Biodanza significa: “Danzar la Vida”. Es un sistema de desenvolvimiento humano, para fortalecer y expresar los potenciales, a través del movimiento, la música y ejercicios de comunicación en grupo, facilitando la detonación de vivencias integradoras. El 19 de abril se conmemora su día internacional.

 

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Luis Cetraro y gentileza Estela Gariboglio.

La biodanza (neologismo proveniente del griego bio (vida) y del español danza, literalmente, la danza de la vida) es un sistema de autodesarrollo, creado por el chileno Rolando Toro Araneda, que utiliza los sentimientos provocados por la música y el movimiento para profundizar en la conciencia de uno mismo. Su objetivo es promover la integración de uno mismo con sus emociones y expresarlas. La biodanza también afirma permitir establecer y profundizar lazos afectivos con la naturaleza y entre las personas, y poder expresar sentimientos acogedores.

 

Esta semana se conmemora el Día Internacional de la Biodanza, el 19 de abril, fecha del nacimiento de su creador, Rolando Toro.
Quienes la practican aseguran que hay que poner el cuerpo y la emoción para descubrir la respuesta, para saber.
El sistema biodanza es una herramienta terapéutica para potenciar el desarrollo humano. Utiliza la vivencia como método pedagógico para un reaprendizaje existencial. Concibe al hombre como una unidad integrada: a los otros, a la naturaleza, al principio organizador de la vida.

 

“Biodanza es una fuente de vivencias. Las vivencias tienen un poder reorganizador” -dice Rolando Toro, creador del sistema Biodanza- “porque constituyen la originaria expresión de nosotros mismos, anterior a toda elaboración simbólica o racional. Las vivencias son el dato primario de la identidad”.

 

La práctica regular del sistema, progresivamente va produciendo cambios a nivel corporal, emocional, mental y espiritual y por esto encauza a la persona hacia la conquista de una mejor calidad de vida.
Nosotros charló con dos facilitadores de esta técnica, para conocer de qué se trata y por qué tiene tanto arraigo en el mundo: Víctor Beziner y Estela Gariboglio.

Búsqueda desde el corazón

 

“Quienes llegan a la biodanza llegan a través de la búsqueda. Uno llega porque está buscando algo para lograr una mejor calidad de vida… y así llegué yo. Es una técnica para encontrarse a uno mismo”, cuenta Estela. “Estaba en un momento de crisis y quería sentirme bien, mejorar mi vida. Fue un momento muy oportuno para llegar a la biodanza. Más tarde me formé para poder acompañar a las personas. En la escuela de biodanza el título es de facilitador, y es bien diferente al de profesor. Porque el facilitador acompaña los procesos de crecimiento que realiza cada persona. Es la misma técnica, pero cada persona hace un proceso personal y encuentra lo que anda buscando”.

 

“Entrar en la esfera de biodanza es salir de nuestro espacio de confort, enfrentar fantasmas para encarar el proceso de cambio, y encontrar esa luz que nos ayuda a caminar con alegría. Y esa es una característica muy importante en biodanza: todo se realiza desde la alegría, y eso la diferencia de otras terapias, ya que el proceso de descubrimiento y cambio es a través del placer y de la alegría de vivir, para rescatar el valor humano de vivir bien, porque nacimos para eso”, completa Estela. “Se trata de que la persona encuentre estrategias para vivir bien, fomentar la alegría, el amor y encontrar los núcleos afectivos, para que germinen cada vez más. Y encontrarse uno mismo, desde ese lugar, desde el afecto. Desde el corazón”.

 

“Libertad para mí es sentirse cómodo y a gusto, haciendo lo que querés y lo que sentís. Nuestro trabajo como facilitadores es cambiar la mirada. Una mirada puede reprimir o permitir. Y cuando hay miradas que reprimen, no se hace nada. La mirada nos afecta”, afirma Víctor.

 

“Al principio cuesta entender cómo es que bailando o entrando en una ronda tomados de las manos puede cambiar la vida alguien. Las danzas no son sólo son bailes. El creador de la biodanza, Rolando Toro, utilizó movimientos arquetípicos para restaurar el gesto humano cargado de sentido: un abrazo, poder tomarse de las manos… para no andar automatizados por la vida”, describe Estela.

 

“La música en biodanza está estudiada en su condición emocional. ¿Qué mensaje nos trae? ¿Qué emoción nos despierta?”, explica Víctor. “Para la biodanza es la unión de tres elementos lo que hace a la vivencia: no es la música sola, no es el movimiento únicamente o solo la emoción. Es la integración de los tres lo que logra el cambio. Y cuando la emoción se expresa nos curamos. Sanamos. Y hay una tendencia en la sociedad a reprimir las emociones. Hay miedo a manifestar una emoción. Cuando no se expresa una emoción, se aloja en un órgano. y nos enferma”.

 

“La biodanza propone estimular el sistema límbico, que es el asiento de las emociones”, se explaya Estela. “para eso necesitamos bajar el nivel cortical. Es un proceso de aprendizaje. Primero recuperamos el ritmo orgánico, que a veces puede estar muy acelerado o, muy bajo, si estamos medio depre. Luego incorporamos la melodía y cuando continuamos el proceso, sucede la armonía”, completa.

 

“Esta técnica es como un bálsamo, porque recordamos que somos personas con capacidad de amar. En medio del creciente individualismo, y de la violencia que llega a límites supremos, nos vamos endureciendo, creando cáscaras y apagando las emociones”, continúa Estela. “Y cuando una persona llega a biodanza, no necesita saber bailar, ni tener alguna destreza especial. Se comienza a trabajar con el ritmo, como juego. Más adelante incorporamos las melodías y trabajamos con el encuentro humano: la mirada, el abrazo, y la posibilidad de emocionarse. El fin último y más importante de la biodanza es la integración. Integrar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que deseamos. Integrarnos con otro, con la Naturaleza… Y de ahí sucede la sanación”.

 

Enfermos de civilización

 

“Nos hemos disociado de la naturaleza. No escuchamos a nuestro cuerpo. Nos enfermamos por no dormir cuando lo necesitamos, no comer cuando tenemos hambre, y no sentir, porque reprimimos la emoción. Nos desconectamos. Estamos enfermos de civilización. Creamos corazas. Por eso el objetivo de biodanza es integrar lo que pensamos y lo que sentimos con lo que hacemos. La infelicidad es hacer algo que no queremos. Y lo hacemos igual ¿por qué? Muchas veces, porque no nos damos cuenta. No tomamos conciencia de nuestros actos y de cómo estamos viviendo”, reflexiona Víctor.

 

“Podríamos decir que estamos domesticados”, revela Estela.

 

Una afirmación que sacude.

 

“Rolando Toro hablaba de la poética de los instintos. Los instintos son los mecanismos naturales que nos hacen ser parte de la naturaleza. Y es lo que como sociedad queremos desterrar”.

 

En biodanza se hace una suerte de reeducación en la afectividad. Y se trabaja más con el adulto, porque los niños lo tienen naturalmente, y son despojados a medida que crecen de ese percibir las emociones, sin filtro. Si bien hay grupos de biodanza para todas las edades, el trabajo más profundo se da con los adultos.

 

“La persona recupera la capacidad de crecimiento y autoevolución. El facilitador de biodanza acompaña en ese viaje, en ese proceso. Pero es la persona quien se hace cargo de su propio proceso”, concluye Estela.

 

El creador de biodanza

 

Rolando Mario Toro Araneda nació en Concepción, Chile, el 19 de Abril de 1924. En honor a su nacimiento se celebra el Día internacional de la Biodanza.
Se formó como profesor de enseñanza básica en la Escuela Normal “José Abelardo Núñez”, Santiago de Chile en el año 1943. Desempeñó su docencia en las ciudades de Valparaíso, Talcahuano, Pocuro y Santiago (Chile). En 1964 egresó de la Escuela de Psicología del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile.
Entre los años 1968 y 1973 inició sus experiencias con Biodanza. Aplicó este sistema en el Hospital Psiquiátrico de Santiago y en el Instituto de Estética de la Universidad Católica de Chile.
Vivió sucesivamente en Chile, Argentina, Brasil e Italia. Rolando Toro fue, además, poeta y pintor. Según Rolando Toro, su más íntima profesión era ser poeta.
Falleció el 16 de febrero de 2010, en Chile.

 

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Estela Gariboglio