Cada año se da caza a alrededor de 100.000 delfines y pequeños cetáceos en todo el mundo, según un informe de las organizaciones Animal Welfare Institute, Whale and Dolphin Conservation y Pro Wildlife publicado hoy.

La cifra es mayor de lo que se creía hasta ahora, señalan. Las organizaciones analizaron más de 300 estudios científicos y se basaron en las informaciones de testigos y periódicos para la realización del informe.

El documento menciona diferentes motivos para el aumento de la caza: cada vez se consume más carne de delfín en países pobres, aunque en estos animales se pueden acumular las sustancias nocivas. También se usan como cebo para peces que cada vez pican menos debido a la sobrepesca. Asimismo, la caza de delfines y pequeños cetáceos no está regulada en muchos países, aunque en otros es ilegal. Y las consecuencias de la caza son en su mayoría desconocidas y difíciles de calcular.

Dos expertos independientes no quisieron pronunciarse respecto al informe debido a que no disponían de datos propios.


Japón no lidera la lista de países con la caza más numerosa de estos animales, destacan los autores. El país fue muy criticado tras la difusión de las imágenes de la caza anual de delfines en Taiji, pero desde el 2000 la captura de delfines se ha reducido notablemente en el país asiático, de más de 18.300 a unos 2.300, por lo que el país se sitúa en el puesto número diez.

Sin embargo, países de Latinoamérica, África y Asia subieron en la tabla. En el primer y segundo puesto se encuentran Perú, con hasta 15.000 ejemplares cazados, y Nigeria, con alrededor de 10.000 al año. Además, miles de delfines y pequeños cetáceos mueren en Brasil, Venezuela, Madagascar, India, Corea del Sur y Malasia. Las ONG encontraron casos incluso en Italia y Turquía.

No solo las cifras son terribles, sino también la forma en que se caza a los animales, destacan los autores. Los pescadores disparan arpones, rodean a los animales con barcos y redes y los matan con lanzas, machetes, armas de fuego, cuchillos, garfios o dinamita. “El número de métodos ha crecido”, dice Sandra Altherr, bióloga y cofundadora de Pro Wildlife.

Los pescadores utilizan cada vez más la carne de delfín como cebo. Así capturan especies caras como tiburones, atunes o piracatingas en el Amazonas. Aquí también se da caza a delfines de agua dulce -que están amenazados- porque tienen mucha carne y por eso son un buen cebo, dice Altherr. “En muchos países la pesca de tiburones es la mayor motivación para cazar delfines”.

Otras investigaciones también creen que hay datos positivos, como la reducción de la caza en Japón y en otros países.

Según el informe, sobre todo en los países del oeste de África la carne de delfín sustituye la escasez de capturas de peces autóctonos, mientras que la población sigue creciendo. Las reservas de pescado se han reducido debido a las flotas industriales internacionales, por lo que queda muy poco para los locales.

También la captura accidental de delfines con las redes de pesca es un problema cada vez mayor. Al menos en países en los que se permite la comercialización de los ejemplares capturados por error, los animales ya no quedan atrapados en las redes de forma tan casual. “Aquí vemos que hay una transición a una caza intencionada”, dice Altherr.

Los delfines y los pequeños cetáceos, al contrario que los grandes, no están protegidos de la captura comercial por la moratoria de la Comisión Ballenera Internacional, destaca Pro Wildlife. Por eso los defensores del medio ambiente exigen medidas de protección internacionales. Hasta ahora solo existe un cúmulo de normativas regionales y prohibiciones para determinadas especies, e incluso en muchos países la caza no está restringida, denuncian.