A través de su extensa trayectoria Susana Baca no solo se ha convertido en un símbolo del folklore peruano -en especial del folklore negro- sino también en una indiscutida referente de la cultura americana.

 

Por Enrique Madeo.

 

Con el tiempo, Susana Baca se ha convertido en una verdadera embajadora cultural del Perú. Desde su nacimiento en 1944 ha crecido, rodeada de músicas, danzas y de las más variadas manifestaciones artísticas.

 

Muchos la descubrimos hace unos cuarenta años tomando la posta de la inolvidable Chabuca Granda; otros, con la recopilación de música peruana impulsada al disco por David Birne; y otros, recién cuando en noviembre de 2011 obtuvo el segundo Latin Grammy de su carrera por la colaboración que realizó con el grupo puertorriqueño Calle 13 en la canción “Latinoamérica”, junto a María Rita y “Totó” La Momposina.

 

Lo cierto es que todos coincidimos en que a través de su extensa trayectoria Susana Baca no solo se ha convertido en un símbolo del folklore peruano -en especial del folklore negro- sino también en una indiscutida referente de la cultura americana.

Comprometida desde su juventud con sus raíces negras, a ultranza ha defendido tradiciones y orígenes de su Perú natal, extendiendo dicha lucha a todos los pueblos americanos. Todo ello, según su humor, desde que se dio cuenta que era negra: “Antes juraba que tenía un bronceado parejo”.

 

Indubitable prueba de ello es este Vestida de Vida: Canto Negro de las Américas, donde recurriendo a un acertado soporte instrumental, con envidiable versatilidad, Susana recrea destacados clásicos de la América negra.

 

El disco se basa en una plataforma artística donde la solidez cultural y la certera elección del repertorio hayan debido cobijo.

 

En su apertura interpreta un tema vinculado a las raíces afrocubanas, “Canto a Eleggua”, en el cual a su capacidad vocal se le suma un acompañamiento percusivo donde luce entre otros la presencia de Urbano Kojak.

 

Intercambiando sonidos, voces y experiencias, continúa con “José Leonardo”, tema representativo del canto venezolano, desembocando en “2 de febrero”, una cumbia de Francisco Cabillas.

Continuando con su amplitud interpretativa, aborda con sencillez y frescura tanto a Gershwin en “Summertime” como a Alfredo Zitarrosa en “Doña Soledad”, o a Milton Nascimento en “Portal del color”, con acertadas intervenciones en guitarra tanto de Ramón Stagnaro como de Félix Casaverde.

 

En “Vestida de vida”, tema que le pertenece, el disco alcanza uno de los picos de mayor emotividad. Cuerdas, vientos y en especial la percusión de Manongo Mujica, Juan Medrano en cajones y Hugo Bravo en congas, rodean su inconfundible decir.

 

Ya hacia el final, además de un popular navideño como “Zancudito”, versiona a “Negrito bonito”, autoría del puertorriqueño Roy Brow. Con la participación al comienzo en voz de Félix Casaverde a Belén Cochambre e intercalando un instrumental (“Son los diablitos”) el disco se cierra a pura marinera con la interpretación de “Bartola”, tema que pertenece a Alicia Maguiña.

 

“Vestida de vida” no debía ser el lamento del que llora sobre sus raíces, sino del que remonta su historia y su rebeldía.

 

Vestida de vida: Canto Negro de las Américas fue grabado en Lima, Perú, en 1990.