Un recorrido por las dos ciudades insignia del turismo del departamento Colón, para conocer sus bellezas naturales, la calidez de su gente y su aura de tranquilidad mágica.

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Gentileza Secretaría de Prensa Colón.

Bancos de arena en el río Uruguay

Colón enamora. Es amor a primera vista, cuando se descubre su río, sus costas, su verde. Y atrapa, con su acervo histórico, su gente cálida, que siempre ofrece una sonrisa, un mate, una recomendación de lugares. Recorrer sus atractivos es comprender que se camina la historia viva de ciudades que laten en conjunto para recibir al visitante.

 

Se busca ofrecer una experiencia inolvidable, y se consigue con creces. Disfrutar de la belleza del lugar, ahondar en su historia, descubrir propuestas y placeres -concretamente termas y gastronomía- sumergirse en el halo de tranquilidad que exhala este lugar, es simplemente impagable.

 

El slogan de la ciudad es “el tiempo pasa distinto”… y hay que vivirlo para entenderlo. Porque todo se complota para invitar al disfrute, a bajar varios cambios y a valorar el momento. En las costas, la serena belleza del río permite que quien desee pescar, pasear o intentar un “safari” fotográfico entre en sintonía con la placidez del paisaje. En las termas de San José, ciudad gemela de Colón, el complejo está pensado para ser una experiencia completa de relax. Los circuitos históricos, desde su hermoso museo hasta los emprendimientos centenarios, ayudan a dimensionar la historia de nuestros abuelos inmigrantes.


Colón y San José todo el año

El motor económico de los dos pueblos es el vector turístico, y para ello, ambos municipios se articulan para trabajar en conjunto. De esta manera se duplica y potencia el segmento de visitantes para ambas urbes.

 

Si hablamos de playas y río, automáticamente se piensa en un destino para las vacaciones de verano, pero en realidad, Colón y San José tienen propuestas para todo el año, comenzando por el complejo termal, ubicado a solo 5 minutos del centro comercial de la ciudad de Colón y del centro histórico de la ciudad de San José.

 

Además de la parte netamente recreativa del espacio, que cuenta con parque acuático y toboganes de agua para los más chicos -y no tan chicos-, las aguas termales de la zona ayudan al tratamiento de afecciones del aparato locomotor y respiratorio, del sistema nervioso, dermatológicas, del sistema nervioso, estados depresivos, estrés y ansiedad; y también son propicias para tratamientos de belleza, adelgazantes y anti-celulíticos.


Hay un espacio exclusiva para mayores, lejos del ruido y movimiento que genera el parque acuático, y donde se ubican las camillas de tratamiento para dolencias de espalda o contracturas.
Sumado a las propiedades terapéuticas, el complejo se asienta en un balcón natural sobre el río Uruguay, donde la vista es inigualable, y junto a una zona de reserva natural, rica en presencia de aves.

A recorrer la historia

Durante todo el año también se puede acceder a los circuitos históricos, que en Colón tienen propuestas atractivas, comenzando por uno de los museos más lindos de la Argentina, el Museo Histórico Regional de la Colonia de San José, donde la historia se puede ver, escuchar y, en gabinetes inclusivos, se puede palpar: con explicaciones en lenguaje Braille, algunos objetos pueden ser percibidos por los visitantes no videntes. Los guías acompañan al turista a una travesía que se inicia como los viajes de nuestros abuelos inmigrantes: bajando de un barco.


Las colecciones de un museo pueden mostrarse en vitrinas y lejos del público, o pueden disponerse de manera atractiva. Contar una historia puede hacerse de manera lineal o sumergiendo al oyente en el relato.

En este caso, es un museo interactivo, con matices de luces y sonidos que captan la atención y hacen del recorrido un viaje inolvidable hacia el pasado.


Molino Forclaz

Es uno de los atractivos de la zona que encierra una historia de progreso y frustración. Fue construido entre 1888 y 1890 por Juan Forclaz y constituye un símbolo del esfuerzo y tesón de los primeros colonos que habitaron la colonia San José en Entre Ríos. Es Monumento Histórico Nacional desde el año 1985 y Patrimonio Arquitectónico e Histórico de la Provincia de Entre Ríos desde el 2003. Destinado a moler granos de trigo y maíz fue construido al estilo holandés. Para su funcionamiento necesitaba vientos potentes; es por esto que nunca llegó a funcionar plenamente. Su dueño tuvo que volver a utilizar el antiguo sistema de molienda a malacate.

 

Este molino, junto a una antigua vivienda, los galpones para depósito de herramientas de labranza, el molino de malacate y el aljibe, conforman un conjunto arquitectónico representativo de lo que eran las chacras de inmigrantes de la Colonia San José. El museo es accesible y la descripción de objetos también se encuentran en Braille en cada sala.

Filtrado de licores, en Licorería Bard

Dos empresas centenarias

Licores Bard es una fábrica de licores artesanales fundada en 1908. “Desde ese entonces continuamos tal cual lo elaboraban nuestros antepasados, ya que es un producto totalmente natural y artesanal, que se prepara con frutas y productos autóctonos de la zona (yatay, naranja y miel); siendo la cuarta generación con esta hermosa tradición familiar”, contó Olga, mate en mano, durante la recorrida.
“A partir del 2008, año en que la licorería cumplió su cumpleaños número 100, comenzamos a realizar la visita temática guiada ‘Licores Bard desde adentro’. En el recorrido por la fábrica conocerán la cocina de jarabe, el lavadero de botellas, el salón de elaboración y por último serán invitados con una variada degustación”, concluyó.

Parte del museo de bodega Vulliez Sermet.

La bodega Vulliez Sermet es la única bodega de Entre Ríos que retomó su actividad productiva.

 

La casa de la bodega fue construida por el inmigrante suizo Joseph Favre en 1874. Fue una de las tantas bodegas que quedaron abandonadas luego de la ley de prohibición: en 1936, bajo el gobierno de facto de Agustín Justo, se promulgó la ley donde se prohibía la producción de vino y de uva para la comercialización en todas las provincias que no fueran parte de la región de Cuyo.

 

Cuando en 1997 se levantó la prohibición, la familia decide revivir el proyecto de sus abuelos. En el 2003 arrancaron con tres hectáreas de viñedos y se comenzó con la reconstrucción de la bodega, que es la primera en la provincia desde la abolición de la ley de prohibición.

Equipada con la tecnología necesaria para elaborar vinos de alta gama, ha recibido varios premios a nivel internacional. Hoy, la producción supera las 70 mil botellas anuales, aunque su capacidad total de producción es de 260 mil litros. El vino Vulliez Sermet se elabora exclusivamente con uva de sus viñedos.

Actualmente los vinos Vulliez Sermet se comercializan sólo regionalmente. Cuenta con cabañas junto a los viñedos, y una casona para realizar fiestas y reuniones empresariales.

Geoda de cristales de la colección de Selva Gayol.

Tesoros de las profundidades

También entre los recorridos que nos deparan los caminos de la zona, justamente entre Colón y San José se encuentra el reservorio de piedras semipreciosas de la artesana Selva Gayol, que tiene una magnífica colección de piedras, drusas y geodas, donde suma fósiles y troncos petrificados, imperdibles para ver las maravillas de las entrañas de la tierra en directo.

Todos estos lugares consignados se pueden visitar durante todo el año, y para la temporada estival se suman los atractivos naturales de las playas, las islas y los bancos de arena, además de la Feria de Artesanos más importante del país. Y también durante todo el año se puede disfrutar de un rico pescadito, tomando un vinito, a la vera del río.