Por Carlos Mario Peisojovich (el Peiso)

 

Soñé que llegado ese momento, me tendía a la fresca y verde hierba, para mirar hacia adentro. Era una especie de periplo del pasado sobre los recientes días.

Recordando casi nada me olvidaba de casi todo. Alta la tarde en Alto Verde (Pueblito Humilde del Litoral), por el Puente Palito llegué… y los Palitos Verdes ¿llegarán?

Acurrucado en mi Peisadilla “Altoverdeña” asesinando gerundios al pasar y no a los “chupasangre” insoportables (hablo de los mosquitos), quienes pese al humo del verdoso espiral del Buda siguen su aleatorio vuelo, bajo y circundante, ignorando la tóxica humarada, reiterando mi ácida humorada…

¡Malditos Hijos de Buda! En ese preciso instante interrumpió mi aletargada siesta un bicho chupador. Ahí nomás haciéndome mala sangre le clavé la vista al díptero zancudo quien -como todos saben, las que pican son del género femenino- era una, que al succionar mi linfa y tras vampirizarme insistentemente, se hizo la mosquita muerta. Sin lugar a Buda, digo, a duda, pura intuición femenina.

Siguiendo con el tema género, tan de actualidad, un mujerista de nacimiento y antimachista por educación -me remito al escritor y periodista español, integrante del Partido Columnista Internacional, Pérez Reverte-, removió el avispero bautizando en un tweet a las radicales y ortodoxas ultrafeministas “Feminazis”, aquellas que no gustan de masculinos, sí de masculonas…

Chascarrillo aparte, soy un acérrimo defensor de la tolerancia es decir: sufrir, permitir, no impedir y la opción de decidir en todas sus formas y reformas.

Al tiempo la marea verde inundó este sueño, ya que despenalizados y de penales errados quedaron los titulares en negrita y bajadas ominosas y prometedoras otras.

El verde de los pañuelos húmedos, algunos/as de emoción y otros por lágrimas y mocos de tristeza. Oraban otros/as sus ojos al cielo, esperanzados de vida y quedando en minoría.

Nunca en mi niñez escuché la palabra “quilombo” (reciente acepción de la R.A.E) de los labios de mis padres. Sí llega a mi memoria los términos “desorden” y “despelote” que suenan en mi onírico recuerdo, cuando tras un festejo infantil en casa y con mi querida hermana escuchamos azorados una desusada voz en cuello de mi madre diciendo: “¡¿qué es éste despelote?!” Ante nuestra pasmosa sorpresa apareció mi viejo que con su consabida diplomacia nos “aclaró” “chicos: despelote es una palabra que se utiliza en la jerga futbolera”.

En esta enrevesada y despelotada Peisadilla a la que damos por des-penalizada tras los 9 Messi de espera, empezó a rodar la pelota. Como siempre la afición argentina, la hinchada, armando Lío Nel, bah, haciendo Quilombo y demostrando que argentino no sólo se es sino que se siente, y se demuestra a todo el planeta que el mundo es Argentino. Barrabravas de Vodka Juniors.

Mientras sueño este sueño después del debut de Argentina y tras el vaso de agua helada que Iceland nos propinó… es que quién a hielo mata… a hielo duele.

Ahora cargamos en el tambor de los sueños la pelota de oro que nos lleve directamente a la siguiente fase en la ruleta Rusa que nos toca vivir.

Arrancamos verdes; los brotes verdes no llegan; pedimos billetes verdes; la marea verde demostró al mundo que vamos camino a la madurez política a pesar de ciertos discursos retrógrados y hasta infantilmente xenófobos.

Estamos en junio, el mes de nuestra enseña celeste y blanca, sueño con el equipo nigeriano ¡pucha! también verde.

Aún adormilado en el pasto del Alto Verde mi sueño se tiñe indefectiblemente de ese color. El mío es Verde esperanza.

¡Tarjeta roja al desánimo! Mi sueño es en Technicolor.