El lugar del evento


Por Eugenia Román.

Hace un par de semanas hablamos sobre la fecha o temporada en la que decidir hacer un evento, aunque en muchos casos el poder de decidir no es tan libre ya que depende de fechas pre-establecidas e inamovibles.

También charlamos un poquito sobre los diferentes estilos que podemos darle a un evento. Hoy me gustaría dar lugar para reflexionar sobre la sede o espacio donde se realizan los mismos.


Santa Fe ha sido y es sede de grandes e importantes eventos a nivel nacional, provincial y regional. Sin ir más lejos, en el próximo mes de octubre se realizará el primer debate presidencial en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral en nuestra Capital.


La ciudad cuenta en la actualidad con un amplio abanico de espacios públicos y privados para realizar diferentes tipos de eventos empresariales, académicos, políticos, sociales, culturales, gastronómicos y artísticos, entre otros. Aquí el turismo de eventos ha ido creciendo considerablemente, se trata de un mercado en el que proveedores e inversores externos quieren introducirse.


Pero como ya saben, lo mío son los eventos sociales. En el centro, en la costa, en el puerto, en los diferentes barrios y en las afueras de la ciudad hay un sinfín de salones con diferentes alternativas y costos.


A la hora de elegir el lugar muchos parten desde lo estético y/o el valor de alquiler o los servicios que incluye, cuando en verdad deben partir de la realidad práctica y operativa del lugar para el tipo de evento que se desea realizar de acuerdo, claro, al presupuesto con el que se cuenta. Es un dato que parece obvio, pero muchas veces se pasa por alto la necesidad de que el lugar pueda contener y soportar la convivencia del total de invitados y actividades, o espacios de resguardo en caso de que se den condiciones climáticas desfavorables. Parece un chino, pero es simple. Por ejemplo, ¿Uno puede hacer un evento en el medio de la nada en un campo? La respuesta es si.

Siempre y cuando, se tenga el Plan B resuelto en caso de mal tiempo, esto implica un buen acceso al lugar, carpa o recinto cercano cubierto y seguro con los metros cuadrados necesarios, sanitarios óptimos para los invitados y zona de trabajo de cocina apta. Sabiendo también que en casos como éstos el presupuesto en plan A puede ser accesible pero el de Plan B puede costar hasta cuatro veces más.


Como lo charlamos desde el comienzo, Santa Fe siempre está de fiesta, y es por eso que tiene muchísimas opciones de salones de eventos: minimalistas, campestres, coloniales, rústicos, modernos, con grandes jardines o enormes estructuras tecnológicas, a la vera de la Setúbal o en el corazón de la ciudad. Con servicios anexos fijos o libres de condiciones.


Los eventos también fueron mutando y a lo largo de este último tiempo algunos optaron por reducir al máximo los invitados dejando de lado compromisos e participando solo a los más íntimos. Así, fiestas de 200 o 300 personas se redujeron a 100 o 130 invitados. Y como achicar un gran salón puede llevar costos innecesarios, aparecieron entonces los petit salón, lugares con capacidad para 100 o 130 personas muy lindos y acogedores.


Aún así, yo personalmente siento y observo que faltan lugares para grandes eventos sociales. Si bien hay espacios que son utilizados para eventos de 1.000 y 2.000 personas, la mayoría de ellos son espacios públicos en los que no se pueden realizar actividades nocturnas o eventos como recepciones, entregas de premios, fiestas anuales empresariales con invitados de todo el país y anuales gremiales. Estas entidades no encuentran fácil la tarea de tener un espacio que pueda albergarlos con todas las instalaciones propias de una sede de eventos sociales.

Hablo de fiestas, claro, no de charlas y exposiciones.


A los 19 y a los 21 años tuve la posibilidad de trabajar para los dos festejos que hicieron por sus 100 años los clubes más importantes de la ciudad, eventos de 7.000 y 4.000 personas con una gran logística y muchos proveedores reconocidos trabajando a la par, realizados en predios con grandes carpas y muchos puestos de cocina.


Mi deseo es que algún día, así como hace 13 años atrás idealicé en un proyecto de tesis a la Estación Belgrano -que por aquel entonces era un lugar abandonado a la desidia y ocupado- como hotel con centro de eventos y convenciones; hoy quisiera imaginar un gran lugar o salón donde miles de personas puedan disfrutar de una gran fiesta sin más preocupaciones ni condiciones que la de reunirse a celebrar. ¡Ojalá aún siga trabajando en este maravilloso mundo cuando eso se haga realidad!

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