Con sillones de época y los clásicos elementos de trabajo, las peluquerías para hombres se destacan por fusionar a la perfección la impronta moderna con la esencia vintage de años anteriores.

Soledad Vittori

El cuidado de la imagen personal trascendió el género femenino. Para el hombre del siglo XXI, interesado en su cuidado estético, la visita a la peluquería dejó de ser un trámite de unos pocos minutos para pasar a ser una experiencia integral.

 

Restituir una práctica que se creía relegada a los recuerdos de los mayores y a las películas de los años cincuenta tiene sus beneficio. El uso de las barberías se transformó en un lugar de encuentro, disfrute y distracción; donde el corte de cabello pasa a formar parte de un todo.

 

Históricamente las barberías eran conocidas por ser lugares exclusivos para hombres, donde las mujeres tenían prohibida la entrada, mientras el sexo opuesto daba rienda libre al disfrute de charlas entre pares y de un espacio ambientado especialmente para fomentar la virilidad en todos sus sentidos.

 

Sin embargo, esta práctica se fue perdiendo con el paso del tiempo. Los hombres dejaron de ir de manera recurrente a la peluquería dado que el negocio femenino comenzó a dar más ganancias y los establecimientos se fueron haciendo mixtos.

 

No obstante, medio siglo después esta tradición vuelve a resurgir no sólo porque la barba se puso de moda sino también porque los hombres se volvieron mucho más coqueto que antes.

 

El “boom” de este retorno se dio el último año y la capital santafesina ya percibe más de un establecimiento dedicado exclusivamente a este rubro. Por lo que, muchos hombres ya adoptaron el hábito y realizan una parada obligatoria al menos cada dos semanas o un mes.

Revalorización

 

La profesión del barbero volvió a ser una labor valorada por el género masculino puesto que los mismos demandan un toque diferente en su estética personal. El uso de la barba regresó en contraposición de los que la señalan como desprolija y retro.

 

Lejos de esta idea de barba desaliñada se encuentra la nueva corriente en materia de belleza masculina. El look de esta tendencia es prolija y bien cuidada, lo que ofrece prestigio, presencia y estilo.

 

Asimismo, para lograr mantener una imagen de pulcritud de manera cotidiana los hombres recurrieron a la compra de los más variados productos que permiten conservar su forma y suavidad como el primer día.

 

Quienes observan este fenómeno no niegan que este ícono de la estética masculina fue cambiando según las décadas y de acuerdo con las culturas. Por muchos años, la barba fue signo de hombría y sabiduría. Incluso, en algunas culturas estaba asociada a la potencia sexual y al status social.

 

La causa del regreso

 

En los 90 apareció un icono de la imagen varonil: el futbolista David Beckham. Sus continuos cambios de estilo, tatuajes y fama hicieron de este personaje un verdadero modelo a seguir para el género másculino. Entre sus más destacados looks, el célebre jugador fue pionero de la cresta en el hombre como imagen comercial y no como percepción punk, muy propia de los 80.

 

Un poco más de una década después, se impusieron los más variados dibujos en las cabezas de millones de personas con líneas muy marcadas de la mano del precursor futbolista Cristiano Ronaldo.

 

Revolución tras revolución de corrientes estilísticas provocaron en el público masculino un interés particular por el cuidado y la imagen personal. Todas estas facetas en la impronta masculina fueron la clave por el cual muchos de los salones dedicados exclusivamente a la mujer, vieron un nicho interesante en el mercado varonil.

 

Barba Face

 

Como se mencionó con anterioridad, durante años este tipo de negocios pasó de moda y vivió épocas de vacas flacas. No obstante, este nuevo resurgimiento vino de la mano de una nueva tendencia que mezcla el corte de pelo y el de barba con los laterales degradados creando un estilo Fade.

 

Para esta técnica, es necesario tener en cuenta que se requiere de bastante longitud en la barba, en zona del mentón y en la mandíbula para lograr el efecto adecuado. Este estilo se consigue realizando un degradado desde la zona de las patillas hasta llegar al mentón, buscando alargar el rostro en este último punto: cuanta más longitud dejemos, mayor efecto conseguimos.

 

Del mismo modo que se degrada la barba en la zona de patillas, se degrada también el cabello desde este mismo sector hacia arriba, cortando el pelo con maquina partiendo del punto 0 hasta llegar a la longitud deseada en la zona superior del cráneo.

 

Este renacer de las barbas hace que también surjan nuevas formas y estilos de llevarlas y solicitarlas en el salón de peluquería. La misma, puede ser diversa según la densidad y las facciones de cada persona. Resulta vital tener en cuenta el tipo de barba que va a la perfección con cada rostro.

 

En general, la forma que más favorece al hombre son las facciones rectangulares, por lo que el peluquero debe poner manos a la obra para intentar conseguir este efecto lo mejor posible. Ahora bien, durante mucho tiempo estuvo de moda la barba descuidada de una semana que dificultaba al profesional la tarea del afeitado. Hoy en día, como la barba se usa con más longitud el barbero puede trabajar con peine y tijera como corresponde para obtener el volumen necesario.

 

En definitiva, esta moda han aportado un servicio importante a los negocios de peluquería que muy pocos clientes solicitaban y que provoca en el profesional la necesidad de una especialización y formación indispensable para poder ofrecer este servicio como se debe.