La bella ruta que une San Francisco con Los Ángeles está salpicada de pueblos sorprendentes junto al mar.

 

Mario A. Laguzza (*)

La pequeña localidad de Carmel.

Después de haber permanecido por unos días, partimos hacia el sur con rumbo a Los Ángeles. En San Francisco, ciudad bonita y pintoresca como pocas, recorrimos y descubrimos todo lo que pudimos: sus emblemáticos puentes, como el famoso Golden Gate que nos conduce a la apacible y bella Sausalito, los muelles del puerto, la isla de Alcatraz donde se encuentra la conocida penitenciaría, el barrio chino, el Museo de Bella Artes que se encuentra dentro del extenso parque Golden Gate, los recorridos que hicimos en sus clásicos tranvías, donde apreciamos las casas de arquitectura victoriana que contrastan con los modernos rascacielos de su distrito financiero, su imponente Centro Cívico, las vistas panorámicas de la ciudad, su extensa bahía y los puentes, que pueden apreciarse desde los diferentes puntos elevados que ofrecen su topografía, etc., etc.

 

Dejamos atrás esta ciudad y ya estamos circulando por la carretera costera que bordea el océano Pacífico, donde debemos recorrer los 500 kilómetros que nos separan hasta llegar a la ciudad de Los Ángeles.

 

Luego de dos horas de viaje, pasamos por la ciudad de San José donde se encuentra la famosa universidad de Standford, y muy cerca de allí, se levanta el polo informático y tecnológico de Silicon Valley, famoso en todo el mundo.

 

Continuando con nuestro viaje hacia el sur, llegamos a la pequeña ciudad de Monterrey que se caracteriza por ser un importante puerto pesquero. Además posee un acuario de grandes dimensiones.

 

A pocos kilómetros de Monterrey se encuentra la localidad de Carmel a la cual se llega bordeando el Pacífico, por un pintoresco camino sinuoso decorado por un bosque de variadas coníferas y hermosas mansiones que se caracterizan por sus grandes ventanales para poder apreciar el mar y sus olas que se rompen en las rocas de su acantilado.

 

También se destacan aquí varios campos de golf donde se juegan campeonatos de carácter internacionales. Todo este bello lugar, se lo denomina “El Paseo de las 17 Millas”. La verdad que es un lugar hermosísimo.

 

Finalmente arribamos a Carmel, pequeña localidad con edificación mayoritariamente de estilo europeo germano. En este bonito lugar vive gente de mucho dinero y todo es muy prolijo con semejanza a un cuento de hadas.

 

 

En Carmel fue alcalde entre los años 1986 a 1989 el actor y director de cine Clint Eastwood. Por supuesto que en este “paraíso” nos quedamos un día entero.

Santa Bárbara.

Polo periodístico

 

Al día siguiente, de vuelta a la ruta y recorrido algo más de 100 kilómetros, llegamos a una pequeña población llamada San Simeón que se encuentra a unos 350 kilómetros al sur de San Francisco, y a 250 kilómetros de la ciudad de Los Ángeles. En este lugar se encuentra una pequeña montaña denominada La Colina Encantada de sólo 468 metros sobre el nivel del mar. Gran parte de la misma se encuentra cubierta por diferentes especies de árboles, entre los que se destacan los robles. Nada tendría de particular esta colina, si no fuera por el enorme castillo que se encuentra sobre ella.

 

Este lujoso castillo pertenece a la familia Hearst, hoy convertido en museo. El mismo se construyó en la primera mitad del siglo XX y se inauguró en 1925 para residencia de la familia Hearst. Este apellido es sinónimo de poder en el periodismo de los Estados Unidos. Esta familia es dueña de uno de los grandes imperios del periodismo y tiene su base en California.

Hollywood, Los Angeles.

William Randolph Hearst fue el fundador de esta editorial y el que la llevó a su esplendor. Creó una gran cadena de periódicos, de los cuales Los Ángeles Times es el líder.

 

Hearst introdujo dos novedades importantes en el periodismo de aquellos tiempos: comenzó con los grandes titulares y utilizó las fotos de gran tamaño.

 

El castillo que hoy visitan los turistas de todo el mundo en California es parte de su legado.

 

Luego de visitar esta fastuosidad, proseguimos nuestro recorrido hacia el sur para hacer la siguiente escala. Aquí “retrocedimos 100 años” y nos detuvimos en Solvang. Es una acogedora localidad de marcado origen danés, donde los molinos, las casitas y la amabilidad de los vecinos nos hicieron sentir en otro momento de la historia.

 

La verdad que esta prolija localidad, es una pinturita.

 

Estamos de nuevo en la ruta y nuestro próximo destino es la ciudad de Santa Bárbara, distante a un poco más de 100 kilómetros. Esta bonita y moderna ciudad pero que exhibe en su arquitectura un aspecto colonial español, tiene una población de unos 140.000 habitantes y se ubica entre las playas del Pacífico y las montañas de la Cadena de la Costa.

 

Santa Bárbara es una ciudad que vive principalmente del turismo. Tiene buenos hoteles, galerías comerciales, muchos restaurantes, etc. Sus calles principales presentan mucha animación. Tiene algunos museos, como por ejemplo, el Museo de Arte, el de Historia Natural, etc.

 

El edificio de la Corte presenta una arquitectura mixta entre lo moderno y colonial español con sus techos de tejas rojas. La iglesia de Santa Bárbara, es denominada “la Reina de las Misiones” y data del año 1786. Bueno quedamos muy encantados con esta ciudad, por la calidez de sus habitantes y sus mansiones frente al mar.

 

Y ahora para finalizar nuestro viaje, ponemos rumbo a la metrópolis más importante de California y segunda ciudad del país (después de Nueva York) que es la ciudad de Los Ángeles, de la que nos separan 150 kilómetros de esta ruta que corre junto al mar.

 

Al día siguiente de llegar a esta gran ciudad, teníamos que programar algunos de los muchos sitios a conocer, por ejemplo: Hollywood, Beverly Hills, Santa Mónica.

 

Malibú y su museo J. Paul Getty que es un palacio espectacular, la colina donde se encuentra el Griffith Park Planetario, la Ucla que es una Universidad del sur de California, etc., etc.

 

En esta ciudad hay una gran mezcla de culturas, tanto de los diversos países de Latinoamérica, como del oriente asiático.

 

Fue éste un viaje tan gratificante que no tengo dudas de que lo volvería a hacer. fue uno de esos viajes de los que uno no se olvida.

 

(*) El autor de la nota hizo este recorrido en agosto de 2015.