Con Firma Local es una nueva sección de la revista Nosotros que busca reflejar el talento de emprendedores y artesanos de Santa Fe. 

 

Una emprendedora santafesina que realiza preciosos objetos con la técnica de vitrofusión nos abrió las puertas de su taller para conocer su arte.

 

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Pablo Aguirre y gentileza Daiana Lerman.

Daiana Lerman es una artista que no para un minuto. Revolotea por su taller mientras cuenta cómo se adentró en las lides de transformar el vidrio y darle otras formas y colores.

 

La finalidad que su trabajo persigue es generar objetos de uso cotidiano que se diferencien de lo que ya existe en el mercado por su diseño original para personalizar un espacio.

“Estudié un poco de todo para poder trabajar el vidrio y la vitrofusión. Y arranqué cuando abandoné la carrera de arquitectura para buscar lo que verdaderamente quería hacer. Siempre me interesó el arte, y de hecho, me fui a estudiar arte, en la Escuela Mantovani, pero mientras esperaba para ingresar en la carrera, estudié diferentes técnicas para poder trabajar el vidrio. Así que me fui a San Carlos Centro, donde me incorporé a un taller de señoras mayores que se reunían por el placer de pintar, y con eso empecé. Estuve en Buenos Aires, en Córdoba, compré muchos libros -importados, porque acá no había mucho editado sobre el tratamiento del vidrio-. De hecho, la técnica se protege mucho, no hay muchas personas que te quieran enseñar. Hay mucho celo en transmitirlas”, cuenta Dai.

 

Esa reticencia del medio no la acobardó, y tampoco la detuvo. Hizo su caminito de vidrio con mucho ensayo, prueba y error, siempre apoyada por su familia y su pareja.

La alquimia del vidrio

 

“Desde siempre, la alquimia del vidrio se mantiene como en secreto, nadie habla de eso. Y es muy difícil encontrar alguien que te lo quiera enseñar. A mí me costó mucho. Estudié mucha física, mucha química, mi pareja me ayudó mucho porque tuvimos muchas trabas. Uno puede pensar que vitrofusión es una técnica simple que con sólo meter el vidrio en el horno ya está, pero en realidad, tiene muchas aristas y cuestiones a tener en cuenta. Sólo quien trabaja en el oficio lo sabe”, se explaya con una gran sonrisa.

 

Estos estudios dieron paso a una gran pasión, y a un oficio que domina y adora.

Desde hace 8 años Dai desarrolla las actividades y producción de su taller. “Y hace 6 años que puedo decir que vivo de esto. Siempre lo tomé como un trabajo, es mi pasión, pero desde el principio me planteé vivir de esto. A pesar de que la sociedad a veces impone ese prejuicio de que un artista no puede vivir de su arte, de lo que uno ama hacer, yo fui en contra de todo eso. Me jugué por esto y le encontré la vuelta. Encontré también gente que se prendió y apoyó esta idea, no sólo los clientes, sino también mi pareja. Cuando yo empecé con las bachas de vidrio templado, que es una de las técnicas más complicadas, necesitaba una persona que me ayude, no solamente en lo emocional: en lo técnico y real necesito ayuda, y ahí estuvo y está él, siempre”, sostiene Dai. “Seguimos trabajando juntos con las bachas”, cierra sonriendo, orgullosa de lo construido.

Los caminos del vidrio

 

Los objetos que fabrica Dai son variadísimos y con una personalidad única. Tienen su impronta, transmiten color, luz y alegría a un ambiente y se nota el pulso de la artista que los creó.

 

“Quería que mis objetos sean de diseño y elegantes. Que la gente los quiera tener y los pueda tener. Siempre trabajé con la idea de que lo que hago esté al alcance del otro. No quiero que sea una pieza de arte inalcanzable. Sí de diseño, pero que no sea un objeto imposible de tener. Es arte que uno puede apreciar, tener, intervenir. El cliente puede venir y decidir en el proceso de producción. Por ejemplo, si vos querés para tu casa unos platos rayados de color o con una textura, o un diseño, se arma. Se puede hacer a demanda. ¿Te gustan los mandalas, o las flores, o algo que a vos te represente? Trabajo sobre el gusto de las personas, que pueden venir al taller y se encuentran con un mundo de creación. Y eso es lo que me apasiona de mi casita-taller”, explica Daiana.

La técnica es tan amplia que permite hacer múltiples objetos: desde ventanales y mesas hasta vajilla o bijou, decorativos pero también funcionales.

 

“Mis clientes son los que me desafiaron a crecer. Pusieron su confianza en mí y desde ahí yo crezco. Desde zócalos, bachas, ventanas, adornos para una escalera, las mesas. lámparas, tulipas… Tengo un boom de mesas vitrofusión, desde una que arreglé -que era mía y se había roto-. Desde ahí no paré de hacer mesas. Reparar algo, volver a darle vida, está buenísimo. A veces me traen objetos antiguos para reparar… y me encanta esa variedad de aspectos que hacen a mi trabajo”.

Daiana trabaja actualmente cuatro líneas de piezas para baño, jardín, cocina y hogar.

 

La línea baño incluye bachas, guardas, mosaicos y jaboneras. Para el jardín las propuestas son: mesas, simpáticos tutores, porta-macetas, móviles y bebederos para pajaritos. Los productos para la cocina son soñados: vajilla, fuentes, mates, copas, botellas y tazas estampadas. Y en cuanto a decoración del hogar, propone piezas ornamentales, ventanales y mosaicos. Toda la producción con la posibilidad de co-creación con el cliente.

El proceso de transformación

 

Para que el vidrio transmute se trabaja a altísimas temperaturas -los hornos alcanzan hasta 800 grados- por lo que en verano tanto la familia como los vecinos de Dai le demuestran calurosamente su aprecio.

“Compro las planchas de vidrio grandes y las corto en el taller, después se pintan acorde al diseño elegido y se moldean en los hornos. Eso es la vitrofusión: la fusión de los vidrios a los que se le da forma en un molde”, define Dai.

 

“El vidrio es un material noble, pero que tiene sus secretos. No se aprende a manipular así como así. Para que realice su magia, conlleva mucho estudio, mucha práctica. No es tan sencillo. ¡Al principio se me rompía todo!”, cuenta entre risas. “Y un buen día, ¡salió! No se rompió la bacha. ¡No lo podía creer! Igual a veces hay contratiempos, el vidrio puede tener ‘marcas’, defectos de fabricación, que cuando empezás a tratarlo, a manipularlo, emergen, salen a la luz”, continúa.

“El vidrio tiene vida. Si el vidrio está corroído desde antes o estuvo en el sol, o tuvo un golpe, o en la horneada para hacer la plancha hubo algún error, cuando templás, sale todo. Si el vidrio es viejo, te das cuenta. Con el vidrio a altas temperaturas, las moléculas se mueven. En el cristal, las moléculas son parejas, en el vidrio son desparejas. Cuando hace calor empiezan a moverse y a buscar comodidad. Y todo eso hay que tener en mente cuando trabajás con vidrios”.

 

Posteriormente hay un proceso de enfriado antes de poder abrir el horno para retirar las piezas, que también demanda experiencia y sumo cuidado, ya que la pieza se puede romper. En invierno este proceso es más largo.

“Cada pedido es un desafío. Y que la gente confíe en mí para hacer especial su espacio, su casa, para mí es grandioso. Es hermoso. Además la gente se está prendiendo cada vez más con el diseño, con el arte, y poder implementarlo en su casa. Santa Fe tiene esa movida con el arte”, concluye.

Para conseguir estas maravillas:

En la Diseña Santa Fe.
Contacto: 0342 156142792
Redes:
Facebook: vitrofusion.dai.lerman
Instagram: @dai.lerman