Esta semana venimos con un ganador del Nobel, que nos trae una historia agridulce y melancólica.

Por Romina Santopietro

Cuando en 2014 le dieron el Nobel de Literatura a Patrick Modiano, como no conocía nada de él, rumbeé a la librería, a despuntar el vicio de comprar libritos, y a buscar algo de este autor.

 

Volví con una pila variopinta y con “En el café de la juventud perdida”, que me atrajo por el título y su contratapa.
Es una hermosísima novela sobre el poder de la memoria y la búsqueda de la identidad. París, años 60. En el café Condé se reúnen poetas malditos y estudiantes fascinados por la bohemia parisina. Y aunque la nostalgia de aquellos años perdidos parecería ser el tema central de la novela, Modiano le da un giro sorprendente. Porque ésta es también una novela de misterio.

 

Todos los personajes, todas las historias, confluyen en la enigmática Louki. Cuatro hombres nos cuentan sus encuentros y desencuentros con la hija de una trabajadora del Moulin-Rouge. Algunos la buscan, otros la aman, y para casi todos ellos la chica encarna el inalcanzable objeto del deseo.

 

La prosa de Patrick Modiano es deliciosa, y sabe transmitir muchísimo con las palabras y los ambientes que crea. Describe muchos sentimientos, pero indudablemente la melancolía sobrevuela toda la historia.

 

“En el café de la juventud perdida” comienza con un narrador en primera persona, que no se presenta, porque el importante no es él, si no la misteriosa chica de la que nos habla, Louki. Nos relata cómo la conoció, y la impresión que le causó.

 

Pero él no es el único narrador. Después de contarnos un trozo de la historia de Louki a través de sus recuerdos, da paso a otros narradores, quienes, siempre desde la primera persona, nos van mostrando sus recuerdos sobre Louki, cómo ellos la percibían.

 

Incluso la propia Louki nos relata un retazo de su historia. Y a través de esos diferentes prismas, se va formando la imagen de tan peculiar personaje. Y aunque hay varias partes que conforman la personalidad de Louki, la imagen no es completa, ni siquiera al terminar el libro. Y no porque no esté bien retratada; es más, creo que Patrick Modiano hace un trabajo magnífico al ir dándonos, pedacito a pedacito, los detalles sobre Louki, pero siempre quedará ese halo de misterio que rodea a las personas complejas, contradictorias e impenetrables como ella.

 

“En el café de la juventud perdida”, que publicó Anagrama, es un libro coral, aunque todo gire en torno a la protagonista.
La melancolía cala profundo en quien recorre las páginas y cierra el libro. Hay una sensación de que nos falta algo, de querer tomar un rayo de sol con la mano… está ahí, pero es inasible. Ese aura de nostalgia por ese París de ensueño recreado por Mondiano pinta el paisaje con un gris de neblina. Es una historia agridulce. No apto para los amantes de emociones fuertes. Este libro es una caricia leve, no un sacudón de mil voltios.

 

Para leer cuando deseemos ser seducidos dulcemente por una historia tenue.