Nació en una familia gastronómica, estudió ecología, pero un día descubrió que lo suyo era la ambientación de eventos. Mirada atenta, pasión a la hora de trabajar y una importante dosis de buen gusto, hicieron el resto. Hoy conocemos el perfil de Soledad Bobbio, una de las decoradoras más reconocidas y talentosas de la ciudad.

Textos. Revista Nosotros. Fotos. Mauricio Garín, Flavio Raina y gentileza Soledad Bobbio.

UNA FAMILIA GASTRONÓMICA
“Si alguien me decía que iba a terminar acá cuando tenía 18 años, no lo creía. Mi familia materna entera es una familia gastronómica pero cuando terminé el secundario me fui a estudiar a Buenos Aires Analista en Ecología y Contaminación, nada que ver. Me interesaba el tratamiento de residuos y efluentes. Trabajé en la universidad, también hice estudios con alimentos transgénicos, estaba súper interesada. Pero cuando terminé la carrera decidí volverme a Santa Fe, me cansó Buenos Aires, y acá no tuve qué hacer. Imaginate que me recibí hace casi 20 años, no había nada en Santa Fe relacionado a lo mío. Así que empecé a laburar con mi mamá; para empezar, lo más fácil era trabajar con ella. En ese momento teníamos el Baviera de San Martín, así que me metí en la parte de cocina. En mi familia cocinamos todos, nos criamos adentro de una cocina. Luego nos fuimos a calle Belgrano con Gula Restó y ahí dimos el salto con el catering, algo que habíamos hecho antes cuando hubo un boom de nuestros rogeles y los empezaron a pedir a domicilio. Cocinábamos todo el día y empezamos a ir mucho a las casas de nuestros clientes mientras manteníamos el salón chico de Belgrano. En ese momento no se decoraba mucho, las fiestas no eran lo que son ahora, entonces terminábamos haciendo un poco de todo. Me llevaban un arreglo de flores y lo ponía, prendía las velas… empecé un poco así. Después ya iba con el catering y empezaba a meterme: ‘poné esto acá’, ‘corré este living de lugar’. Cortaba flores del jardín y las ponía en la mesa. Eso llevó a que me mis clientas me llamaran para que las ayude a recibir en su casa, tipo asesora. Comencé también a comprar algunas cositas, en principio para decorar nuestro local. Siempre fui detallista, siempre me gustó y siempre me fijé en la ambientación, pero todo se dio de casualidad. De a poco me fui metiendo más y más en esto, la cocina dejó de interesarme y un día decidí dedicarme solo a la ambientación con el salón de Ríos de Gula. Digamos que todo fue de casualidad, pero con pasión”.

SABER MIRAR

“Mi mamá es muy práctica, aún sin nada, siempre tenía la casa impecable. Todo lo que sé, mucho o poco, lo aprendí de ella. Recuerdo que me hacía cortar los plumerillos en la autopista para poner en mi casa; yo los odiaba, me daban alergia, ahora me encantan. También me acuerdo de ir a hacer casamientos en el Lawn Tennis y bajar en las vías del tren a cortar follaje para armar las mesas del catering porque no había nada. Así fui aprendiendo. Por supuesto me fui a Buenos Aires, hice cursos pero me fui formando sola, súper autodidacta. Este trabajo se trata mucho de imágenes, no tiene mucha vuelta, hay que saber mirar. Aprendí sobre la marcha, cada vez fui ganando más seguridad también entonces me animaba a hacer más cosas. Me encantan los clientes que me dicen: ‘Hacé lo que quieras, yo confío en vos’. Son esos los eventos que mejor me salen. Por supuesto hice un montón de capacitaciones con Ramiro Azuaga, Martín Roig, Bárbara Diez… todo lo que podía. También realicé cursos de armado de ramos de flores que me sirvieron mucho. En un momento Ramiro Azuaga me dijo ‘¿Qué hacés acá? ¡Ya está, basta!’. Pero yo de todo sacaba algo”.


UNA RED LOCAL

“Al trabajar de forma independiente, trato de ser muy ordenada y organizada. Aparte, como este es un trabajo de temporadas muy marcadas, si no sos organizada en las temporadas bajas te colgás y después se amontona todo. Así que me levanto todos los días a la misma hora, voy al gimnasio, vengo a la oficina. Con el tiempo traté de tener todos mis proveedores en Santa Fe, eso para mi es súper importante. Al principio traía las flores de Buenos Aires, hacía hacer las velas allá, viajaba todo el tiempo… En la florería con la que trabajaba acá no me entendían, no me traían las cosas que quería, yo veía que había ciertas flores que acá no llegaban. Hasta que me empezaron a entender y valorar, y comenzaron a traerme lo que necesitaba. Ahora también tengo mi proveedora de velas en la ciudad. Además, en Ríos de Gula, que es donde más trabajo, tenemos nuestro proveedor de sonido exclusivo. Cuento con herreros, carpinteros, tapiceros locales. Igual compro muchísimas cosas afuera, obvio, especialmente en Buenos Aires. Está buena la red que se genera porque crecemos todos juntos. Lo mismo pasa con otras decoradoras, ahora nos empezamos a alquilar elementos entre nosotras. Es muy interesante porque se genera un circuito que está bueno, ya que es muy difícil abarcar todo y tener todos los recursos, es muy caro. Las tendencias son muy cambiantes, es complicado estoquearse todo el tiempo. Así que entre nosotras empezamos a tener buena onda y a ayudarnos en vez de competir”.

INSPIRACIÓN

“A veces tengo disparadores de la inspiración, como ser una película, algo que veo mientras camino por la calle, mirar una revista o un libro. Igual me baso mucho en las entrevistas con mis clientes. Hay muchos que tienen clarísimo lo que quieren y dentro de la idea muy marcada que presentan yo trato de sugerir y armar el evento. Pero hay otros, sobre todo las chicas de 15, que no saben lo que quieren, o que no les interesa. En esos casos muestro fotos, pido que me cuenten cualquier cosa que les guste o que no les guste. Trato de mostrar mis trabajos porque me resulta más fácil, sin embargo a veces también muestro fotos de otras que cosas que no hice y quisiera hacer. Estoy todo el día viendo imágenes, mi marido me dice que estoy todo el día mirando el celular, pero yo le digo que estoy trabajando. Hay otro tipo de eventos que no son muy complicados, en los que no hay mucha exigencia, en esos casos ese mismo día decido qué hacer, me paro en medio del salón y surge.
Trabajo mucho en Ríos de Gula, que me encanta, y todo lo que es fuera para mi es un desafío. Sobre todo cuando se trata de eventos locos como los del Beer Tour, en los que hemos trabajado abajo de un puente, en un velódromo o en un teatro. También me encanta el evento de Cocina a 8 Manos en el Puente Colgante para la Fundación del Hospital de Niños. Se trata de organizaciones diferentes, con mucha comunicación y un equipo más amplio, de todo eso aprendo un montón.
Supongo que tengo un estilo pero no sabría definirlo porque los eventos que hago son muy distintos, seguramente tengo un sello, una manera de hacer las cosas y siempre trato de poner mi impronta. Yo veo un estilo en las todas las decoradoras, puedo mirar una foto y darme cuenta de quien es el trabajo, no se si con lo que hago pasa lo mismo, seguramente si.
Para los eventos sociales y sobre todo para las bodas, me encantan las flores como recurso de ambientación. Cada vez me gusta más trabajarlas, he aprendido mucho, así que cada vez lo disfruto más. No es fácil, a veces me paso 12 horas armando arreglos, pero me pongo música y estoy feliz. Y cada vez hago trabajos más importantes, con estructuras, con follaje y con todo lo verde que ahora abunda. También trato de tener muebles de buena calidad, en buen estado, así como también intento hacer cosas diferentes, dar una vuelta de rosca. Siempre estoy mirando y sumando objetos. He sacado cosas de mi casa para llevarlas a un evento. O compro algo para una fiesta y después me las llevo a casa. Al principio era más celosa de mis cosas, ahora soy capaz de alquilarte cualquier cosa porque sé que por un mismo recurso que pasa por distintas manos queda diferente, creo que también pasa por la seguridad que fui ganando”.

FUTURO

“Si imagino el futuro, no me veo de muy grande haciendo eventos. Esto es muy sacrificado, yo estoy acostumbrada porque desde el catering siempre estoy a destiempo, al revés de la gente, de mi familia, de mi marido, de mis hijos, de mis amigos… de todo el mundo. Cuando llega la época en la que todo el mundo empieza a relajarse, a tomar cerveza, a juntarse a asados, yo no puedo hacer nada. Es la temporada en la que trabajo todo el día, me quedo a la noche y a veces, cuando hay eventos muy seguidos, también a la madrugada. Mi esposo me re banca con los chicos, si no, no podría. Por eso, para más adelante, mi sueño es dedicarme a la decoración de interiores, me encantaría dar cursos también. Pero, por el momento, creo que me queda una larga vida en esta profesión”.

TENDENCIAS

“Es bastante amplio el tema de las tendencias en ambientación de eventos, hay mucho eclecticismo, que a mi me encanta. Pero sin dudas este año abunda el follaje, la vegetación, y creo que el año que viene va a seguir. Las flores se usan cada vez más y con una impronta cada vez más fuerte. Viene también la onda industrial y el minimalismo también está iniciando su camino. En cuanto a colores, se destacan el metal, lo dorado, el cobre, siempre mezclado con verde. Y por supuesto las luces, los focos, la iluminación es súper importante, especialmente en los eventos al aire libre. Otra tendencia es la de buscar lugares diferentes, no convencionales, para hacer eventos”.

 

EQUIPO

 

“Mi equipo de trabajo varía de acuerdo a la temporada y esta conformado por empleados fijos y otros eventuales, aunque tratamos de mantenerlos todo el año. El tema de las flores lo trabajo con Karina y Florencia, y para todas la tareas de fuerza cuento con tres chicos. Mi empleado estrella es el Chino, él es mi organizador de depósito, de stock, es el que me acompaña a todos lados, es mi mano derecha. Además tengo una diseñadora, Piqui Gagliardi, con la que trabajo diariamente”.