Decoración monocromática, lo último en tendencias para el hogar


Este tipo de decorado es perfecto para crear ambientes que transmitan armonía. Sin embargo, el uso de una sola tonalidad requiere el manejo de algunos trucos para no convertir tu espacio en un ambiente soso.
Textos. Soledad Vittori

El término monocromático significa un solo o único color. Cuando nos referimos a la decoración monocromática estamos hablando de ambientes decorados con una sola coloración. La pintura de las paredes, el empapelado, los accesorios, las cortinas, las alfombras, tapizados, almohadones, todo se basa en la misma gama cromática.

Para llevar a cabo esto, es importante contar con un experto que entienda del tema, ya que estos espacios pueden verse demasiado conservadores y aburridos si no se toman en cuenta leyes de armonía, equilibrio y color.

Dependiendo de la pericia del decorador de interiores, se podrá lograr un espacio monocromático si se utilizan diferentes tonalidades de una misma gama para lograr profundidad y contraste. Además, la idea es jugar con diferentes texturas y con la iluminación natural del ambiente para crear zonas más claras y oscuras con el objetivo de crear un ambiente llamativo y equilibrado.

Eso sí, es necesario estar muy seguro del color elegido, ya que todos los muebles y elementos que se compren irán acorde a él. Es importante recordar que será una tonalidad con la que deberás enfrentarte día tras día, por lo que se debe elegir uno que no vaya a cansar.

Entonces, siguiendo esta línea, el primer paso consiste en escoger ese único color base con el que se va a decorar la habitación. Se sugiere escoger una tonalidad con vida si se busca aportar alegría, un tono pastel si quiere mantener un toque romántico, un blanco inmaculado si el objetivo es absorber toda la luz, un tono gris si se quiere lograr un efecto moderno o arriesgar con un negro si se pretende lograr la sofisticación a otro nivel.

Una vez escogido el color, se busca romper con el aburrimiento incorporando algunos elementos de diferentes tonalidades más suaves o más oscuras de nuestro color principal. Puesto que la clave está en no seguir siempre la misma línea del tono elegido. Por ejemplo, podemos pintar las paredes con un rosa pastel y reservar un rosa viejo para el mueble principal.

Otra apuesta segura, es reservar los colores para los cuadros colgados en la pared. Se trata no sólo de jugar con diferentes tonalidades del color, sino también de emplear diferentes texturas y brillos en el resto de los elementos para que todo perfectamente combinado alcance el equilibrio perfecto.

Las texturas acentúan el color y enriquecen mucho la expresividad del ambiente, ya que le proporcionan a los sentidos algo con qué jugar. Lo ojos irán tras la trama de un almohadón brocado o tejido; el tacto se recreará con alfombras mullidas y cortinas de voilé. Las texturas lisas y brillantes como los metales, cerámicas y piedras atraparán la luz creando focos de atención que destellarán en los ambientes. Por este motivo, las texturas son tan importantes y deben ser seleccionadas con sumo cuidado en relación al estilo decorativo.

A dichas texturas, se les puede aplicar diversos patrones y estampados de acuerdo al color elegido, usar muebles de madera como valor intermedio o darle una oportunidad al verde de las plantas para darle el toque que rompa con la monotonía.

En resumen, la decoración se basa en el manejo de técnicas de organización o composición. Cuando no se cuidan los pequeños detalles se corre el riesgo de dejar el ambiente con un acabado soso. Pero cuando se logra crear estilo con un solo color empleando apenas las variaciones de la tonalidad elegida, su resultado consigue robar suspiros.

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