¿Cuándo me caso?


Por Eugenia Román

La época del año en que elegimos festejar un evento puede incidir tanto en el horario del mismo como en la decoración y el presupuesto. Es por eso que comenzar con la elección de la época o estación del año y luego la fecha exacta, es el punto de partida ideal para toda organización de un evento que se este programando con tiempo.


En esta columna me encanta recordarles constantemente que por suerte existen preferencias personales tan distintas como las posibles temperaturas por este lado del mundo. Y así, vamos a encontrar personas que aman el invierno o el otoño, las comidas calientes y los abrigos; y otras que disfrutan del verano, el aire libre y el bronceado.


Claro que a una gran mayoría les encantaría poder encontrar el día o la noche ideal con la temperatura perfecta para no pasar ni frío ni calor, pero esa es una probabilidad que depende más de la suerte que de la época del año.


En el rubro de los eventos existe la temporada alta y la temporada baja. La primera es la que comprende los meses de septiembre y marzo; y la segunda, de abril y agosto. Esto mismo coincide con las estaciones de primavera-verano y de otoño-invierno, respectivamente.

Lo que significa que gran parte de las personas que deciden hacer un evento prefieren celebrar en épocas más cálidas, muchas veces para poder aprovechar los espacios al aire libre que ofrecen los salones de eventos o lugares elegidos para el festejo.


La realidad es que, por nuestra zona, celebrar en primavera-verano no siempre implica poder “disfrutar” del verde y los atuendos livianos debido a que muchas veces el calor excesivo o las abundantes lluvias juegan una mala pasada. En ocasiones se elige pasar gran parte del tiempo de evento al aire libre sin tener en cuenta un plan B en caso de que el clima no acompañe, y no hablo solo de lluvia, sino también de temperaturas excesivamente altas.


Asimismo es necesario muchas veces contratar un servicio de refrigeración para carpas o lugares que no cuentan con los equipos de aire acondicionado indispensables para el confort de todos los invitados. Por acá las temperaturas alcanzan en verano valores realmente sofocantes y es por eso que muchas veces los momentos en el exterior terminan siendo agobiantes o fastidiosos y el invitado no ve la hora de ingresar a un lugar más confortable.


Otra cosa a tener en cuenta en los casamientos de verano -y que muchas veces se pasa por alto- es contratar un equipo generador o grupo electrógeno cuando el salón no cuenta con uno. Esto evitará sorpresas por cortes de energía debido al excesivo consumo.


Y hasta ahora parece que todo lo que cuento son pálidas al hablar de la temporada alta (primavera-verano), pero no: debo reconocer que el verano nos da ese calorcito, el aroma y el placer inigualables al momento de disfrutar de una bebida bien helada al aire libre. Esta estación del año también permite al invitado poder decir que “bailó hasta el amanecer” ya que los eventos generalmente comienzan avanzada la noche y terminan cuando aparecen los primeros rayos del sol.


Ahora bien… ¿Qué hay de los eventos de otoño-invierno? Yo les encuentro un gran atractivo. Primero, porque amo los vestidos de manga larga y los platos calientes. A eso se suma que hoy por hoy hay muchos recursos para abatir el frío y poder disfrutar, porque no, del aire libre: fogones, calefactores, mantitas y cerramientos son algunos de ellos.


Por lo general en esta época los eventos empiezan mucho más temprano y así mismo terminan antes, pero nos permiten poder disfrutar incluso un momento del atardecer y otro momento nocturno dentro del mismo evento.


En lo que a la ambientación respecta, los eventos de primavera-verano casi no tienen límites, solo conllevan el cuidado absoluto de las flores para que no sufran los efectos de las altas temperaturas o colocar abanicos en las ceremonias al aire libre.


Pero los eventos otoñales e invernales sí son relacionados implícitamente en el imaginario con una determinada gama de colores. Además existe también una limitación al momento elegir flores para decorar. Nadie imagina un evento de invierno decorado con manteles floreados, aunque como digo siempre, “sobre gustos…” y en materia de decoración, si hay algo que me fascina, es romper las reglas.


Es por esto que, si yo tengo que elegir, elijo abril, elijo otoño, elijo comenzar de día y terminar de noche, elijo tonos tierra con pasteles, elementos cálidos, vestidos de manga larga, sacos estampados de géneros gruesos, muchas velas, piñas de pino, olor a leña, bocaditos calientes y un fogón. Pero yo soy yo… Y vos… ¿Qué preferís?

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