Comenzó el invierno y con él la temporada ideal para disfrutar del sabor exquisito del cacao en sus múltiples variedades.

 

Textos. Revista Nosotros.

 

Colores, sensaciones, sonidos, olores y sabores se entremezclan con perversidad para nuestro mayor placer. Agofa nos cuenta cómo el chocolate y sus mil perfumes mágicos hacen latir alocadamente el corazón y consuelan a la vez el cuerpo y el espíritu.

 

COLORES. Una presentación sofisticada fascina nuestro sentido e invita a desflorar un objeto tan prometedor como único. Una vez puesto al desnudo, el chocolate seduce por su infinito camafeo de marrones: rubio miel, ocres, caobas… El aspecto satinado de su brillantez contribuye aún más a encender la mirada de deseo.

SENSACIONES. El contacto sensual con su textura, a la vez lisa y suave, despierta la sensibilidad táctil y nos permite apreciar la delicadeza de su grano y el aterciopelado de su pasta. Las deliciosas sensaciones contadas con los dedos ya nos hacen agua la boca.

SONIDOS. Un oído atento informa sobre la consistencia de semejante tesoro. El ruido nítido de lo crocante -claro entre las manos, grave entre los dientes- constituye un sonido provocador que, reavivando nuestra memoria auditiva, exacerba aún más la tentación.

OLORES. Comenzamos a degustar el chocolate con el aliento contenido. Percibimos los distintos sabores. Luego dejamos liberar nuestro sentido y descubrimos los efluvios cálidos y pesados, con aromas poderosos y profundos, combinados con la delicadeza de caramelos y vainillas.

SABORES. Mordemos… ¡y nos derretimos! Toda una avalancha de sensaciones fascinantes se elabora al instante a partir de la excitación lingual. Quedamos hechizados por la suave armonía entre el amargor que da cuerpo, el dulce que suaviza y la acidez que acentúa los contrastes. Miel, almendras, nueces y cerezas otorgan la frescura frutal que lo desborda de pureza. Su masticación provoca numerosas percepciones: primero una textura crocante, luego fluida y fina sin ser grasa y finalmente, fundente y untuosa.

 

Bueno para la salud

 

El chocolate es un alimento dotado de excepcionales cualidades nutritivas. Es muy rico en magnesio y potasio. Posee fósforo, calcio, hierro, sodio, cobre y flúor. Aporta un cóctel ideal de vitaminas A, B1, B2, PP, C, D y E. Gran tonificante y regenerador del intelecto, este exquisito estimulante del sistema nervioso y la concentración se atreve a rebatir algunas creencias. El chocolate no afecta al hígado, y lejos de ello ayuda a disminuir el colesterol y purificar las arterias. Tampoco está prohibido, en su justa medida, para diabéticos o personas con sobrepeso.