En una nueva edición de Cocina a 8 manos cuatro de los más importantes chefs de la ciudad -Gustavo Kakazú, Norberto Niemetschek, Rubén Rivero y Ernesto Teplizky- cocinarán a beneficio de la Fundación Hospital de Niños.

Textos: Revista Nosotros. Fotos Pablo Aguirre.

 

El Dream team gastronómico ya está calentando motores o, mejor dicho, encendiendo los fuegos para concretar la cuarta edición de Cocina a 8 manos.

 

El almuerzo benéfico se llevará a cabo el sábado 30 de septiembre y el lugar elegido es una vez más, el Puente Colgante de la ciudad.

 

Al igual que en las tres ediciones anteriores, una exclusiva propuesta gastronómica es la excusa para colaborar con la Fundación del Hospital de Niños Orlando Alassia.

 

El menú especialmente diseñado para esta ocasión por los chefs de nuestra ciudad Rubén Rivero, Ernesto Teplitzky, Gustavo Kakazú y Norberto Niemetschek retoma la alta cocina gourmet, con una variada carta.

 

“La propuesta incluirá una ensalada con salmón ahumado de entrada, vuelve el sushi, una carne roja típica argentina con guarniciones de papines andinos, y el postre es arroz con leche con compota de frutillas de guarnición. Y tenemos pensadas algunas sorpresas”, cuentan los 4 en conjunto.

 

“Entonces ofreceremos un mix: una entrada mediterránea, cocina oriental, carnes asadas, algo que es bien nuestro, y un postre clásico pero con una vuelta de tuerca bien gourmet. Desde el punto de vista gastronómico siempre tratamos de mejorar y elevar la apuesta, sorprender con algo distinto”, resume Ernesto Teplitzky.

 

Para la edición de este año se contempla invitar a 150 comensales. “Ampliamos la cantidad de comensales por la demanda, debido al éxito de la edición pasada. Por otro lado, también tratamos de redoblar el esfuerzo para que el beneficio para el Hospital de Niños sea mayor”, explica Norberto Niemetschek.

 

Este encuentro ya es un hito en la agenda santafesina, por la propuesta original en sí, por la dedicación y esmero de todos los participantes y por el magnífico escenario natural y emblemático del Puente Colgante.

Los artífices de Cocina a 8 manos

 

Gustavo Kakazú, además de chef es Licenciado en Marketing. Hace sushi. Su abuela le enseñó, y él siguió perfeccionándose. En Japón, sólo los grandes chef se atreven a hacer todas las variedades de sushi. Gustavo aprendió a hacer las variedades americanas, ya que aquí comemos una especie de sushi-fusión. “Los verdaderos maestros de sushi llevan toda su vida preparándose. Jamás podría decir que soy un experto, me daría vergüenza. Yo hago sushi. Frente a los maestros de Japón, soy apenas un aprendiz”, afirma.

 

 

Norberto Niemetschek cocina desde chico, y aprendió de su abuela y de su madre.  “Mi fuerte en la cocina es la planificación y organización. Más allá de qué tipo de cocina deba hacer. No tengo una especialidad. Creo que un cocinero profesional debe hacer bien todo”, sentencia.

 

Rubén Rivero comenzó con la gastronomía en el año 1990. Confiesa que la gastronomía no es su herencia familiar, es más bien una inquietud propia. Estudió con el Gato Dumas en Rosario, y acompaña a Francis Malmann todos los años en el evento Food and Wyne, y hace los 7 fuegos. A mí me toca siempre el sexto fuego, los ojos de bife, por eso en el evento Cocina a 8 manos le toca siempre la carne a las brasas. Lo que más me gusta cocinar son pescados y mariscos, pero en Santa Fe hay que tener una carta variada, hay que tener opciones de carne de vaca y de cerdo, o pollo. De grande me empezó a gustar la pastelería. La adrenalina de una cocina de comandas es diferente a la pastelería, que es un tema para manejar con más tiempo, no es tan intuitivo”, cuenta.

 

Ernesto Teplizky fue siempre un cocinero aficionado, pero en 2001 decidió encarar la gastronomía de manera profesional. También estudió con el Gato Dumas y tuvo la franquicia del comedor Gato Dumas en Santa Fe, en la Rural. “Él decía que en Argentina no existen los chefs, que acá somos todos cocineros. Me considero un restaurantero. Mi especialidad son las brasas. También es mi comida preferida. Cualquier carne a las brasas, cualquier bichito que pulule y vaya a parar al asador. La cocina permite innovar e inventar, es bien libre. A mí me gusta mucho lo que hago. En 13 años de gastronomía necesitás tener pasión, porque se trabaja bajo presión siempre, te cortás, te podés quemar, te puede salir mal un plato. Por eso, si no te gusta, es mejor que elijas otra cosa”, reflexiona.