Cuando tu jefe no deja que crezcas


El síndrome de Cronos identifica las acciones sistemáticas de un superior dirigidas a su colaborador con el fin de impedir su desarrollo dentro de la organización por temor a ser desplazado.

 

Textos. Psic. Gustavo Giorgi.

 

¿Qué harías en el caso de Rolo? No es fácil estar en los zapatos del otro… en general lo digo, y en este mucho más…

 

Rolando es un flaco buena onda. Tiene dos particularidades que lo hacen fácilmente reconocible en la oficina: 1. Usa gel todo el año, incluso en invierno, y 2. No tiene miedo a ponerse medias de todos colores. Por ambas cuestiones, a veces se lo toman medio a la chacota y él no solo no se enoja sino que devuelve los chistes con otros de similares características.

 

El único problema que tiene, bah, que los compañeros le achacan, es su sarcasmo. A veces está más ácido que un racimo de limones verdes y eso genera incomodidad. Pienso que una de las que más padece este rasgo es Ale, piba nueva y algo inmadura con menos calle que Venecia, podría decirse.

 

Rolo llega, desde que lo conozco, todos los días a las 7.55. Esto también es medio raro y hace que me pregunte: ¿Cómo demonios hace para tomar siempre el bondi a la misma hora? ¿Será, acaso, que tiene un trato especial con el colectivero o un pacto secreto con el Mal?

 

El asunto es que hace un par de años le ofrecen pasar de la oficina de compras a la de cuentas corrientes, porque notaban que el flaco era bueno en las negociaciones. Por el asunto de tener mucha labia conseguía buenos resultados en la gestión y calculo que esa fue la principal razón del traslado: la empresa necesitaba el ingreso de plata en la calle (clientes que adeudaban tres meses y más) porque financieramente no andaba del todo bien y vio en Rolo al tipo ideal para que juegue de titular ese partido.

 

Y así como todo, al principio “la cosa estaba buena” al decir de nuestro personaje, pero después se fue agriando con el correr de los meses y no era por los objetivos, dado que los mismos se alcanzaban hasta podría decirte con cierta holgura. El tema estaba en el turro de Joaquín, jefe complicado si los hay…

 

Joaquín vendría a ser, para que te ubiques, el primo de una de las cuñadas del dueño. Entró con un paracaídas a la empresa porque a pesar de haber trabajado diez años en una curtiembre como jefe de administración hacía por lo menos cinco que se dedicaba a atender un almacén que puso en su casa con la plata de la indemnización.

 

Supuestamente, y según lo que dijo el dueño, lo incorporó por una cuestión de confianza pero nosotros sabemos que el tipo es bastante calzonudo y seguro que la mujer lo volvió loco para que lo tome de empleado.

 

El caso es que uno de los que más sufre a este hombre es Rolo porque se da cuenta que lo pisa todo el tiempo. No deja que progrese. Por ejemplo, no lo deja ir a un solo curso; le impide hablar directamente con el dueño, no le informa lo necesario para hacer mejor el trabajo y así… Entonces, el tema es que Rolo mandó su curriculum y el lunes tendrá su primer entrevista de trabajo en años. Y de cajón que cuando le pregunten por qué quiere cambiar de empresa, le responderá: “Porque mi jefe no me deja crecer…”.

 

EL SÍNDROME DE CRONOS

 

Se trata de acciones sistemáticas de un jefe dirigidas a su colaborador con el fin de impedir su desarrollo dentro de la organización por temor a ser desplazado (a que le serruchen el piso, vio).

 

Su nombre proviene de la mitología griega y alude al momento en que Cronos devora a sus hijos para no dar cumplimiento a la maldición recibida de Urano, consistente en que iba a ser asesinado por ellos. Como se sabe, las maldiciones en la tragedia griega no son moco de pavo, están hechas para ser una realidad y este caso no fue una excepción dado que, efectivamente, uno de los benjamines raja a tiempo gracias a Era y más tarde boletea a su papá.

 

La psicología organizacional identifica este fenómeno como una de las principales razones de desmotivación y renuncia a los empleos y por mi experiencia puedo decir también que soy testigo de la innumerable cantidad de personas valiosas que vi irse de una empresa a otra por estar padeciendo esta circunstancia.

 

Resulta habitual que al síndrome de Cronos uno lo comience a pesquisar a través de sus síntomas y no de forma directa. Claramente, uno no puede saber qué hacen cotidianamente los jefes de una Compañía puertas adentro con sus colaboradores.

 

Pero sí, tiene la responsabilidad de estar atento cuando se presentan en la empresa algunos fenómenos nocivos, susceptibles de tener una clara y concreta medición, siendo los más habituales una disminución significativa en el índice de satisfacción laboral y el aumento progresivo en las tasas de ausentismo y rotación. Aquí también podrá verse el deterioro franco en la identificación de las personas respecto de su empleo y la consecuente pérdida de sentido respecto de sus tareas específicas. En palabras de Rolo: “Ya no sé para qué vengo… Te juro que mientras me afeito, todos los días, pienso en cómo se me fueron yendo las ganas de ir a laburar…”.

 

¿Vacunas para este Síndrome? No las hay. Debo decir que absolutamente todas las organizaciones humanas están expuestas a su aparición y, por ende, deben estar alertas a sus indicadores. Cuando comience a notarse malestar en la gente o las metas no se alcancen porque no existe el suficiente empeño en los empleados por lograrlas, debemos pensar en la posibilidad de estar infectados con este mal.

 

Y dado que no podemos evitarlo, sí podemos prevenirlo. En primer lugar, ubicando en posiciones de liderazgo a personas seguras de sí mismas, que no vean riesgos en un colaborador talentoso. Luego, insistir en métodos y formas de delegación progresiva de tareas que permita una asunción paulatina y madura de responsabilidades por parte de los subalternos. Finalmente, fomentar vigorosamente planes de carrera como parte de la cultura organizacional, que no dependa de los jefes de turno sino que sea parte del ADN empresarial.

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