La Pastelería de Gladys es referente en la ciudad de ambiente acogedor y, por supuesto, de dulzuras que alimentan el alma. Y pancitas también.

Textos: Romina Santopietro. Fotos: Luis Cetraro y gentileza familia Nepote.

Gladys es una anfitriona nata. Recibe a clientes, amigos y proveedores con una enorme sonrisa. Reconoce que se siente nerviosa por la entrevista, pero pone lo mejor de sí y su simpatía pronto vence los reparos.

Su calidez invita a disfrutar del momento, a detenerse y a vivir los sentidos. En la sucursal recientemente inaugurada, un enorme póster reza “Si te gusta lo dulce, estás donde tenés que estar”. Nada más cierto. Quien ame los postres y tortas sabrá reconocer la mano artesanal y amorosa que guía la confección de estas maravillas de masa dulce.

Se define como madre y abuela full time, y extiende ese aura de cuidado a sus clientes, ofreciendo, junto con su sonrisa, un café para el día gélido, algo rico para almorzar y para contentar el alma, una porción de paraíso para el goloso: alguna de sus variadísimas creaciones.

Café de por medio, inicia la charla. Y Gladys comienza por el principio: “Yo soy hija única. Suelen decir que los hijos únicos son muy mimados. Es verdad, fui muy mimada por mis padres, pero también me enseñaron el valor del trabajo y que lo más importante es ser buena persona. Aún hoy ellos son mis referentes”, destaca.

Nélida y Alfredo, sus padres, fueron los cimientos, la base estructural de lo que hoy conforma su obra, orgullo y legado: su familia.

La herencia intangible es el amor al trabajo, la devoción a la familia, dar lo mejor de sí todos los días. Bajo estos conceptos ha desarrollado su vida.

“Después tuve la suerte de conocer a una persona con la que compartí 60 años de mi vida. Mi esposo, Arturo, que tiene mucho que ver con todo lo que construimos juntos”, rememora con una sonrisa. Se conocieron cuando Gladys tenía 15 años y se casaron a sus 19.

“Él siempre me acompañó, me incentivó a hacer lo que quisiera ser. Formamos una hermosa familia: dos hijos, Javier y Gustavo, siete nietos y dos bisnietos. Mis nietos son Ignacio, Leandro, Pablo, Emanuel, Lautaro, Camila -la única nena- y Máximo, el más chico. Augusto y Pili son los más chiquitos, mis bisnietos. Y no puedo dejar de mencionar a mis nueras, porque sin ellas no hubiera sido posible formar esta hermosa familia: Marta, María Inés y Mónica. Esta familia es mi orgullo, mi felicidad, lo que hace que todos los días agradezca a Dios por semejante regalo de la vida”.

La dulzura de la vida

Gladys comenzó haciendo cosas ricas en su casa, para su familia, con recetas que comenzó a adaptar de un libro de cocina. El talento para crear lo tenía dormido, porque esta mujer, que es una auténtica maga en la cocina, es autodidacta. Se reconoce curiosa, le gusta experimentar con las recetas y darles su propio toque, dotarlas de su impronta.

Más tarde, en el bar restó de su hijo, La Citi, comenzó a encargarse de la carta de postres. Y por la demanda y el éxito que tuvieron sus dulzuras, hace tres años se cristalizó la pastelería en su propio espacio físico.

Disfruta tanto de hacerlo, que no puede elegir una sola torta como su favorita. Todas son especiales, todas tienen ese pequeño detalle que las hace únicas. Hoy la carta que prepara la pastelería consta de 17 tipos diferentes de tortas y postres y 8 copas dulces, entre todas las demás opciones.

“No puedo elegir una torta como mi preferida, yo soy muy dulcera, y me gusta prepararlas todas por igual. Puedo destacar la torta Pirineo, que es una de las más vendidas, o la torta de frutillas, con merengues saborizados, algo que se me ocurrió. Otra que me gusta mucho recomendar es la torta ‘Bombón a mi manera’, que la adapté y la enriquecí: la torta tradicional es es masa, dulce de leche y baño de chocolate. Mi versión lleva dulce de leche y crema chantilly, distribuida artesanalmente sobre la base de masa, coronada con una ganache de chocolate. Todo tiene su toque personal”. Una bomba dulce, que se deshace en la boca y dan ganas de abrazarla fuerte por crear algo tan rico.

Planea crear la Torta Gladys, que todavía se está gestando en su mente. Adelanta que posiblemente llevará merengue, algo que define a toda su línea de pastelería, y que, claro está, le encanta.
Sus tartas son prácticamente tortas, no hay nada mezquino en los ingredientes. “Utilizo lo mejor, la gente se da cuenta cuando un producto no es de buena calidad. Y yo quiero que la calidad y la cualidad de tortas caseras y artesanales esté siempre en mi producción. Me habían ofrecido hacer las recetas con huevo en polvo. Ahora circula mucho en este mercado lo artificial. ¡Dije que no! No quiero nada que altere el sabor de mis tortas. Decreté que mientras esté yo en el negocio, se van a romper los huevos. Y mis nietos me dicen ‘abuela, eso es lo que a vos te gusta’. ¡Siempre hablando de hacer tortas, por supuesto!”, confiesa con una risa pícara.

Hoy, como la pastelería es un éxito, Gladys cuenta con la ayuda de 6 pasteleras para abastecer la demanda de dulzuras. Esto le permite conocer al cliente, charlar con la gente, ocuparse de su familia y supervisar los locales.

“Cuando me presento, la gente suele decirme ‘¡por su culpa engordamos!’”, cuenta. Gracias a este permanente contacto con sus clientes, es que ampliaron la pastelería: la casa central para disfrutar del té y el café con amigos sigue en Mitre y boulevard, pero necesitaban un local donde producir y comercializar las tortas. Y cuentan con delivery: el sueño del goloso. Así abrieron la sucursal de Necochea y boulevard, una suerte de “pastelería al paso”, donde también se puede hacer una pausa para un café, y comprar las exquisiteces para llevar.

La familia: motor de todo

“Yo soy muy inquieta. Siempre estoy pensando qué más puedo hacer por y para mi familia. Ellos son todo, son mi principio y mi fin, son motor y cimientos. Son mi amor y mi vida. No suelo pensar mucho en mí. Todo esto que estamos viviendo hoy es un regalo del cielo, y me hace muy feliz”, resume.

Este emprendimiento arrancó con una familia dulcera, se abrió paso hace 25 años por uno de los centros gastronómicos tradicionales de Santa Fe y llegó a plasmarse por derecho propio en referente para la pastelería local.

“Hace tres años mi nuera y mis nietos abrieron el local de Mitre. Y hoy, gracias a Dios, nos quedó chico. No podíamos elaborar, así que comenzamos a buscar otro local. Nos expandimos y abrimos este nuevo lugar. Al santafesino le gusta mucho lo dulce, por lo que tuvimos que descongestionar y crecer. ¿Sabés lo que reconforta estar trabajando al lado de mis nietos, de mi familia? Me siento tan querida, soy feliz y agradezco todos los días a Dios”, se explaya con humildad.

Confiesa que no “malcría” a sus nietos, pero no puede negarse al pedido de sus tortas preferidas para los cumpleaños. No son verdaderos festejos de cumple sin la torta de la abuela.

En el camino diario, Gladys afirma que sin fuerza y constancia, no se llega a nada. Todos los días hay que sumar el granito de arena para construir el todo.

“Mi lema es hacer todo por y para ellos, mi familia. Y ellos me dan amor, me dan todo. Yo soy una reina. El nacimiento mismo de este negocio fue idea de mi hijo: esto de hacer publicidad, de hacer notas, de darme a conocer. Al ver la aceptación que tenían estos productos, nos animamos a crecer”, explica.

“Siempre tratamos de dar lo mejor, de cuidar al cliente, yo trato de enseñarles eso a mis nietos. Me encanta charlar con la gente, contarles cómo hago las tortas… no soy egoísta con las recetas, si me preguntan, se las doy. El sol sale para todos, así que no tengo problema en compartir mis recetas”, asegura.

Lo único que le molesta en la cocina es el desorden. Le gusta ir lavando y ordenando a medida que utiliza las cosas.

Hoy por hoy, la pastelería se puede disfrutar en sus cuatro versiones: para pasar un momento distendido con amigos o simplemente con un buen libro, en Mitre. Al paso y para llevar, en Necochea. En un evento privado, a través de sus mesas dulces. Y desde casa y en pantuflas con el delivery de dulzura, con servicio puerta a puerta.


Autodefinido

“Mi familia me hace sentir una reina. No pienso mucho en mi. Mi marido solía decirme ‘ocupate un poco de vos’. Puedo decir que soy generosa. Pero es difícil definirme. Y supongo que mis padres estarían orgullosos de mí, así como yo lo estoy por ellos. Mi alegría es la familia, la que construimos con Arturo”.