Las brumas faciales son el último hit del mundo cosmético. En fórmulas ligeras, acuosas y refrescantes son un imprescindible de las pieles sometidas a los ambientes calefaccionados. Qué son, cuál elegir y cómo saber si la piel las necesita, en adelante.

Texto: Georgina Lacube

En los perfiles de las redes sociales de las grandes celebrities, uno de los productos de belleza más mencionado es la bruma o el facial mist.

 

Victoria Beckham, Gwyneth Paltrow y la actriz británica Lily James (la nueva Cenicienta de Disney), se confiesan adictas y no dudan en recomendar a los cuatro (cyber)vientos a este aliado del nuevo neceser. Las brumas están de moda, eso es así. Y ahora que se vino el invierno con fuerza ¡se agotan en todos lados! Ya nadie se resiste a ellas. ¿Por qué? Porque al hidratar y refrescar el cutis le devuelven una increíble sensación de confort, tan necesaria cuando pasamos mucho tiempo en ambientes calefaccionados o sometidos a cambios de temperatura bruscos. Además, son aptas para todos los bolsillos, se guardan en la cartera y permiten nutrir la piel con un sencillo gesto que no requiere espejo y que se puede aplicar en cualquier momento del día. Todo el mundo quiere rociarse con su bruma a las tres de la tarde en la oficina, en una terraza urbana o en un evento.

“Las brumas faciales son una manera cosmética de ‘hacer llegar’ principios activos atomizándolos por encima de la piel. O sea que es otra opción diferente a la crema, emulsión, gel o sérum, de vehiculizar activos sobre la misma. Son muy acuosas y se colocan en forma de spray. Las hay para diferentes propósitos: hidratantes con ácido hialurónico de muy bajo peso molecular, antioxidantes con vitamina E y reverastrol, calmantes y descongestivas con aloe vera, caléndula, malva, agua de rosas y otros derivados del reino vegetal. También existen combinadas”, describe la Dra. María Emilia Díaz Real, médica dermatóloga.


“Las más innovadoras poseen Factor de Protección Solar (FPS) y antioxidantes para prevenir el envejecimiento provocado por la polución y la radiación ultravioleta. Son ideales, ya que se pueden colocar antes de los cosméticos o inclusive encima del maquillaje en cualquier momento del día”, agrega la Dra. Sofía Bobillo, médica esteticista.

Si bien estos productos están desarrollados para respetar el ph natural de la piel, antes de adoptarlos es necesario reparar en algunas cuestiones. “En verdad son eficientes en tanto se contemple la necesidad de cada piel y la utilidad que se le va a dar. Sobre todo porque, en general, los componentes muy acuosos, lociones, geles y brumas suelen secar más las pieles que ya lo son. Porque, al contrario de la lógica, el exceso de agua externa ‘barre el poco manto graso lipídico que pueda tener esa piel seca’. En estos casos, por más que algunas aporten ácido hialurónico (polisacárido que retiene agua en la dermis), es preferible humectar esa piel reseca con una crema o emulsión antes que con una bruma, la cual también aportará una sensación de ‘frescura’ que no es lo mismo que humectación”, advierte Díaz Real. Y continúa: “con las pieles grasas no hay problemas y con las mixtas tampoco. De todas maneras, cuando no hay una patología o condición genética, constitucional ‘fija’ prefiero no encasillar la piel como seca, grasa o mixta ya que esto variará de acuerdo al clima donde uno vive, la estación del año, humedad del ambiente, cambios hormonales, y múltiples factores. Un mismo paciente puede tener la piel muy seca durante el invierno y en verano, con clima húmedo y sumergido en una situación de stress presentar grasitud en su piel por ejemplo”.

En todos los casos, más importante que ‘el tipo de piel’ es tener en cuenta si no hay una patología de base como rosácea, hipersensibilidad cutánea o eccemas. Por ejemplo, para la rosácea y pieles hiper-reactivas los expertos recomiendan el uso de brumas con aloe vera, caléndula, malva y todo tipo de activos descongestivos o calmantes. Eso sí, advierten que siempre hay excepciones a las reglas y puede haber casos que no respondan favorablemente, por eso ante la duda lo mejor es consultar previamente con un especialista.

Acerca de su uso cabe mencionar que se recomienda pulverizarlas luego de la limpieza facial, puntualmente dos veces por día antes de la crema humectante. En pieles reactivas o sensibles se deben colocar antes de la crema calmante y en cualquier momento del día, mientras que como protector solar, cada vez que estamos al aire libre y debemos protegernos del sol todas las veces que sea necesario. A su vez, sirven para fijar el maquillaje. En este caso se deben pulverizar a unos 15 ó 20 cm de la cara para lograr un acabado más natural sostienen los expertos.

“A mi entender, su uso responde más a un tema comercial y de comodidad que de indicación médica en sí. Comodidad porque algunas vienen en envases pequeños para el bolso, la forma de spray supone un acto más rápido al colocar y es agradable la sensación de atomizar algo fresco sobre el rostro ‘hecho un fuego’, pero lo cierto es que no siempre lo más rápido es el mejor vehículo para que un principio activo penetre y cumpla su función dentro de la piel. De todos modos, nunca están demás estos productos”, señala la doctora Díaz Real.

Finalmente, y como muchas veces se las confunde, es bueno saber que una bruma no es lo mismo que un agua termal. Si bien ambas se pulverizan sobre la piel, esta última es sólo agua con minerales y oligoelementos extraída directamente de manantial, lo que hace que sea bacteriológicamente pura. En general no se le puede agregar ingredientes adicionales – ya que alteran su estabilidad- y posee propiedades calmantes y humectantes. Por su parte, la bruma tiene principios activos específicos para producir un efecto determinado, sea calmante, antiinflamatorio, humectantes, entre otros.

Limpieza facial, la clave para que todo producto haga efecto

Para lucir una piel hidratada y joven, pero también para que los productos que nos aplicamos sean eficaces, un paso obligado de todo ritual de belleza es el de la limpieza facial. Existen dos momentos claves para ejecutarla: por la mañana, para retirar el exceso de grasa que segrega la dermis mientras dormimos; y por la noche, para quitar el maquillaje y polución que se acumulan durante el día. De este modo la piel queda preparada para recibir nuestro tratamiento de hidratación nocturna. A su vez, existen tres pasos básicos en la limpieza:

Limpiar. Apelando a un gel, leche o espuma de limpieza que sea el indicado para nuestro tipo de piel se trabajan bien todos los extremos del rostro con una esponja, algodón o disco desmaquillante pero con suavidad para no dañar la epidermis.

Secar. Luego de enjuagar el limpiador habitual es imprescindible secar bien la piel sin prisa. Aquí lo importante es tomarse unos minutos para que la tez esté preparada para recibir el tónico.

Tonificar. Este producto elimina todos los pequeños residuos y prepara la piel para recibir el serums y crema posterior, pero también es el secreto para neutralizar la acción del agua y restaurar el pH óptimo de la dermis. Porque, sin una piel perfectamente limpia, incluso hasta los mejores tratamientos pueden resultar en vano.