¡Esta semana la columnita cumple un año! ¡Hace un año que los torturo con recomendaciones y ustedes me aguantan! Y para celebrar, les traigo mi historia preferida, mis libros más amados: la saga de El Señor de los Anillos, de Tolkien.
Por Romina Santopietro. Ilustración: Celeste Virasoro.

Pensé mucho en qué recomendación regalarles. Dejé lo mejor para una ocasión especial, la historia que amo desde que cayó en mis manos, a los 14 años.

 

Este mundo gestado por un verdadero hacedor de mitos atrapó a miles de lectores que se convirtieron en fanáticos. Yo soy una de ellos. También son los libros que suelo releer al menos una vez al año. Miren más arriba, ya les dije que soy fanática. Seguro que pensaron que era otra de Stephen King, ¿no? ¡Sorpresa!

 

Mientras se recuperaba de sus heridas de guerra en Great Haywood, John Ronald Reuel Tolkien comenzó a plasmar “El libro de los cuentos perdidos”, donde escribió toda la mitología que desde hacía años había concebido, inspirada en viejas leyendas finlandesas y nórdicas, como el “Kalevala” y “Kullervo”, libro que más tarde se convertiría en “El Silmarillion”.

 

En el año 1930 comenzó a escribir “El hobbit”, que fue aceptado para su publicación seis años más tarde, y por fin publicado en el otoño de 1937. Al gran éxito de “El hobbit”, J. R. R. siguió su continuación, “El Señor de los Anillos”.

 

Con el génesis de esta tierra, la Tierra Media, nació también la literatura fantástica como género diferente y es referente obligado para numerosas generaciones que caen bajo el influjo de la heroica historia de elfos, hobbits y hombres, y de una batalla interminable contra el mal.

 

En 1954 fueron publicados los dos primeros volúmenes de “El Señor de los Anillos”, y un año más tarde el tercero, edición que no complacía mucho a Tolkien, quien deseaba ver en un único tomo su obra. Este deseo no fue cumplido por los editores debido al alto costo de impresión, por lo que se decidió separar en tres volúmenes la historia, lo que dejó la trilogía tal como la conocemos hoy: “La Comunidad del Anillo”, “Las Dos Torres” y “El Retorno del Rey”. Hay múltiples ediciones de los cinco libros. Tengo dos: una de bolsillo y las ediciones de lujo en tapa dura. Otra vez, miren más arriba, ya me declaré fan.

 

Si bien Tolkien no escribió solamente el “SdlA”, sí puede decirse que le dedicó su vida. Desarrolló varios lenguajes para dar vida a las razas que poblaron la Tierra Media: el élfico Quenya, el élfico Sindarín, las runas de los enanos y hasta creó un idioma común a todas las razas para que estos pueblos puedan entenderse entre sí. Los orcos y trasgos también tienen su propio idioma. “El Silmarillion” cuenta con un apéndice de pronunciación y de reglas gramaticales de las lenguas Eldarin, el idioma élfico, en sus formas Quenya y Sildarin. Como profesor de literatura en Oxford fue también un destacado lingüista, don del que hizo uso para divertirse creando desde la grafía hasta las variaciones idiomáticas para todos sus personajes.

 

Toda su prodigiosa imaginación fue puesta al servicio de la literatura fantástica.
Es difícil poner en una sola página las razones por las que amo esta historia y por qué deberían leerla. Indudablemente, si la fantasía como género no los seduce, no se acerquen a la saga. Porque el relato habla de amor, de poder, de guerras, de héroes, magos, villanos monstruosos y magia. El eje mismo de las novelas es la magia. Pero también la lucha por el poder, los actos heroicos y desesperados, un poder maligno capaz de corromper todo lo bueno y de cómo la amistad puede convertirse en indestructible. Los personajes son simplemente inolvidables.

 

Confíen un poco en mí, y anímense a leer. Las pelis de Peter Jackson, si bien son espectaculares, no le hacen verdadera justicia a los libros. ¡El libro siempre es mejor!

 

Para leer cuando el mundo agobie y optemos por dejar que la fantasía se cuele por una ventana e invada la vida, a través de la imaginación.