Cocina Terapia


Es el corazón de la casa, un meet point, un lugar de encuentro. Reúne y convoca, tiene encanto y atractivo, remite a lo que se llama «calor de hogar», a lo casero, a lo hecho con amor. A lo largo de estos días de cuarentena y prisión domiciliaria tomó aun más protagonismo.

Textos. Nadia Novillo.

Luego del vestidor, la cocina ocupó el ranking del espacio del hogar más elegido para atacar el caos y poner orden.

Sucede que al pasar más tiempo en casa, al tener que extremar los cuidados de limpieza e higiene, al incorporar nuevos hábitos de sanitización de alimentos y vegetales fuimos descubriendo el exceso y la acumulación de cosas innecesarias que hay en este espacio.

El hecho de rociar con alcohol de manera frecuente puertas, manijas picaportes, la necesidad de desinfectar en forma permanente mesas y mesadas obligó a despejar, a hacer descarte.

Si tenemos menos, si solo conservamos lo que es de utilidad y necesario, se facilitan las tareas de orden, limpieza y mantenimiento.

Se entendió la importancia de liberar la puerta de la heladera de imanes, recordatorios, fotos y souvenirs; no por una cuestión de estética, no se trata si me gusta o no, sino por una razón estrictamente de higiene, ya que esto acumula grasitud propia de los procesos de cocción, se pega el polvo y se junta mugre.

Las tareas del hogar y los roles se multiplicaron, lo que antes era delegado en personas que ayudaban en casa tuvo que ser asumido y resuelto por el grupo familiar.

Mamá y papá de la noche a la mañana tuvieron que hacer home office, pero al mismo tiempo ser profes, enseñar, explicar nuevos temas, ponerse a investigar y estudiar a la par de los niños, hacer deberes escolares.

En simultáneo, hacer la limpieza y mantenimiento diario, cocinar, lavar, planchar, encargarse de las plantas el jardín, lavar el auto y sigue la lista…

Surgió la necesidad imperiosa de simplificar las tareas y justamente la organización y el orden nos proporcionan en gran beneficio de facilitarnos el día a día.

Se descartaron electrodomésticos en desuso, cosas rotas, vajilla cachada, tapas huérfanas sin su recipiente, manteles manchados, utensilios inútiles, ollas de teflón ralladas que dejaron de ser antiadherentes, sartenes sin asas, se despojaron las mesadas, se desecharon alimentos vencidos.

Se hizo una limpieza profunda, la cocina ganó magia.

Se dio un fenómeno generalizado, a nivel mundial, canalizar la ansiedad, las emociones, preocupaciones y angustias a través del arte culinario.

Agasajarnos y mimar a los nuestros con una rica comida. Cocinar en serie, en cantidad, hacer batchcooking, para planificar las comidas semanales y tener stock de menús resueltos en el freezer.

Nos volvimos más creativos, comenzamos a inventar recetas a resolver con lo que había en casa.

El #YoMeQuedoEnCasa #QuedateEnCaSa #SigamosEnCasa fue una invitación a innovar en la cocina, el que nunca lo había hecho se animó a probar con recetas fáciles, al que le gustaba cocinar se hizo más experto y lució con nuevos menús. Todos comenzaron a publicar imágenes de sus platos, a compartir sus fórmulas gastronómicas, se volvió a hacer todo casero, desde pan, pastas, chocolatería, pastelería, yogures, hamburguesas, milanesas, etc.

Se comenzó a incursionar en opciones más saludables. Cocinar se convirtió en un plan para hacer en familia e involucrar a los niños para amasar, hacer galletas, trufas, y también para acercarnos de manera virtual a nuestros familiares.

A través de la cocina se acortaron las distancias y se generó complicidad entre hijos adultos y sus padres, entre los nietos y abuelos. Cocinar juntos a través de una videollamada en la que mamá o la abuela van guiando con los ingredientes, el paso a paso de la preparación, los tiempos de cocción.

Hubo padres y abuelos que enseñaron a su hijos y nietos a prender el fuego y hacer asado.

Enviar una de nuestras especialidades a un familiar también nos permitió achicar distancias y sentirnos más juntos, hacerle llegar un postre preferido a un sobrino, una mermelada hecha con los cítricos del jardín, recibir la tarta de mamá o las empanadas de papá, la torta de una hermana.

Se dio un gran trueque de paquetes y viandas y en cada uno de esos intercambios se camufla y escabulle ese encuentro, ese abrazo, ese beso que por el momento estamos privados de darnos.

También es un gesto de compañía y empatía hacer llegar algo rico a un vecino que está solo e incluso, cuando salimos en contadas oportunidades a hacer compras, llevar algo para convidar y entregar a quien crucemos en el camino.

Los almuerzos familiares de los domingos, donde antes había una larga mesaza, quedó reducida sólo a los integrantes de casa pero se sumó un nuevo comensal, una pantalla dividida en muchos cuadraditos donde cada subgrupo va mostrando que se prepara algo a la parrilla, o unas pastas. Se levantan las copas y se brinda, pidiendo salud y que ojalá pronto volvamos a reunirnos de la manera que lo hacíamos antes. Mientras tanto esta es la nueva modalidad que encontramos para sentirnos unidos y mantener nuestra tradición y ritual dominguero tan argentino.

Lo mismo hicimos con las famosas peñas de amigos, no hay una encargada de reservar lugar sino de generar una reunión virtual, cada una con su trago preferido en mano y se establece menú, todos comiendo pizzas. Esas salidas que antes eran sólo de mujeres o solo de hombres, ahora tienen como música de fondo voces de los niños que aparecen a saludar y parejas que se asoman a preguntar de qué nos reímos tanto y cómo podemos hablar todas juntas y a la vez.

Ahora hacemos cafecitos o mates virtuales.

Los festejos de cumples también adoptaron esta nueva modalidad, cada uno decora con globos, aparece con cotillón, se soplan las velitas, pero nos las ingeniamos para que todos reciban su porción de torta, dulces y compartir ese momento a través de la pantalla.

Quizás en este tiempo muchos de nosotros sin proponérnoslo y sin saberlo estuvimos haciendo de manera inconsciente cocina-terapia, reduciendo ansiedad, calmando el estrés, disipando angustias. Nos sentimos aliviados y reconfortados incursionando en esta nueva labor culinaria, jugando a ser los chefs del hogar.

En estos tiempos más que nunca puedo afirmar que cocinar llena el alma, y que el único ingrediente secreto para que todo salga rico es que este hecho con amor.

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