Nuestra decoradora nos presenta todos los secretos para lograr una ambientación con mucha personalidad inspirada en oriente.

Textos, producción y fotos. Renata Gilli Faudín.

Cuando hablamos de decoración oriental se nos viene a la mente algo japonés, hindú, chino o marroquí… Pero el resultado de este tipo de ambientación puede definirse como “Eclecticismo Oriental”.

 

Dentro de esta tendencia, tomamos e incorporamos a nuestra cultura y cotidianeidad elementos de diferentes partes del mundo, que justamente no es occidente. Por ejemplo, de India rescatamos los elementos más representativos de las religiones más importantes: el hinduismo y el budismo. De la primera, las imágenes de la diosa Shiva y las guirnaldas de elefantes “de la suerte”, entre otros elementos. De la segunda, las imágenes de Buda, muy de moda hoy en día.

 

De la religión del Islam rescatamos los kilims, tapices en sus diferentes diseños según las regiones de las que provengan; los hay afganos, bereberes, cáucasos, persas o turcos. También las telas con espejos cosidos representando el agua tan necesaria en el desierto, las famosas lámparas marroquíes, todos los elementos que sean calados, y las narguilles que son tendencia.

 

De China se pueden adaptar las hermosas telas de seda con brillos multicolores con imágenes de flores del cerezo, motivos naturales y las representaciones del dragón imperial.

 

De Japón llegan el bambú, el tatami, los globos de papel, entre otros elementos.
Todo esto muchas veces se funde entre si, los puntos en común a las diferentes culturas son el uso de las flores y los colores fuertes.

 

Una leyenda china dice que los recién casados deben colgar en las puertas de sus casas lámparas shi para la buena suerte.
Los famosos mandalas son elementos que se usan tanto en China, Japón como la India budista e hinduista.

 

Al armar una decoración es importante conocer los orígenes de cada elemento que va a ser utilizado, permitirse la mezcla de los mismos, de las culturas del medio oriente y lograr así un ambiente placentero, colorido, relajado y descontracturado para el disfrute del anfitrión y de los comensales.

 

No hay que tener miedo y animarse a mezclar, ya que estos elementos dialogan y se fusionan perfectamente entre sí.