Venimos a full con la no ficción. Esta semana les sugiero escuchar las “Voces de Chernóbil”.

Por Romina Santopietro.

Esta semana les traigo una novela de testimonios, de no ficción, que catapultó en gran medida a su autora, Svetlana Alexievich, al renombre internacional. “Voces de Chernóbil” nos recuerda ese accidente nuclear acontecido el 26 de abril de 1986 a la hora 1.23:58, con una serie de explosiones que destruyeron el reactor y el edificio del 4° bloque energético de la CEA (Central Eléctrica Atómica), situada en la frontera bielorrusa, convirtiéndose en el desastre tecnológico más grave del siglo XX.

 

Las personas de la zona fueron evacuadas días después del siniestro, se manejó todo el todo problema como si fuese un incendio normal, con bomberos normales -sin protección alguna-, con equipo de limpieza en iguales condiciones, con personal embriagado con vodka (la única profilaxis, según fuentes gubernamentales).

 

El accidente de Chernóbil dejó centenares de muertos, abortos, mutaciones, discapacidades, una zona no habitable en por lo menos 20.000 años y todo esto fue considerado un secreto de Estado.

 

El libro trata las consecuencias sobre las personas a las que les tocó vivir una nueva realidad, que todavía existe pero que aún no se ha comprendido. Aquellos que sufrieron Chernóbil son los supervivientes de una Tercera Guerra Mundial nuclear.

 

Según la autora, en este mundo hostil “todo parece completamente normal, el mal se esconde bajo una nueva máscara, y uno no es capaz de verlo, oírlo, tocarlo, ni olerlo. Cualquier cosa puede matarte… el agua, la tierra, una manzana, la lluvia. Nuestro diccionario está obsoleto. Todavía no existen palabras, ni sentimientos, para describir esto”.

 

“Voces de Chernóbil” recibió en marzo de 2006 el premio del Círculo de Críticos de Estados Unidos en reconocimiento a la fuerza narrativa de Alexievich y a la importancia de las historias que cuenta.

 

Este es un libro muy duro de leer porque sabemos que sus protagonistas han sufrido mucho, han perdido personas muy cercanas o están a punto de perder su propia vida; pero desean dejar su testimonio, su voz… Este libro no pretende ser de tipo informativo, sino reconstructivo, es decir, dar a conocer esos rostros y voces de los que estuvieron ahí. Para esto la autora realizó un arduo trabajo periodístico en un período de casi 20 años, donde reunió testimonios de toda persona posible: pobladores, niños, viudas, científicos, médicos, detractores, madres, hijos, políticos.

 

¿Por qué leerlo? Para hacer eco de los desgarradores testimonios que la autora compila. Para que al menos en nuestra memoria revivan por momentos las víctimas de Chernóbil, y así sus fantasmas se aquieten un poco. Para prestar oídos a tantas voces que quisieron silenciar. Pero principalmente, hay que leerlo para no olvidar.