Esta semana venimos con una joyita de tío King. “Joyland”. Puro disfrute.
Por Romina Santopietro.

Devin Jones es un estudiante de 21 años que consigue trabajo en el verano de 1973 en Joyland, un pequeño parque de atracciones de estilo antiguo, anterior a la llegada de los modernos parques temáticos.


Una de las leyendas que corre entre los empleados es que en la Casa de los Horrores habita el fantasma de una chica asesinada allí años atrás.


Mientras cumple sus obligaciones diarias, Devin va atando los cabos sueltos que lo llevarán a descubrir la identidad del asesino.


Un parque de atracciones, una chica asesinada en la Casa Embrujada cuyo fantasma aún ronda por allí, un caso de asesinato sin resolver: son elementos perfectos para una gran novela de terror, pero Joyland no lo es. No estamos ante la típica historia de terror que intenta estremecer al lector, estamos ante una novela corta más profunda que trata sobre todo del paso a la madurez, la muerte (en especial aquella que llega antes de tiempo), el amor, la amistad y el por qué algunas personas tienen ese don especial para ver más allá de la realidad que nos rodea.

Stephen King combina todos estos elementos junto con el misterio y la intriga en su peculiar homenaje a la novela negra.


En esta ocasión tío King se aleja un poco de su querido Maine para trasladarnos a la ciudad costera de Heaven’s Bay, en Carolina del Norte. Allí Devin pasará todo el verano de 1973 -y parte del invierno- trabajando en el parque de atracciones de Joyland para pagarse los estudios universitarios.


King dedica gran parte de la novela a contarnos cómo es el día a día de Devin en el parque de atracciones, introduciendo de lleno al lector en el mundo del feriante.

En esta parte King se recrea a gusto, dando al lector tiempo para conocer en profundidad al protagonista de la historia y el entorno en el que sucederá la acción de la novela.


Devin enseguida se interesará por el crimen que tuvo lugar en la Casa Embrujada del parque de atracciones, comenzando una investigación por su propia cuenta para encontrar al asesino, y albergando la esperanza de poder ver al fantasma de la chica asesinada.


Con “Joyland”, Stephen King ha querido hacer un guiño a la novela negra, pero sin dejar de lado su particular estilo narrativo. Además, el libro está dedicado a Donald Westlake, un gran escritor estadounidense de novela negra fallecido en 2008.

El libro ha sido publicado por el sello editorial Hard Case Crime, creado en 2004, cuyo objetivo es recuperar clásicos de novela negra y narrativa pulp. En Argentina publicó Plaza & Janés.


“Joyland” es una novela que se aleja de las típicas historias de fantasmas para ofrecer algo más profundo, envuelto en un suave hálito dulce.


En esta novela King vuelve a hacer gala de su estilo de horror subyacente. Siempre debajo de una bella postal, sabemos que esconderá algo podrido. O con dientes. Y malvado.


Pero en esta historia la muerte no consigue quitarle belleza ni protagonismo a la vida.


Claro, el circo de horrores está presto a saltarnos encima sin aviso, pero aún así el hilo conductor es la ternura. De lo mejorcito del rey del terror.


Habrá serie, claro. Esta es una de las tantas historias fichadas por estudios de cine y televisión para llevar a las pantallas. King escribe de manera cinematográfica y es un candidato seguro para generar un taquillazo en los cines o una serie de gran éxito. Peeeero ustedes ya saben cuál es mi mantra: ¡el libro es mejor!


Para leer en un finde de un tirón, dejando una lucecita encendida si es de noche, y con alguna bebida espirituosa al alcance de la mano para darnos el ánimo necesario para seguir desentrañando los misterios de “Joyland”.