¿Chi lo sa? (o lo que sería igual a: quién sabe)


¿Qué hubiera pasado si Prometeo, luego de provocar la ira de Zeus, no se hubiera atrevido a desobedecerlo y a ingresar sigilosamente al Olimpo logrando robar y luego devolver el fuego a los hombres?


¿Y sin San Martín no hubiera conseguido cruzar los Andes y aterrizar con sus soldados del otro lado? ¿Y si directamente nunca hubiera cruzado esa idea descabellada por su libertaria cabecita?


¿Y Frida? ¿Qué hubiera pasado con ella si ese horrendo accidente que machucó, rompió y perforó su cuerpo y su alma, no la hubiera confinado a pasar la mayor parte su existencia en una cama? ¿Y si nuestra valiente chaparrita hubiera decidido, ante el primer desplante, desaire e infidelidad, abandonar al cruel Diego Rivera?


No lo sabemos… ¿Podemos imaginarlo? Puede ser, o no. Lo cierto es que los hechos se dieron o devinieron de ese modo y solo tenemos una fotografía de lo que efectivamente sucedió, o al menos eso creemos.


Y vos… ¿te preguntaste alguna vez, qué hubiera pasado si…?


¿Y si todo eso que te trajo hasta acá no hubiera sucedido nunca?


¿O si algo, alguien o el mismísimo diablo hubieran metido la cola?


¿Si los amores amados y los naufragados no nos hubieran sometido a los vaivenes miles de la sinrazón del corazón (órgano bastante caprichoso y soberano por cierto)?


¿Si trabajos, profesiones, oficios varios que completaron y ocupan nuestros días hubieran sido otros, otras la elecciones y las decisiones?


¿Lo pensaste alguna vez?


Pensalo… ¿Qué hubieras estudiado si no te embarcabas en esa carrera que hoy es tu profesión? ¿O si no hubieras decidido cambiar la búsqueda en tu GPS e intentar concretar esos proyectos postergados o comenzar a priorizar otras cuestiones?


¿Y qué hay de ese viaje que decidiste emprender (no importa cuán lejos haya sido ni cuánto haya durado)? ¿A quién te hubieras privado de conocer, qué palabras o sabores no hubieras descubierto jamás?


Y a esa decisión que tomaste en una de las tantas noches de insomnio y que te empujó, casi desesperadamente y sin tener nada claro, más que la necesidad de salir del lugar en el que te encontrabas… ¿Quién puede atreverse a juzgarla o a ensayar qué hubiera pasado si no la tomabas?


¿Chi lo sa?


Nadie, nadie Mal Aprendida mía. Simplemente porque nadie conoce la respuesta, vos tampoco y porque nadie caminó en tus zapatos, miró a través de tus ojos ni habitó tu alma y nadie, ma chéri latió en tu cuore bella ragazza.


Entonces de nada vale mirar para atrás con la intención de sacar conjeturas infundadas o fundadas nada más que en una especie de futurología barata que, generalmente, viene de la mano de rencores, culpas o miedos mal avenidos en insolentes fantasmas.


Entonces mirar para atrás, solo para intentar no repetir lo que dolió, para atesorar lo que curó, para decir lo que ahogamos y pensar si de verdad valió la pena eso que nos hizo estallar. Mirar para atrás para querernos un poco más por los aciertos y perdonarnos muito mais por tantos yerros.


Mirar para atrás solo si vale para crecer, para tomar envión y volver a echar pa’ lante, siempre pa’ lante.
¡Vamos que el ticket viene con yapa! ¿Cómo que yapa? La de la historia, esa que nos contamos a nosotros mismos, la misma que va delineando muestra propia existencia, esa que se hace cuerpo y nos identifica, nuestra propia historia.


¡La pucha que valió la pena! (y muchas parvas de alegrías).


Y como soy bastante buena (ponele) y estamos de estreno de columna revisteril, les dejo una frase de una de mis pelis súper prefes:


“Los viejos sueños, eran buenos sueños.
No se cumplieron, pero me alegro de haberlos tenido”.


Los puentes de Madison

Ahora si ¡Arrivederci amore mio!

Mal Aprendida

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