguientes observaciones, comparaciones y quejas que desliza durante la entrevista. “Ahora hay que morirse más temprano para salir en el diario del día”, dice a modo de amonestación. Significa que nos tiene presentes -por eso nos llama todos los años para nuestro aniversario- y que le disgustan algunos cambios, realizados para poner todos los días en la calle tres diarios: El Litoral tradicional y vespertino, El Litoral matutino, y Mirador provincial.

 

Emilio se mantiene activo, no sólo para hacer observaciones, sino para salir a bailar todos los fines de semana con su esposa Nelly -llevan 67 años juntos, contando el noviazgo-, cita insoslayable para mover las caderas al ritmo de la cumbia, ejercicio frecuente que quizá explique la “juventud” de un gráfico de ley que sólo tiene cinco años menos que El Litoral, que va camino del centenario.