Esta semana venimos con una novela donde un periodista venido a menos -que tiene un pingüino como mascota- recibe el encargo de escribir las necrológicas de varias personas VIP que siguen vivos. Pero un buen día empiezan a morir y la vida del protagonista se complica. “Muerte con pingüino”, de Andrei Kurkov.

Por Romina Santopietro

En la Ucrania postsoviética la pobreza y la desesperanza han llegado hasta las puertas del zoo de Kíev. A punto de cerrar porque no cuentan con el presupuesto necesario para dar de comer a los animales, los empleados del zoo animan a los visitantes a que se lleven a sus casas todos los ejemplares posibles siempre que puedan alimentarlos. Viktor, un escritor sin laburo, sin familia y sin amigos, decide adoptar al pingüino Misha para compartir soledades en su pequeño departamento.

 

Dicen los pingüinólogos que estos animales jamás olvidan a aquellos que les han tratado con cariño, pero Misha, pese a sentirse a gusto con su nuevo anfitrión, padece de una melancolía casi contagiosa. Y en ese ambiente de decadencia y nostalgia, Viktor analiza su hosco presente: es un escritor arruinado, está sin un peso, lo dejó su novia, tiene frío y trata de sobrevivir en la perestroika, como tantos otros miles.

No sabe que su nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir necrológicas “por adelantado”, de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus esquelas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta.

“Cuando la URSS colapsa lo hace también el modo de vida de millones de personas. Entonces la gente empieza a evitar a sus amigos para que no les pidan nada. La moralidad es la segunda víctima de esto. Todos estábamos dispuestos a hacer cosas ilegales para sobrevivir, el único problema era el límite que se ponía cada uno y ese es el drama de Viktor. Él prefiere no darse por enterado de quién está detrás de esas muertes”, comentó en una entrevista Andrei Kurkov, su autor. “La época que relata la novela fue muy oscura y corrupta. Todos los medios hablaban de quién había matado a quién. A la gente le divertía porque creían que eran solo mafiosos asesinando a mafiosos, incluso cuando se trataba de parlamentarios o periodistas”, remata.

“Los pingüinos son animales muy soviéticos. No saben vivir fuera del grupo. Están programados por la naturaleza como la gente fue programada por el Partido Comunista. Enseguida se desorientan si están solos. Si uno se comporta mal es o porque está loco o porque es un líder”, aseguró Kurkov.

Y también este animal es la imagen y el símbolo de esa peculiar visión de melancolía y fatalismo asociado con el temple ruso.

“Muerte con pingüino” -publicada por Blackie Books- es una novela peculiar. De estilo personalísimo y con un aura con tendencia a la tristeza y la melancolía, Kurkov plantea una novela negra con un extraño toque de ternura de la mano de un pingüino triste y una niña abandonada. Una historia con personajes bien perfilados y un misterio policíaco que intriga al lector, una trama que se aleja de tópicos y clichés por su originalidad y su rareza. También es un relato verosímil de esa esa Ucrania triste, gris, desolada, en donde es casi imposible encontrar buena asistencia médica si no se tiene dinero, en donde el aparato estatal está desarticulado y corrupto, en donde las mafias, los robos y la corrupción crecen a sus anchas, en donde se cobra en dólares por la inflación monetaria, en donde el zoo tiene que cerrar porque ya no puede dar de comer a los animales. Viktor, el protagonista de esta historia, sus circunstancias y todo lo que le ocurre a lo largo de la trama son también una muestra de ese mundo postsoviético en decadencia, en donde la vida apenas vale nada con la complicidad del silencio y la censura.

Una mirada tierna, un planteo sólido en la estructura de novela, personajes entrañables y un sutil humor negro son los verdaderos logros de esta inusual trama.

Para leer con ganas de sorprendernos, y dejarnos seducir por ese vistazo histórico a un mundo lejano en lo geográfico y cercano en cuanto a vivencias.