Cómo gestionar emociones según un grupo de jóvenes alpinistas holandeses


El diálogo sostenido con tres aventureros holandeses nos invita a pensar varios temas que hacen a la psicología humana y su relación con el trabajo.
Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

De mi primer viaje a Mendoza rescato dos cosas: la primera, lo amable de su gente, y la segunda, lo imponente de sus montañas. Respecto del primero de los puntos, no fueron pocos quienes me lo discutieron aquí en la ciudad aduciendo justamente una experiencia contraria. Intercambios de opiniones en definitiva que confirman nuevamente la particularidad de cada viajero, pienso para mis adentros…


Acerca de la grandiosidad de la Cordillera las percepciones son unánimes y no ameritan mayor detenimiento respecto a sus cualidades. Lo que sí necesito decir es que fue justamente al pie del Aconcagua cuando nos cruzamos con un grupo de holandeses que se habían animado a trepar a nuestro pico más alto.


Recuerdo sus caras, de finos rasgos pocos expuestos al sol. El pelo pegadísimo, cual si les hubiese caído un tarro de aceite encima. Las manos curtidas y callosas. Sus ropas, que emanaban un olor acre y luego, todos los pertrechos indispensables para la travesía: carpa, termos y otros chirimbolos extraños para quienes no nos dedicamos al montañismo.


De apellidos Verhoeven, Battista y Singularits Bits resulta que tenían por afición recorrer el mundo con la excusa de hacer distintas cumbres, algunas con mayor dificultad que otras pero siempre “desafiantes” en sus propios términos.


Sus padres cuentan con una holgada situación financiera (los de uno dedicados al comercio internacional de tulipanes, los del otro al negocio de los diamantes y el último, un empresario textil indio formado en Oxford).


Comenzaron a darse este tipo de gustos un poco por placer y otro poco por rebeldía. Resulta que los tres habían sido sometidos a modos de crianza sumamente rígidos y estrictos, los que no incluían castigos físicos pero sí una férrea educación y exigencias muy por encima de las que un chico está habituado a esa edad. En cada familia flotaba el deseo de que su hijo tomase el control de los negocios cuando adulto, por lo que era condición que se formase en las mejores casas de estudios y además que pueda mamar altas responsabilidades desde temprana edad.


Dado mi carácter más bien curioso lo admito, me decidí a preguntarles un par de cosas en mi pésimamente mal pronunciado inglés. Siempre quiero saber qué mueve a las personas a estas cuasi epopeyas. De ese diálogo, quiero hoy compartirles sus momentos más jugosos.

¿Cuánto hace que se dedican a esto y qué lugares visitaron hasta ahora?
Verhoeven: Comenzamos allá por 2008. En ese momento estábamos en la crisis global y eso nos hizo dar cuenta que si no hacíamos algo por nosotros mismos, nadie iba a hacerlo”.
Singularit Bits: Si. Necesitábamos tomar el control de nuestras vidas” acota .
Battista: En mi caso, no tenía muy claro qué estudiar. Nada me entusiasmaba y estaba muy confundido. Por suerte ellos me convencieron de acompañarlos y aquí estoy. Me convertí inclusive en el más fanático del grupo.

¿Cuáles son, según su experiencia, los momentos más importantes en la travesía?
Battista: Mira, hay tres situaciones claves: la primera, previa a subir, con toda la adrenalina encima. Aquí debes tratar de no marearte en esa especie de borrachera de alegría y mantener la calma. Ser racional en este punto es lo que te permitirá tener una buena planificación y no olvidarte ningún objeto que en la altura podría ser indispensable. De hecho, una vez nos dejamos nada menos que las botellas con agua, lo que nos obligó a perder uno o dos días completos para solucionar la cosa.


Luego, por lo general en alguna parte de la ascensión (si se trata de alguna montaña algo complicada o a veces por el clima) vas a tener muchas ganas de abandonar y bajar. Te aparecen pensamientos como “para qué diablos me embarqué en esto, pudiendo estar tomando café junto a la chimenea… quién me obliga a sufrir tanto…” y cosas por el estilo. Nos pasa a la mayoría de nosotros y, si sorteás ese punto crítico es casi seguro que hacés cima. No hay cena que compartamos en la que no salga el tema del Lanín. Ahí, uno de nosotros (no vamos a decirte quien para que no se ofenda) en un momento se sentó a llorar como un chico y empezó a repetir que no podía más, que no le daban ni las piernas ni los pulmones, que quería abandonar esto y nunca más volver a la montaña. Estaba muy complicada la cosa pero, entre los otros dos, lo conversamos tanto que al final lo convencimos de seguir adelante. Por suerte también ese día el clima acompañó y pudimos hacer cumbre….


Finalmente Verhoeven agrega; “Y lo más importante de todo: no quedarse embobado mirando el paisaje”. La verdad es que me sorprende mucho escucharlo. “¿Pero cómo? ¿No suben especialmente a eso? ¿A ver el paisaje desde lo alto?”. “Es una metáfora que usamos los alpinistas, Gustavo… No seas tan literal”. Antes de enojarme con Singularit Bits por su último comentario decidí continuar escuchando. Y menos mal… “Es nuestra manera de decir que cuando llegaste a una meta, no debés ‘dormirte en los laureles’ como dicen ustedes y avanzar hacia la siguiente”.


LECTURAS VARIAS Y APLICACIONES


Soy un convencido que una de las formas más divertidas de aprender es a partir de conocer gente y sus historias.

De hecho, ahora parece que inventaron una manera nueva de transmitir conocimiento basado en esto, el denominado storytelling. Evidentemente, el diálogo sostenido con estos tres, además de haberme permitido ejercer mi maltrecho inglés, nos invita a pensar varios temas que hacen a la psicología humana y su relación con el trabajo.


Por ejemplo, una vez más lo digo, la importancia crítica de la Planificación versus la Improvisación. Es primordial que comprendamos que la segunda, sin duda una excelente forma de evidenciar el talento individual, solo será posible en tanto y en cuanto exista una fase previa, capaz de adelantarse a los hechos, previéndolos. En otros términos, acepto que admiremos a los improvisadores o repentistas siempre y cuando admitamos que existen a partir de que han planificado con antelación las cosas.

Qué nos dicen los alpinistas: “La travesía comienza mucho antes de subir. Cuando eliges dónde ir, con quiénes, el camino a seguir y los recursos necesarios. Solo cuando estás ciento por ciento seguro de que has tomado estas buenas decisiones iniciales, solo ahí podrás sentirte seguro de comenzar con la excursión”.


Segundo, lo clave del autoconocimiento. Cuando aparece la llamada “pared” mental y pensamos que no podemos más, es fundamental que sepamos de la manera más realista posible cuál es el límite de nuestras posibilidades.

En el ejemplo, involucra la parte física y la anímica. “La primera la aprendes en los entrenamientos. La segunda, con mucha introspección”, acota Battista. Respecto al segundo punto no es tan sencillo llegar a obtener un juicio objetivo acerca de por qué pensamos algunas cosas cuando nos suceden otras, pero sí afirmo que es el comienzo del desanudamiento de muchos problemas. Tal como le sucede a los deportistas, en esa situación límite, también a nosotros nos pasa que en determinados momentos sentimos no poder más. Que las cosas nos sobrepasan y no podemos con ellas. Para sortearlo debemos tener a mano esta herramienta primordial que Sócrates gritaba a cuatro vientos: “Conócete a ti mismo”.


Y siguiendo con ello ¡qué importante es contar con amigos en estas situaciones! De forma más elegante, los psicólogos llamamos a esto recursos o lazos sociales los que, además de ser indicadores contundentes de nuestra salud mental, nos permiten sostenernos en esos momentos críticos. La presencia de otro que nos entienda, contenga, escuche y nos acepte sin juzgar es un arma poderosa para atravesar episodios traumáticos o complejos.


Por otro lado, en lo atinente a la tolerancia a presiones, debo decir lo obvio: es mucho más sencillo lograrlo si te gusta lo que hacés. Puedo asegurar con firmeza que si tu trabajo tiene sentido, te identifica, lo hacés junto a compañeros piolas y te toca un jefe humano serás capaz de soportar esfuerzos muy superiores a los que si estas condiciones no se dan. En este sentido, cada vez que me instan a analizar el grado de tolerancia a presiones de una persona, lo primero que pregunto es por estas variables ya que, más allá de las particularidades en nuestra constitución subjetiva hay cuestiones de contexto que afectan, y mucho, a nuestro umbral para absorber dificultades.


Finalmente, lo que estos chicos mencionan como “no quedarse mirando el paisaje” equivale a platearnos siempre cierta inconformidad. Pero ojo, no es el disconformismo o la queja constante del que nada le viene bien sino de aquel que está convencido de que mejorar continuamente es lo que permite estar vivo. Salir de la zona de confort es evitar esa sensación narcotizante de una tumba blanda y también asumir que tenemos la chance de elegir todos los días qué vida queremos para nosotros.

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