Club de Lectura


Esta semana venimos con una fábula reversionada en una novela entrañable. Para disfrutar intensamente.
Por: Romina Santopietro

“Riquete el del Copete” es un cuento muy popular de Charles Perrault que Amélie Nothomb reversiona es esta novela. Esta peculiarísima mujer escribe a mano sobre papel reciclado, detesta las computadoras, no tiene televisión ni teléfono celular. “Crecí pensando que era japonesa hasta que me explicaron que era belga”, declaró en una entrevista.


Sus protagonistas son un joven horrendo e inteligentísimo y una chica bellísima y estúpida. Ambos se alían, en una hermosa historia de amor, para vengarse del mundo. Y juntos serán invencibles.


Déodat, el protagonista, es un chico feo, en verdad horroroso, que hará de su capacidad de comprender al otro su forma de sobrevivir. “El colmo de la inteligencia es escuchar” declara en la novela. “En occidente una persona que nunca dice nada y observa mucho nos parece estúpida. En Japón es todo lo contrario. La más alta filosofía zen, la pura sabiduría, viene de la contemplación. De hecho, fíjense: los idiotas absolutos nunca callan”, observó la autora en otra entrevista.


El “Riquete el del Copete” de Nothomb, publicado por Anagrama, no transcurre en un lugar lejano ni en tiempos remotos como todas las fábulas infantiles, sino en la Francia actual, donde Honoré y Énide tienen a su primer y único hijo: Déodat. El recién nacido es tan horrible como inteligente, y esta es la excusa perfecta para que la autora nos haga ver el absurdo mundo de los adultos, en especial cuando son padres primerizos, a través de los ojos de un bebé. Después asistimos al crecimiento de Déodat y a su adaptación a esa realidad que hay de puertas afuera, donde su fealdad causa repulsión y rechazo, hasta que él los supera a base de su inteligencia.


Nothomb hace que Déodat el feo, el raro, soporte impermeable el bullying de los compañeros de estudio, y al fin se vuelva no solo observador de la sociedad, sino también un apasionado de las aves.


Pero Déodat no es el único protagonista de esta historia. También conocemos a Trémière, que es el caso contrario: su extraordinaria belleza irrita a todos, y para despojarla de su perfección le cuelgan el mote de estúpida. De esta forma, se convierte en una niña solitaria y abstraída, lo que refuerza aún más su imagen de tonta sin remedio. Es bella, pero también extraña, introvertida, se siente despreciada.


Las similitudes entre la obra de Amélie Nothomb y la de Perrault son manifiestas desde el principio, pero incluso así, el cuento hace acto de presencia dentro de la trama.

Tanto Trémière como Déodat lo leen y se sienten identificados con sus personajes: ella, con la princesa bella y boba, obviamente, y él con el horrendo pero encantador protagonista. El parecido es tan evidente que todos le adjudican a Déodat el apodo de Riquete, de ahí el título del libro.


Al igual que el cuento de Perrault, la historia de Amélie Nothomb pone de relieve el encanto de la inteligencia y cuestiona el don de la belleza, que por exceso o por defecto puede ser una condena. Pero Nothomb también habla de la infancia, de la maternidad, de la escuela como terreno hostil, de la naturaleza del deseo y del amor. Y es que “Riquete el del Copete” parece una historia sencilla, pero gracias a una escritora tan brillante como Amélie Nothomb, esconde reflexiones sobre temas universales. Y una historia donde la autora se permite un final feliz para una pareja nada común.


Para leer con el deseo de descubrir la belleza en otros lugares, más allá de lo evidente.

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