Lograr el éxito con siete prendas básicas.

Por Christina Horsten
dpa

Allí donde esté Donna Karan reina el caos. La diseñadora estadounidense es “la persona más despistada y desorganizada” que ha conocido nunca, aseguró en una ocasión la cantante y actriz Barbra Streisand. “Su capacidad de atención es muy limitada y cambia continuamente de opinión. No logra acordarse de nada, tampoco de los planes que uno acaba de hacer con ella. Caos es su segundo nombre”, contó.

Precisamente por eso resulta aún más asombroso que Karan, que hoy martes cumple 70 años, haya construido un imperio de la moda y la beneficiencia y se haya convertido en una de las diseñadoras estadounidenses más conocidas.

Igual de asombroso resulta que el éxito original de Karan se base en siete prendas de vestir básicas, sencillas y prácticas fabricadas con materiales cómodos y de color negro.


Conocidas como las “seven easy pieces” (siete prendas sencillas), convirtieron a la diseñadora en una estrella en la década de los 80: siempre nuevas combinaciones de body, falda cruzada, blazer entallado, jersey de cachemir, abrigo, pantalón y vestido de noche. Para Karan, la mujer no necesita más. Y millones de compradoras en todo el mundo le han dado la razón.

Karan hace “moda para personas que no saben a dónde les va a llevar el día”, contó una vez en una entrevista. Numerosas estrellas se dejan fotografiar luciendo sus creaciones y la propia diseñadora también es siempre fiel a los principios de su moda.

“No importa lo que me ponga por la mañana, es lo que llevaré durante el día y por la noche. Nunca me cambio”, aseguró Karan en una ocasión a la revista de moda Harpers Bazaar. “Sólo cambio mi peinado, mi maquillaje y mis zapatos, y decido si ponerme o quitarme el blazer”, añadió.

La diseñadora, cuyo verdadero nombre es Donna Faske, nació en 1948 en Nueva York.


Su padre Gabby, que era sastre y tenía una mercería, murió cuando ella tenía tres años.

Para sacar adelante a su familia, su madre Helen trabajó como modelo y representante comercial. Karan estudió tan sólo dos años en la Escuela de Diseño Parsons en Manhattan y realizó posteriormente unas prácticas de verano con la diseñadora Anne Klein, donde fue escalando posiciones hasta convertirse en diseñadora. Tras la muerte de Klein en 1974 se hizo cargo de la dirección de la firma junto con Louis Dell’Olio.

Ese mismo año dio a luz a su única hija, Gabrielle, con la que se deja ver en numerosos actos públicos. Todos los días, después de practicar una hora de pilates y yoga en su gimnasio con vistas al Central Park de Nueva York y de desayunar, se interesa por lo que está haciendo su hija. “Mi primera llamada siempre es para ella”. Su matrimonio con el padre de Gabrielle, el empresario Mark Karan, sólo duró cuatro años.

Con apoyo de su segundo marido, el escultor Stephan Weiss, y la financiación de una empresa japonesa, Karan logró su independencia a principios de los años 80. “Las diseñadoras sencillamente comprenden más el cuerpo de la mujer. Conocemos sus sentimientos y sus frustaciones”, dijo.

Y como tanto su hija como sus amigas querían vestir bien, Karan comenzó una nueva tendencia: además de la línea de costura, fundó la marca DNHY con ofertas más asequibles. “La pizza del caviar de una colección”, como ella misma lo llamó. Numerosos diseñadores siguieron su ejemplo después. En 2001 vendió su compañía por 643 millones de dólares a un grupo francés del lujo, el mismo año que su esposo murió de cáncer.

Para su nueva firma Urban Zen, Karan sigue creando moda, aunque principalmente se dedica a fines benéficos. “El mundo está loco en estos momentos y pienso que es nuestra responsabilidad personal hacer algo. Nunca antes en mi vida he visto algo así, ni en la moda ni en el caos del mundo. No se sabe qué será lo siguiente que ocurrirá. El único camino para mantenerse sano es crear comunidades. No se trata de mí, sino de nosotros. ¡Crea, colabora, comunica!”.