Como en un collage


por Lucila Cordoneda


Una flor acá, otra más allá y un camino largo que baja y se pierde…


Qué fondo puede resultar más atractivo, cuál es conveniente para que la imagen principal se destaque, qué escenas priorizar, cuáles posicionar como secundarias… en fin, interrogantes varios que van apareciendo a medida que intento avanzar en mi estrenada pasión: los collages.

Más allá del desafío que significa sentarme en la compu e intentar dominar el Photoshop, algo que muy dignamente voy haciendo, lo que verdaderamente me apasiona es el ejercicio de selección. Corazones, flores, frutos, olas, mucho vintage, retro a granel y la palabra, siempre la palabra.

Esa tarea de pensar en primer lugar, qué es lo que me propongo decir a través de esa composición, qué intento comunicar y, desde ahí, comenzar a bucear en el inacabable mundillo de la imagen, de los colores y de las sensaciones miles, puede resultar sin dudas fascinante.

“Tengo un mundo de sensaciones, un mundo de vibraciones que te puedo regalar”, oh yeah baby… y son los collages.

Ok, vayamos volviendo a la pista porque estamos al borde de la banquina ameas.

En realidad, y como suele suceder en este mundo que habito, una cosa me va llevando a la otra y la otra a la una y me encuentro de repente divagando sin timón en el berenjenal desmesurado de mis ideas.

Y entonces… lo que podía o debía pasar. “Tácate”, en un abrir y cerrar de ojos y de cuores, el collage de mi vida.

Personas, algún que otro personaje también, instantes, respuestas, pueblitos, sabores, perfumes, gajos de piel, pechos nunca abrazados y besos no siempre estampados, luchan por pegotearse y “collagearse” en mi aturdida testa (suponiendo que valga verbalizar el sustantivo común concreto individual: collage).

Y entonces, un corta y pegue lujurioso se apodera de mi, y me sumerjo en patchwork desenfrenado en el que salen y entran escenas, escenarios y actorcetes como en un “pase y vea” tan jugoso como desquiciado.

“A este lo borro”, “a aquella la barro”, “por acá paso corrector”, “más allá pego una presencia deseada y nunca lograda”, agrego frases nunca dichas y miles de veces ensayadas, copio y pego actos valerosos (no siempre propios), desvanezco frustraciones, amplio momentos sagrados. Y así pasaría días en un divague surrealista, mouse en mano, componiendo escenas y subtitulando mundos, rodeada de un cosmos tumultuoso y fértil.

Pero no puedo, porque no es cierto. Porque no está pasando de veras y porque lo que fue, ya fue, se unió, se acopló y se pegoteó como pudo, donde pudo y con quien pudo. ¿Y lo que vendrá? qui le sait. Pero ahí estará, sin mouse, sin enter y con la posibilidad cierta y escalofriante de editar, de crear vida, de interpretar papeles y disfrazar locuras.

Claro que si ameas, editemos lo que viene, lo que vino, lo que nos pasó por encima y lo que, sabrá alguien, cómo y cuándo llegará. Démosle rienda suelta al corte y pegue, remocemos, aliviemos, deformemos, lo que no resulto demasiado atractivo o copado de llevar, dupliquemos lo bueno, ensamblemos y, si te cabe borrar algo, hacelo. Lo dejo a tu criterio. Pero “collageá” a tu gusto e piacere porque al fin de cuentas al ratoncito lo manejas vos y nadie más que vos tiene derecho a comerse tu queso.


Y ya que estamos en tren de editar y sincerar, si te va, date una vuelta por Mal Aprendida en las redes y chusmeá los collages que, no se si son una bomba, pero son mi bomba, la que yo misma armé, con lo que yo elegí, combiné y descarté.


¡Arrivederci Roma!

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