Esta semana venimos con una novela estremecedora, que va a sacudir basamentos y convicciones. Una historia donde lo que conocemos como sociedad se rompe en mil pedazos: “Cadáver exquisito”, de Agustina Bazterrica.

 

Por: Romina Santopietro

El Premio Clarín 2017 fue otorgado a esta novela -que fue presentada bajo el seudónimo de Hannibal Lecter- una sólida y escalofriante pesadilla futurista en la que el canibalismo es legitimado en gran parte del mundo a causa de un virus que afecta a los animales y resulta mortal para los seres humanos.

 

¿Qué resto de humanismo puede caber cuando los cuerpos de los muertos son cremados para evitar su consumo? ¿En qué lugar queda el vinculo con el otro si, de verdad, somos lo que comemos?

 

La novela sigue a Marcos Trejo, un respetado profesional de la carne, en tiempos en que se ha permitido el consumo de carne humana y luego de que los animales fueran casi extinguidos. Es que, a raíz de un virus, fueron exterminados por peligrosos para las personas y su consumo quedó formalmente vedado.

 

Trejo camina por el sendero de lo prohibido aun en tiempos en que la atrocidad traza -sigue trazando- la línea que divide a los que pertenecen a un sector y los que, en términos prácticos, constituyen un objeto de pertenencia de alguien más.La novela ofrece, además, una mirada interesante sobre la escucha y la palabra, que la autora recorre con maestría: el personaje las sopesa en una mixtura densa de texturas, construye una materialidad de lo que se dice, y se palpan las palabras que emiten los personajes. (1)

 

La historia que propone Agustina Bazterrica quiebra la fina pátina de civilización que recubre las pulsiones hipócritas y violentas, donde sólo se necesita un aval “legal” para que uno de los más profundos tabúes sea alegremente abrazado por la sociedad.

Hay criaderos de humanos genéticamente modificados para acelerar su crecimiento, hay matadero municipal, hay puras sangres y cotos de caza, hay leyes que se cumplen y leyes que se rompen, hay una ética que se adapta a los tiempos, pero mucho más a los negocios de unos cuantos, hay dudas inabarcables sobre lo que el gobierno dice y lo que el gobierno hace. Y, cómo no, hay monstruos que afloran desembozadamente detrás de las máscaras de humanidad.

 

Resulta también una incómoda metáfora del afuera, de ese “otro” que nos habita. Con el mismo efecto del morbo que nos seduce y abochorna, “Cadáver Exquisito” exige un regreso rápido a la rutina, nos pide dejar atrás cuanto antes la comilona incomprensible, para llegar al final en donde todo y nada es como debiera. Si es que es posible hablar del deber cuando unos sirven a otros, en este caso, en forma de alimento.

 

La profunda naturalización de lo aberrante golpea desde estas páginas, sacude intelectos, moralidades y almas. La historia menciona repetidamente a “La Transición”, ese tiempo donde las personas batallaron, sin mucho entusiasmo, con sus conciencias antes de consumir prójimos bastantes próximos. E irremediablemente nos lleva a pensar qué delgado es el barniz de civilización que nos cubre como sociedad.

 

Esta novela me llevó puesta. Me serruchó el piso, me golpeó en la conciencia, me sacudió convicciones y saberes. Me obligó a asomarme al espejo turbio que todos miramos de reojo y nos hacemos los distraídos para no ver de frente: el de nuestra propia animalidad.

 

“Si el libro que leemos no nos despierta como un puño que nos golpeara en el cráneo, ¿para qué lo leemos? ¿Para que nos haga felices? Dios mío, también seríamos felices si no tuviéramos libros, y podríamos, si fuera necesario, escribir nosotros mismos los libros que nos hagan felices. Pero lo que debemos temer son esos libros que se precipitan sobre nosotros como la mala suerte y que nos perturban profundamente, como la muerte de alguien a quien amamos más que a nosotros mismos, como el suicidio. Un libro debe ser como un pico de hielo que rompa el mar congelado que tenemos dentro”.

Franz Kafka a Oskar Pollak, en 1904.

 

Para leer y reflexionar sobre los mandatos de nuestra sociedad.

 

(1) El juego del cadáver exquisito es una técnica por medio de la cual se ensamblan colectivamente un conjunto de palabras o imágenes; el resultado es conocido como un cadáver exquisito o cadavre exquis en francés. Fue usada por los surrealistas en 1925, y se basa en un viejo juego de mesa llamado “consecuencias” en el cual los jugadores escribían por turno en una hoja de papel, la doblaban para cubrir parte de la escritura, y después la pasaban al siguiente jugador para otra colaboración.