Esta semana volví a tener una regresión. ¡Por Tutatis! Los voy a llevar a una irreductible aldea gala.

Por: Romina Santopietro

Cuando yo era una dulce niña… bue, nunca fui dulce. Cuando yo tenía unos 8 años, en la feria que se hacía en Guadalupe, detrás de la basílica, mi abuela iba a comprar las verduras y yo iba a canjear historietas en uno de los puestitos.

 

Ahí conocí a Mortadelo y Filemón, a Spirou Ardilla, a Tintín, a los Pitufos y a Astérix, Óbelix e Ideafix. Y a toda la aldea gala que resistía al embate de unos sufridos y machucados romanos.

 

Con el tiempo, pasé a leer otros cómics, más adelante llegaron los manga -los cómics japoneses- pero los galos siempre se quedaron en mi corazón y en la memoria.

Mi colección está incompleta -son 38 en total hasta el momento- y pertenece a varias editoriales, Salvat, Grijalbo, Círculo de Lectores… los compraba cuando los encontraba, y hay algunos que son de segunda mano, hallados en MercadoLibre.

 

A estas alturas ya saben que tengo un problemita con coleccionar los libros que me gustan: ya no tengo casi más lugar para ponerlos.

 

Pero Astérix… todavía no poseo la colección completa. Y esa Rominita de ocho años que todavía pasea por mis neuronas quiere completarla. También les dije que no maduro más, ¡eso es para las frutas!

 

Así que, de tanto en tanto, busco entre las capas del corazón donde vegeta esa Rominita, la sacudo un poco y la despierto leyendo estos cómics. Y me sigo riendo a carcajadas con estos galos cabrones y testarudos.

 

Hay dos películas francesas excelentes -son un poco viejitas- con Gérard Depardieu como Óbelix, ese gigante bueno y súper fuerte que de chiquito se cayó adentro de una marmita con poción mágica, que es el arma secreta de estos galos para luchar contra la invasión romana, que nunca llega a completarse.

Pero nada supera a los álbumes. Las ilustraciones de Albert Uderzo son sencillamente geniales. En las historias vamos conociendo a toda la aldea, guiada por un jefe bonachón, donde todas las discusiones terminan en trifulca, y cada acometida contra los romanos en festín de jabalíes asados y romanos apaleados. El druida, Panorámix -además de druida es consejero, chamán, médico, sicólogo y mago de la tribu- es poseedor de una receta de una poción mágica que concede fuerza extraordinaria por un breve lapso a quien la bebe.

 

La poción sumada al temperamento belicoso de estos galos son el hilo conductor de las aventuras de la aldea irreductible y sus personajes.

 

Lo genial de este universo es que cada personaje moldea su particularidad a medida que avanzan las historias en los tomos. Se pueden leer sin orden ni concierto -a lo galo- y de igual manera vamos a ir descubriendo estas señas particulares en cada personaje.

Ideafix -el perrito- llora cuando arrancan un árbol. Es un can ecológico. El bardo canta tan mal, que provoca la lluvia con sus graznidos. Por eso siempre termina amordazado. Claro que él piensa que es genial, un verdadero talento incomprendido.

 

 

El jefe es todopoderoso y su palabra no se cuestiona, aunque la última decisión siempre está en manos de su esposa. Él asiente con un potente “Sí querida”. El anciano de la aldea -se llama Edadepiedrix- es también el más rico, y tiene una esposa 40 años más joven que él. Y todos temen que el cielo caiga sobre sus cabezas en medio de una tormenta.

 

Cada tomo de la serie es un verdadero disfrute. Son joyitas que si las conocen, es válido volver a leerlas y si no, y les agrada el formato de historia ilustrada, no deberían dejar de ver, para apreciar a estos verdaderos maestros franceses de la historieta.

 

Para leer tirados de panza en la cama, con un chupetín de frutilla. O tomando la leche después de hacer la tarea. O con un cafecito después de almorzar, cualquier día de la semana.