Esta semana venimos con una novela donde la política es protagonista de una historia que nos va a sonar muy familiar. “Las maldiciones”, de Claudia Piñeiro

 

Por Romina Santopietro.

 

Claudia Piñeiro nos tiene acostumbrados a novelas de intriga, suspenso y actualidad. En un país donde lo inverosímil aparece cada día, ella usa esa naturalización de tragedias -pequeñas o enormes- para dotar de verosimilitud a sus historias.

 

Y en esta novela la moral, lo humano y lo político se entrelazan en una trama intrincada, sugerente y elegante.

 

La forma de descripción de los hechos y la construcción de sus personajes son bien netos. No hay fisuras. Pero además de crear una historia atrapante, lo hace con elegancia, con una prosa que fluye, te envuelve y te arrastra.

 

“Alguien puede llegar a la política por muchos motivos. Unos más legítimos, otros menos. También por error, por desidia. O por no saber decir que no”, reza la contratapa del libro.

 

Román Sabaté entra al mundo de la política casi por casualidad, pero es allí donde se sella su destino. La permanente tensión entre la necesidad de trabajo de un joven de provincia y las ocultas intenciones del político que lo ha elegido como secretario privado es lo que mueve los hilos de esta novela: dos hombres en conflicto en una historia en la que hasta la paternidad está en juego. Magia, doble discurso o crimen, todo vale. Las maldiciones desnuda la verdad de la llamada “nueva política”, basada en un pragmatismo absoluto que esconde la inescrupulosidad del engaño y la ambición sin límites.

 

“Las maldiciones” es una novela moral sobre lo inmoral, de personajes que viajan al abismo jugando perversamente hasta con lo que parecería sagrado. Dice Claudia Piñeiro: “Para construir estos personajes necesitás que la trama los enfrente a abismos donde tengan que tomar decisiones y en esa acción nos cuenten quiénes son”.

 

Con el estilo que hace creíble todas sus ficciones, la autora de “Las viudas de los jueves” introduce en este libro de maldades públicas una insólita conversación privada: una mujer que resulta ser maestra de filosofía se sienta en un autobús junto al protagonista, Román Sabaté, que forma parte del equipo de un político nuevo y en conflicto, Fernando Rovira.

 

Román trabajó durante cinco años para Rovira, líder de un partido político denominado Pragma y candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. Un día abandona a su jefe y se lleva con él a Joaquín, el hijo de Rovira, que tiene apenas tres años. El libro se ocupa de contar por qué Román toma esa decisión. Este muchacho, que no llega a los treinta, vino de Santa Fe y entró en Pragma casi de casualidad, luego de presentarse junto con un amigo a una entrevista en las oficinas de esa organización que apuesta a la “excelencia”. Rovira, “un emprendedor inmobiliario de la zona norte del Gran Buenos Aires” que arrasó en las elecciones de intendente, es enemigo de la “vieja política que pone palos en la rueda a los que queremos trabajar por este país”. Carece de “militancia previa” y de “condicionamientos ideológicos”. Su eslogan es “lo importante es el hacer, para hacer un país mejor” y entre sus proyectos principales se halla la división de la provincia de Buenos Aires antes de las próximas elecciones.

 

Sabaté huye de ese hombre y de una proposición al menos insólita: que le resuelva su problema de paternidad. Él es su amo, ¿qué hace? ¿Le obedece? Sabaté no sabe que el político es su amo, se lo descubre, usando a Hegel, la filósofa del autobús, y a partir de ahí, de la puesta en escena de la disyuntiva amo-esclavo, la novela adquiere un nuevo giro rabiosamente humano.

 

Hasta entonces “Las maldiciones” era una novela política y desde ese momento en el que Hegel aparece en el autobús ya es una novela moral que te lleva al abismo de las oscuridades de las que son capaces los políticos para hundirse en la porquería dando la impresión de seguir impolutos. Es una novela política donde la política es un protagonista más.

 

Y para nosotros, argentinos acostumbrados a ver cómo las realidades políticas superan cualquier ficción, no es poco.

 

Para leer con gusto, y disfrutar de una de las más grandes escritoras de la actualidad.