Club de Lectura


Esta semana venimos con una “precuela” inesperada. Vamos a descubrir cómo Bram Stoker creó “Drácula”. ¡Para arrancar livianitos el año!

Por: Romina Santopietro

Bram Stoker es un niño enfermizo que apenas sale de su casa.

Una noche, la fiebre que le asalta casi a diario lo lleva a las puertas de la muerte. Su niñera, Ellen Crone, echa a todo el mundo de la habitación del pequeño y lo salva por medios que nadie conoce. Tras este episodio Bram se recupera, y crece su fascinación por Ellen. Él y su hermana Matilda descubren cosas muy extrañas de la niñera y antes de que puedan hablar con ella, ésta desaparece de sus vidas. Obsesionado con ella, quince años más tarde los hermanos vuelven a reunirse para encontrarla y sus caminos se cruzan con el del Conde Drácula…

Inspirada por notas y textos escritos por el propio Stoker, la precuela de Drácula revela no sólo el origen de Drácula y el de Bram Stoker, sino la historia de la enigmática mujer que los conecta.
“Drácula. El origen”, escrito por J.D. Barker y Dacre Stoker, publicada por Planeta relata cómo el germen de uno de los vampiros más icónicos de la literatura fue tomando forma. Y es la precuela autorizada por los herederos de Bram Stoker.

“Drácula. El origen” juega mezclando realidad y ¿ficción? Alternando, como en “Drácula”, los diarios escritos en primera persona por Bram (tanto en modo flashback como en el presente), con los escritos por su hermana Matilda, por su hermano Thornley, con telegramas, con algún recorte de prensa y con notas de Arminius Vambéry (personaje que existió realmente y que sería usado por Stoker para su Van Helsing), conoceremos la historia de Bram y de su niñera, Ellen Crone, quien lo salva misteriosamente de la muerte. Una niñera que, tras esa cura desaparecerá aún más misteriosamente, habiendo dejado dos marcas en la muñeca del Bram niño.

Pero antes de esto, Bram y Matilda habían curioseado en la habitación de Nana Ellen y lo que habían descubierto no era muy normal.

Si bien el escribir en los márgenes es una costumbre aceptable para los libros propios, es posible que a ojos de un bibliotecario no esté nada bien que dejes tus pensamientos sobre un ensayo o una novela en uno de los ejemplares que conserva. Yo personalmente creo que es una herejía, incluso en libros propios. Pero gracias a esa discutible costumbre, hoy en día podemos saber cómo y dónde se documentó Bram Stoker para escribir su obra más famosa, Drácula.
No estamos hablando de un registro completo de cada texto que usó el autor irlandés, pero una investigación de la Biblioteca de Londres nos da una idea aproximada del proceso y método utilizado. Hasta el momento, se han descubierto 28 libros que pasaron por las manos de Stoker durante el tiempo que se dedicó a la escritura de Drácula.

Hay que tener en cuenta que el trabajo de documentación para una obra de ficción como esa, con grandes escenarios lejanos y mitología poco conocida, no era nada fácil. Hoy en día, con Internet, en poco tiempo podemos tener acceso hasta a imágenes a pie de calle de un castillo en Transilvania, pero en 1897 la cosa era muy diferente.
Animado a escribir su obra maestra, Stoker se unió a la Biblioteca de Londres en 1890. Hay que tener en cuenta que, en esa época, la biblioteca era paga. Había que poner una suma determinada para poder acceder a los libros y a las zonas de trabajo disponibles. Es decir, era algo que no estaba al alcance de todo el mundo.

Teniendo en cuenta que Stoker nunca visitó Rumanía, dependía casi en exclusiva de libros de viaje de la zona, como “Drive along the Danube” (Viajando a lo largo del Danubio) en el que dejó marcas y seleccionó párrafos para usarlos como referencia en su propio trabajo.

Otro de los libros en los que se basó para captar la esencia de lo misterioso y paranormal fue “El libro de los hombres lobo”, escrito por Sabine Baring-Gould. Se trata del primer ensayo académico que estudió el fenómeno de la licantropía, mezclando de una manera magistral la ciencia de la época, los mitos y las leyendas.

Además de tomar notas en los márgenes, Stoker perteneció al infame grupo de los dobladores de páginas, una costumbre todavía peor, y que se puede apreciar en varios libros que pasaron por sus manos. En el caso de “An Account of the Principalities of Wallachia and Moldavia”, la página con la esquina doblada contiene una palabra clave: Drácula.

Stoker consultó desde libros de viaje a ensayos sobre mitología, pero también leyó sobre ciencia y tecnología. De hecho, la mezcla del mundo antiguo y las leyendas con elementos que, en su momento, eran el último grito científico, como el fonógrafo, es uno de los elementos más importantes de su estilo literario.

El autor irlandés tardó siete años en terminar de escribir Drácula, de 1890 a 1897. Durante ese tiempo fue un habitual de la Biblioteca de Londres, institución de la que se dio de baja al publicar Drácula.

Ya no le hacía falta ahondar más en su amplio y magnífico catálogo.

Hoy en día, se le sigue el rastro a través de las viejas fichas de consulta y sus notas al margen. Ese es uno de los grandes legados de una biblioteca.

Para asomarse a la creación de uno de los mitos más grandes de la literatura universal, y disfrutar de una muy buena lectura.

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