“Rosalía Grupo de Cultura” del Centro Gallego de Santa Fe, celebró el Día de la Literatura Gallega en un encuentro cultural. El mismo se llevó a cabo el 19 de mayo en el local institucional.

Este Día de la Literatura Gallega fue dedicado a la escritora y profesora María Victoria Moreno Márquez, cuarta mujer que recibe este reconocimiento.

La Consejería de Cultura, Educación y Ordenación Universitaria destacó la labor que realizó la autora no sólo en el ámbito literario, sino también en el plano educativo.

Nacida el 1 de mayo de 1941 en Valencia de Alcántara (Cáceres) y fallecida en Pontevedra el 21 de noviembre de 2005, María Victoria Moreno Márquez se licenció en Filología Románica en Madrid, donde tuvo como profesor a Dámaso Alonso. Su obra está enfocada en la literatura infantil y juvenil. También escribió obras de ensayo, novelas, libros de texto y dirigió la colección Árbol de la Editorial Galaxia. Entre sus principales libros podemos mencionar Leonardo e os fontaneiros (Leonardo y los fontaneros), Mar adiante, (Mar adentro), O cataventos (La veleta) y Festa no faiado (Fiesta en el ático). Y entre sus novelas, Guedellas de seda e liño (Hilachas de seda y lino) con la cual recibió una mención especial White Ravens 2002.

María Victoria fue valerosa ante la vida, el amor y la muerte, y como dijo una amiga suya al despedirla, “supo seducir con las palabras, transmitir su emoción, vivir la literatura”.

Se incluyó en el homenaje a un escritor argentino. En esta ocasión se contó con la presencia de la escritora argentina de origen gallego, María Rosa Lojo, quien desarrolló una conferencia titulada “Galicia: una identidad en tránsito, entre corredores y finisterres”.

En esta conferencia la escritora realizó un recorrido por parte de su obra ficcional, centrándose en las representaciones, categorías y matices de la (e)migración, así como en los símbolos de una identidad que también migra y trasciende a sus sujetos, como un legado móvil de memoria viviente. Así, desde el árbol madre y el espacio real y mítico del bosque emerge el “canto de linaje” que el padre de Árbol de familia, Bosque de ojos y Todos éramos hijos, inscribirá en la memoria de su hija, más allá de la geografía que lo generó. Si los migrantes emigran no todos inmigran de verdad. Algunos quedan suspendidos en una cuerda sobre el abismo, hasta que se precipitan al vacío final. Sin embargo, sus descendientes a veces encuentran un corredor que comunica los mundos y aceptan el tránsito perenne como una forma de identidad y de vínculo creativo. En los centros de poder, los ombligos del mundo, los “finisterres” de dos continentes, los nómades, peregrinos y penitentes, o los liberados de diversos cautiverios, pueden hallar el hilo que lleva al centro del laberinto y afrontar el futuro, reparando el tejido roto de los orígenes. Quizás los acompañan criaturas mínimas que los ven sin ser vistas como las Siniguales de Fisterra (El Libro de las Siniguales y del único Sinigual): ni insectos, ni hadas ni brujas, no hacen magia ni milagros. Su gran milagro consiste en seguir siendo “con tanta sutileza”, resilientes a las trágicas depredaciones de la especie humana a través de la Historia que expulsa pero abre puertas del otro lado del mar abismal.