Esta semana venimos con una historia de amistad, valor, secretos, misterios y sucesos paranormales, donde seremos testigos de cómo tres amigos pasan de la niñez a la adultez.

Por: Romina Santopietro

Federico Axat sorprendió con su novela “La última salida”, por lo trepidante del relato y los giros insospechados de la trama. Como me gustó mucho, busqué su novela anterior, “El pantano de las mariposas”, publicado por Ediciones Destino y descubrí que la impronta de este autor es justamente, sorprender a cada capítulo del libro.

 

Cuando parece que con lo enrevesado de la historia no podrá resolver la madeja que creó, no sólo sale airoso sino que consigue dar un cierre brillante a todos los -en apariencia- cabos sueltos que dejó.

 

Esa maestría para el golpe de efecto final es lo que me encanta y me vuela la cabeza.

Nada es lo que parece en sus relatos. Si ustedes también dialogan, de alguna manera, con los libros que están leyendo y aventuran desenlaces, con Axat siempre va a pasar algo que no ves venir.

 

Para quien en “Sexto sentido” a la mitad de la peli se dio cuenta que Bruce Willis estaba muerto, y desde entonces le pasa seguido -no eso de “ver gente muerta”, sino lo de descubrir el chiste de la historia antes-, la novela de Axat constituye una deliciosa sorpresa. Tiene algo de prestidigitador cuando resuelve de un plumazo todas las incógnitas planteadas a lo largo del libro.

 

Las desapariciones de personas en confusos episodios se suceden año tras año en Carnival Falls. Pero donde algunos ven tragedias sin conexión, otros aseguran que existe un patrón común y que detrás de ellas hay algo más oscuro que simples accidentes.

 

En 1985, Sam y Billy tienen doce años y se preparan para lo que suponen será un verano grandioso: excursiones por el bosque, largos paseos en bicicleta y la postergada construcción de la casa del árbol. Juntos transitarán ese intrincado paso de la niñez a la adolescencia, un camino de aprendizaje y revelaciones, y se embarcarán, casi sin proponérselo, en una aventura que podría llevarlos a conocer la verdad detrás de las desapariciones.

 

Pertenecen a mundos distintos. Miranda Matheson tiene doce años y es la hija de un matrimonio rico que acaba de mudarse a la ciudad. Sam Jackson perdió a su madre en un accidente cuando tenía un año y vive en una casa de acogida. Desde la copa de un árbol, Sam espía a Miranda en secreto, entra subrepticiamente en la mansión de ensueño de los Matheson y casi sin darse cuenta comienza a sentir cosas que nunca antes había sentido. Por las noches, Sam empieza a soñar… con Miranda pero también con el accidente de coche que una década atrás le arrebató a su madre. La policía dijo que aquella noche tormentosa, en que el vehículo de Christina Jackson perdió el control, su cuerpo salió despedido y fue arrastrado por la corriente del río Chamberlain. Nunca la encontraron. Pero Sam recuerda… Era apenas un bebé y también viajaba en ese coche, y de forma difusa, recuerda la imagen de su madre en el vehículo tras el impacto, inconsciente, y cómo minutos después fue arrastrada al exterior.

 

Un pacto de amistad los guiará en un verano imborrable, un tiempo de metamorfosis que marcará el inicio de muchas cosas y también el final de la infancia.

 

Sobrevuela toda la historia un hálito casi sobrenatural, donde los protagonistas todo el tiempo ponen a prueba su entereza, su valor y su cordura frente a hechos extraños que les toca vivir.

 

Para leer sin prisas, y llevarlo en la mochila para poder retomar la lectura en cualquier momento.