Por Carlos Mario Peisojovich (el Peiso)

 

Soñé que soñaba con voces, gritos, muchedumbres, colores, caritas pintadas y manos en la cara, lágrimas emotivas, vertidas y sentidas, divertidas y diversificadas. Caras y caretas. “goooool”; “gooooooal”; “buuuut”; “toooor”; “moool” se mezclaban en esta mundial Peisadilla.

Les cuento y no “descuento” que en mis Peisadillas siempre soñadas en castellano, escritas en español, referidas en argentino y leídas en voz alta y ronca por roncar, a veces se me patina la lengua en otros idiomas. Fanático del lenguaje y de las lenguas, de Nosotros y de las Otras, mi mesa de trabajo estaba adornada por dos de las lenguas más famosas y culturalmente icónicas; vanguardistas y revolucionarias. Despeinada y socarrona, sus ojos vidriosos y alegres me miran sin burla, su larga lengua y su blanca y desordenada cabellera me animan a seguir soñando… “La mente es como un paracaídas… Solo funciona si la tenemos abierta”, entonces abro mi cabeza y rindo pleitesía al ingenio del genio Albert Einsten. Y como mis sueños están determinados y musicalizados por la banda de sonido de mi vida, no podía faltar la lengua provocativa y cuasi porno, diseñada y contextualizada, sexualmente desbordada de los límites de la pacatería Yankee y que aún se U.S.A.: es la lengua de los Rolling Stones. Diseñada por John Pasche e incluida en el vinilo “Sticky Fingers”, cuya artística de tapa fue obra de Andy Warhol, aunque muchos creen que la lengua pertenecía al “Infant Terrible” del “Pop Art”. Un irreverentemente desaliñado Mick Jagger en su rol de niño burlón, cantaba acariciando el micro y seduciendo a todo aquello que su vista clavaba, todo… por izquierda y por derecha su micrófono escupía “sex appeal”. Entre tanto fluir erótico y festivo rock pelado, duro y crudo, supo decir a quien quisiera escuchar “Si perdés tus sueños es muy probable que pierdas tu mente”. Frase extraída de la letra Ruby Tuesday.

Me aparezco soñando en una orgía de lenguas, como jamón de Jabugo de bocadillo, en el centro de rubicundos labios, extasiado como tantos seres más o menos humanos/as… (humanes, bah)… saco mi egotista lengua, me ubico en medio de los “Posters” y palito de “selfie” mediante, me inmortalizo para la POSTERidad.
Sigue mi sueño de lenguas, lenguajes y multitudes parlantes. Políglota Peisadilla que no está doblada ni subtitulada. Recurro a mi desordenador automático y en la cajita donde guardo los puntitos suspensivos, los signos de interrogación, asteriscos, comillas, diéresis, antónimos, parónimos, sinónimos e ideas afines, para extraer ahí nomás el sombrero de la Ñ, lo coloco sobre la ENE de la palabra SONAR, la convierto en gerundio y sigo SOÑANDO.

A los postres de este delicioso sueño lleno de imágenes y sonidos, teñidos como en los vetustos álbumes heredados de nuestros ancestros o como aquellas estampas aprisionadas en marcos ovalados donde aparecían parejas en las que las matronas de firmes rodetes y respetables bigotes (con todo respeto aclaro que al menos en la mayoría de las veces el aditamento piloso sobre el rictus serioso y adusto correspondía al patriarca de levita y camisa almidonada que posaba rígida e imperturbablemente a su lado), pies firmes sobre la alfombra con polainas no siempre al tono… Uffff, aquellos recuerdos sepias que fueron estúpidamente dejados de lado, a veces por las dudas, por las deudas o por las Adidas… Este sueño también tiene olor… fragancias… aromas… sueño que no me lleva a Roma, este sueño me lleva a Rusia.

He llegado hasta aquí conducido por las rutas del placer y del humor, evitando chocar con la BURROCRACIA terca, y zigzagueando obstáculos entre estrechos laberintos. Para andar y desandar estos caminos oníricos no es necesario tener permiso, licencia ni carnet. Los sueños nos transportan a través del tiempo, del espacio… y despacio, sin cobrarte pasaje ni peaje. Mis Peisadillas podrían ser objetos de multa por exceso de fantasía y sobrecarga de utopías, por saltearme los formalismos, por no respetar carteles y demás contravenciones al soñador.

Me invade el murmullo de la muchedumbre, sufriendo y llorando en casi la totalidad de los idiomas. Los tonos sepias se transforman en brillantes colores de camisetas, bufandas, gorras, sombreros, banderines, stickers sobre la piel y todo aquello que nos identifican con la madre patria que nos parió.

Oremos al Santo del Fútbol Argentino, que no es “San Paoli”. Off course.