Consejos para pedir un aumento de sueldo


Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

Marco Antonio Capitano se llama el joven profesional que ingresó a nuestra empresa en la primavera de 2015.

Fue como trainee en uno de esos programas que están muy de moda en las multis: La idea es captar talentos jóvenes y desarrollarlos en la Compañía, mediante el aprendizaje sucesivo en distintos puestos de trabajo. De este modo, luego de unos años, el muchacho cuenta con el suficiente conocimiento para asumir posiciones de mayor jerarquía y responsabilidad.

Marco había nacido en Jardín América, cuestión que lo tornaba el referente más consultado a la hora de saber cómo se cura el hígado posresaca utilizando yuyos. También, debo decir que esta tendencia lo convertía en blanco de las críticas cuando un compañero de la ofi, inadvertido, tomaba un mate sin preguntar y hallaba un indiscutible sabor a malva, burro u otras hierbas similares.

Venía de una familia acomodada de Misiones. Había sido educado en buenos colegios y luego enviado a estudiar Ciencias Económicas a la ciudad de Córdoba por tradición familiar, ya que su padre y abuelo eran graduados de dicha Universidad.

Como estudiante siempre se preocupó por lograr resultados, pero no de formas bilardistas, a cualquier precio, sino a partir de muchas horas con el traste pegado al asiento. Por suerte los números lo acompañaron hasta el final, terminando la carrera con honores y el mejor promedio de su facu.

Y tal como sucede en otros casos, conoció a su actual pareja allí: una santafesina de ley, hija de comerciantes prósperos de la ciudad, cara mofletuda y sonrisa contagiosa. Esto explica que, una vez recibido se haya mudado a nuestra ciudad, consiguiendo a los pocos meses ingresar exitosamente al Programa de Jóvenes Profesionales.

A nosotros, como veteranos de la empresa, nos corresponde hacer sentir cómodos a los nuevos, pero admito que a veces se nos va la mano como en este caso, en el que nos hicimos muy amigos del pibe. A todos nos caía súper bien porque se lo notaba transparente, amable y nos hacía reír un montón. De hecho, en las peñas se convirtió en el indispensable, por lo que si no va, seguro varios más lo seguirán dando por sentado que la reunión “no sería la misma sin él…”.

Fue justamente en el asado de principio de junio que nos planteó su malestar acerca del sueldo en palabras muy directas: “Yo entiendo que ya pagué el derecho de piso, viejo… Hasta cuándo me van a tener con el salario de un junior… Hace tres años que trabajo y al principio entendí perfectamente que me garpaban en parte con aprender, pero ahora ya está… pienso que esa etapa ya pasó… pero me preocupa no saber cómo hablarlo con mi jefe… bah, más que preocuparme me da cagazo…”.

“Mirá Marco, a mí me pasaba lo mismo” dijo Manusa. “Y con el tiempo aprendí dos o tres cosas que siempre me dieron resultado…”.

“Lo primero que tenés que hacer es no dramatizar la cosa. Me acuerdo a tu edad, cuando hasta tenía discusiones con mi mujer por la cara de preocupación. No quería contarle lo que me pasaba, para que no me tome por inseguro o temeroso pero al final terminaba siendo peor: la bola se agrandaba cada vez más…. Así, un día mientras me duchaba (viste que ahí se te ocurren las cosas, vaya a saber porqué) caí en la cuenta de que si bien es una situación difícil tampoco es una cuestión de vida o muerte…. Está dentro de las cosas que tenés que asumir en cualquier trabajo, y por lo tanto debés mentalizarte para darle el lugar que le corresponde. Pensar que si la respuesta de tu jefe es Sí o No, no te alterará significativamente la existencia. Hay que quitarle dramatismo”.

Luego, tomó la palabra Don Maidana (lo apodamos así porque era igualito a un periodista de apellido Maidana, muy famoso en los 80s): “Yo creo que lo fundamental es tener claro lo que vas a decirle, y elegir el momento justo. Hay que pla-ni-fi-car la reunión”. (Don Maidana era el Responsable de Control de Gestión, por si no se habían dado cuenta). “Eso implica evitar, por ejemplo, los días de mayor actividad o que tu superior esté con otras prioridades; el lugar propicio (no hablarlo cuando hay gente alrededor permanentemente) y el tiempo necesario para conversar”. Y agregó, haciéndose el samurai: “No olvides que aún las mejores estrategias pueden ser negativas por un error en el momento en que son aplicadas”.

“Yo pienso que a lo anterior hay que agregarle los números, sino es todo humo” (Egardo, Auditor con 20 añitos de Compañía).
“Tenés que mostrar resultados objetivos, Marquito. Acordate de la sigla EMI: Esto es que tus goles en el empleo hayan sido Específicos, Medibles e Importantes. No caigas en argumentos como ‘Me lo merezco’ u otros similares. Siempre es mejor remitir a hechos que a opiniones, por más acertadas que sean… Y te agrego una más: No remitas a cuestiones externas, como el contexto económico. Recordá que aumentar no es actualizar. Metete en la cabeza que tu sueldo debe ser mayor no porque los precios suban, sino porque considerás que tus tareas tienen más valor que el actual”.

Y quien asentía era Chelo, gerente de marketing, que aprovechó un micro silencio para dar su opinión: “Yo te recomendaría hacer benchmarking, obteniendo información de lo que pagan empresas similares en posiciones afines. De hecho, hay Consultoras que publican periódicamente esa info”.

Ahí fui yo el que tomó la palabra. Le dije que preste atención a cosas sencillas pero claves:

1. “No te victimices”. No te pongas en un lugar de objeto, cual si fueses un ser sufriente que necesita ser salvado por un alma caritativa. No sos un pordiosero, ni tu jefe es Jesús.

2. “Usá la emotividad a tu favor. Recordás cuando…?”. Aquí la idea es lograr una conexión más allá de lo racional y de los buenos argumentos. Es una vinculación entre nuestros hemisferios derechos, si lo querés técnicamente hablando. Apelar, en este sentido, a los recuerdos comunes dará a nuestros dichos una mayor potencia y capacidad de impacto.

 

3. “Favorecer la empatía e identificación”. Continuando la línea anterior, aplicar esta competencia emocional nos acercará vigorosamente como seres humanos. Buscá con tu jefe aquellos puntos comunes, ya sea el deporte, el gusto por las motos o lo que fuese. Casi cualquier tema es válido para lograr cercanía.

4. “No plantear un duelo, sino cooperación: lo que lograremos juntos”. Es sumamente importante que te grabes esto en la cabeza. Si bien es una negociación la que llevarás adelante, no se trata de una puja de intereses. En esto soy directo: Aquí solo debe haber ganadores. Es un error garrafal plantear las cosas en términos de victoria o derrota para una de las partes.

En eso, volvió al ruedo Manusa, quien sugirió evitar la justificación personal, como el “no me alcanza”. “Te digo esto porque me pasó varias veces con mis colaboradores. Vienen y usan esa frase como principal motivo de aumento. Mi respuesta es siempre la misma, y me juego que tu jefe te diría algo parecido.

Que ni él ni la empresa son los responsables de tu economía doméstica. A vos te cabe la administración de los fondos generados, y a la Compañía pagar lo que valen tus responsabilidades. Por más que suene antipático dicho así, la idea es que no caigas en una situación de pasividad o vulnerabilidad.

¡Tomá el control del asunto!”, casi le gritó Manusa. “Otra: Evita la palabra ‘justicia’. Cuando se trata de medir objetivamente el valor de un paquete de tareas, la noción de justicia termina siendo sumamente relativa y por ende, polemizable. Por ello, te sugiero ponerla en la lista negra de términos útiles para conseguir un aumento”.

En ese momento decidí intervenir, un poco para bajar los decibeles. Se me ocurrió decirle que cuide su lenguaje corporal, evitando signos de rigidez. “Muchas veces, sin darte cuenta te cruzás de brazos, mordés con firmeza endureciendo la mandíbula o cerrás los puños. Mentalizate que no vas a pelear ni a defenderte. Vas a expresar lo que querés”.

Finalmente, tomó la palabra Don Maidana quien, práctico como siempre, dijo: “Mirá Marco, mi última recomendación es que ya fijes una fecha para la reunión y no dilates los plazos indefinidamente, porque después vas a terminar saltando mal, en el peor momento y con tus peores modos”.

En este preciso instante, mientras estás leyendo estas líneas, Marco se encuentra reunido con su jefe… Ojalá todos esos consejos sirvan para lograr su anhelo… ¿Creés que le irá bien…?.

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