Club de Lectura


“Mi nombre es Raro Thomas” es una joyita. Raro puede ver a los muertos… ve gente muerta. Mucha gente muerta. Pero como los muertos no le hablan, nunca sabe qué hacer con los muertos que ve.

Por Romina Santopietro.

Raro Thomas tiene 20 años, es un cocinero “especializado en freír” comida rápida de Pico Mundo, una pequeña población del desierto, con un particular don: comunicarse con los muertos. Un joven héroe sin ninguna pretensión, centinela entre la vida y la muerte, que lucha por salvar a su pueblo de una catástrofe inminente.

 

A veces las silentes almas que buscan a Raro Thomas quieren justicia. De vez en cuando, sus consejos del otro mundo le ayudan a evitar un crimen.

 

Pero esta vez es diferente. Un viajero llega a Pico Mundo, acompañado por una horda de sombras fantasmales que anuncian una tragedia inexorable. Ayudado por su alma gemela Stormy Llewellyn, su novia -que es toda una chica alfa- y por un insólito grupo de aliados, Raro iniciará una carrera contrarreloj para desbaratar los maléficos planes que se ciernen sobre el pueblo.

 

Dean Koontz es conocido como un escritor especialista en terror, pero también se puede decir que lo suyo es un género más urgente, una especie de suspenso condensado: sus novelas suelen plantear una situación desesperante y resolverse en el transcurso de apenas unos días en tiempo de ficción, y unas horas en tiempo de lectura.

 

“Mi nombre es Raro Thomas” fue publicada por Suma e inauguró un período raro en la carrera de Koontz: a diferencia de muchos autores de éxito, nunca había escrito una saga, y muy pocas veces repitió un personaje de una novela a otra.

 

Esta novela, editada originalmente en 2003, es la primera de una serie que tiene dos secuelas, Forever Odd (2005) y Brother Odd (2006), aunque hasta ahora ninguna de las dos ha sido traducida al español. Si esto fuera un mensaje de Whatsapp, acá pondría una carita enojada y muchas llorando. También hago berrinche y me tiro de panza al suelo y zapateo un poco cada vez que me acuerdo que no tradujeron las dos siguientes novelas.

 

Es que Raro (Odd en inglés. En su idioma original el juego de palabras es más efectivo. Se cuenta que cuando anotaron a Raro -Odd- en el registro civil, la intención era llamarlo Todd o Dodd … pero la primera letra se le piantó y quedó Odd = Raro), es un personaje entrañable. Es imposible no simpatizar con él de entrada.  También hay una película. Pero ya saben… ¡el libro siempre es mejor!

 

Raro vive en un pueblito cerca del desierto de Mojave. No quiere mudarse a otro lado, porque si en un lugar chiquito lo molestan los espíritus, quien sabe qué ocurriría en una gran ciudad. Cree que podría volverse loco. Trabaja a veces como ayudante de la policía aunque sólo el comisario sabe sobre sus poderes aunque con frecuencia se corta solo.

 

En esta novela Raro sabe que un loco disparará contra una multitud -situación endémica en Estados Unidos que Koontz aprovecha a la perfección- pero no sabe dónde ocurrirá.

 

Tampoco tiene más pruebas para culpar al futuro asesino que su propio don: cada vez que lo ve, está rodeado de siluetas monstruosas, verdaderos heraldos terroríficos que predicen una violencia y una maldad mayores. Él los llama “bodach”. Son unos bichos traslúcidos, que aparecen antes de una calamidad. Raro sospecha que se alimentan del terror y el sufrimiento humanos. Algo así como unos vampiros energéticos del dolor. Les gusta presenciar muertes horrorosas.

 

En una novela donde el vértigo de la trama es lo principal, lo que impide dejar de leer, es francamente un regalo que el escritor además imagine personajes bien construidos.

 

Para leer en cualquier momento: tiene terror, acción, humor, buena trama… y se lee rápido. ¿Qué más le podemos pedir a un libro?

 

 

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