El encanto del pasado


Por Euge Román


Muchas personas incluyen el vintage dentro de su vocabulario al momento de definir el estilo o parte del estilo de su fiesta; el término vintage refiere a todo tipo de objetos, accesorios, prendas, diseños, instrumentos, que tengan al menos dos décadas de antigüedad y, sin embargo, se encuentren en buen estado.


Originalmente se usaba la palabra para referirse al año de cosecha de un determinado vino. Es así que desde que llegó lo vintage a la decoración y ambientación de eventos, lo único que fue haciendo es perfeccionarse y destacarse, mezclarse y camuflarse, reversionarse y encantarnos.


Recuerdo amar lo vintage desde muy chica, mirar con asombro y admiración esos objetos misteriosos que fueron parte de la historia de alguien más, de su vida. Hoy creo que, salvo en los eventos muy tecno, muy net o minimalistas, casi en cualquiera de los demás pongo algo vintage, aunque sea una mesa de arrime, un sillón, una silla. Lo vintage tiene ese “no sé qué” que me fascina mucho más que otras cosas.

Siempre miré con curiosidad películas de época y si bien casi no miro tele, hoy soy fan de una novela de Pol-ka que está ambientada en la Argentina de la década de 1930, en tiempos de bonanza y progreso y con la oleada de inmigración principalmente europea. Amo sus escenarios, las vestimentas, pero principalmente amo los objetos que encuentro en cada escena. Y así me pasa que la última vez que fui a recorrer San Telmo hace apenas unas semanas, me quedé varios minutos observando los teléfonos de aquella época, paradójicamente minutos después le sacaba una foto con mi celular muy 2019. Me detuve a charlar con un vendedor que me ofrecía la primer cámara fotográfica a U$S 4.000.

Observaba espejos, lámparas, cristalería, peines antiguos, cacharros, etc. como si les tratara de imaginar un dueño o dueña haciendo uso y disfrutando de ellos, y a la vez imaginar invitados de un evento volviendo a darles vida, aunque sea con su mirada.


En mi oficina tengo una mecedora Windsor Americana de los años 50 que oficia muy bien de sillón de entrevistas, ya que me permite poder balancearme con la inquietud que me caracteriza aún en las reuniones, también tengo un combinado Ken Brown de mis viejos del año 45 que compraron para su primer departamento y hoy es una mesa de arrime que tiene un tocadiscos siglo XXI. En mi depósito de objetos tengo casi el 30% de elementos vintage, y cada vez que los miro me producen algo que no me producen los objetos nuevos de las demás estanterías.


Miro mucho las ambientaciones del continente europeo, las bodas por sobre todo, me gusta desde el color sepia de sus escenarios, hasta la vajilla y objetos que me cuentan que ahí hay amor, mucho amor, pero sobre todo historia. Deseo poder mutar algunos de nuestros eventos hacia ese estilo, lo admiro, lo veo y lo disfruto, creo que porque de algún modo me invita a vivir un poquito en un pasado que en otra vida habré conocido y disfrutado.

Previo Somos lo que somos (por las decisiones que tomamos)
Siguiente Edición Impresa 14-09-2019