Esta semana un libro nos amenaza. Sí, tal como leyeron. El libro no quiere que lo leamos y nos pide que lo tiremos al fuego.

Por: Romina Santopietro

“Demonio de libro”, de Clive Barker comienza de esta manera:

 

“Quema este libro.
Vamos. Rápido, mientras aún quede tiempo. Quémalo. No leas ni una palabra más. ¿Me has oído? Ni una sola palabra más”.

 

Claro que al interpelarnos de esta manera, uno sólo quiere seguir leyendo. La curiosidad es su cebo.

 

Esta novela, en la que un demonio medieval se dirige directamente al lector, con tono mortífero unas veces y seductor otras, conduce al lector a un íntimo y revelador viaje para descubrir la verdad sobre la batalla entre el Bien y el Mal.

 

Pero no es un relato de terror. Está presentado como tal, pero no asusta, ni provoca escalofríos. Tiene momentos exquisitos de humor negro, y a menudo uno puede soltar una carcajada por lo absurdo de las situaciones que el mentado demonio -el Señor B.- tiene que pasar.

 

La novela, publicada por La Factoría de ideas, es la autobiografía de un demonio menor (muy, muy menor, nacido en los arrabales del Noveno Círculo del Infierno). Él se encuentra detrás de cada línea del libro, mirando al lector a los ojos, sintiendo la presión de los dedos del lector sobre el papel del libro, escuchando y sintiendo la respiración del lector. Y como él se encuentra en el libro, forma parte del libro y de alguna manera es el libro, el texto que el lector lee es la voz de este demonio —a quien le gusta que le llamen Señor B. (Mr. B.)— convertida en palabras impresas.

 

El Señor B. intenta que el lector queme el libro para poder librarse de su prisión. Él sabe que morirá, pero lo prefiere a su encierro. El Señor B. está encerrado en el libro y por eso, a través de la narración en primera persona de su triste vida, intenta a toda costa y de miles de formas diferentes que el lector decida no seguir leyendo, queme el libro y lo destruya junto con las páginas surcadas de tinta. Amenazas, narraciones perturbadoras y desafíos serán una constante para que el lector siga leyendo.

 

Todo el tiempo este demonio trata de convencernos de destruir el libro, y apela al ruego, al llanto, al chantaje, la amenaza, el berrinche infantil o directamente a la lástima. A veces es un demonio insufrible y mentiroso. Otras demuestra gran sabiduría y sensatez. Muchas veces su mezquindad y mal carácter lo superan. Pero al final, si bien no puede generar empatía, sí suscita una mirada de lástima. Y eso lo hace enojar mucho.

 

El Señor B. trata de hacerse el malo (en realidad es malvado, es un demonio), pero al narrarnos sus aventuras los lectores nos damos cuenta que la maldad humana -la nuestra, no la que se supone que los demonios nos inspiran- es tan grande como la de los demonios mismos.

 

“Demonio de libro” no es del todo una novela de terror, es una variante de la fantasía oscura escrita, además, con mucho sentido del humor. Sólo que aquí el pícaro es un demonio menor que aterroriza a humanos porque, en el fondo, los humanos lo aterrorizan a él.

 

Para leer con un chocolate cerca, y escuchando música instrumental de fondo.