Estilo camaleón


Por Euge Román

Días atrás tuve el placer y el honor de reencontrarme con una gran profesional y referente del mundo de los eventos a nivel nacional e internacional. Y en una charla que combinó trabajo, opiniones y anécdotas; hablamos sobre los principales proveedores y colegas del rubro, de sus estilos y puestas en escena.

Coincidimos que el “estilo” está bien que exista y es hasta meritorio mantenerlo a lo largo de los años; pero lo más valorable actualmente -a mi parecer- es la capacidad de adaptación. Adaptación al lugar y al espacio, a las condiciones, al presupuesto y por sobre todas las cosas adaptación a los gustos y preferencias de quien nos contrata.


Ahora bien, ¿qué es el estilo? Es el conjunto de rasgos peculiares que caracterizan a un artista u obra y le confieren una personalidad propia y reconocible. La otra pregunta entonces es: ¿no pueden convivir ambas cosas? Si nos adaptamos, ¿perdemos ese estilo y sello propio? ¿Perdemos eso que nos caracteriza y hace particulares si seguimos los pedidos de un cliente? ¿Nos convertimos en un panqueque del estilismo en ambientación?


Si vamos a comprar un perfume, un jean, un celular o un reloj de determinada marca, lo hacemos porque sabemos en principio con qué vamos a encontrarnos, o al menos qué nos brinda al tenerlo. Sabemos cuáles son sus características principales y sus detalles distintivos, pero eso no implica que esas marcas repitan sus modelos o diseños, si no ¿qué gracia tendría? Bien, al contratar un servicio para eventos y en particular si hablamos de los rubros de deco & ambientación -que es el rubro que se sumerge de lleno en la estética y las sensaciones- pasa lo mismo.

Es que a mi entender, la idea es que el evento y la ambientación en particular hable y represente al anfitrión, no a mí como decoradora. La clave (o al menos la mía) está en convertirse en un camaleón del rubro, tiñéndose del “color” de cada espacio; pero ¡ojo! que el camaleón cambia su color pero no sus formas.

¿Qué quiero decir con esto? que por más que nos adaptemos al cliente y sus gustos y pedidos, el producto final hablará de él y no de mí, pero tendrá esos “detalles” – la forma de iluminar, elementos particulares o incluso la experiencia intangible de las reuniones y charlas compartidas- que hacen que al momento de entrar en el espacio o ver las fotos, uno pueda distinguir dos cosas: el estilo del/de los anfitrión/es y del evento en sí, y la esencia de quien lo hizo posible.

Es por esto que yo digo que ser camaleón de cada evento, es tener estilo, un “estilo camaleón”, que se tiñe de rojo cuando así lo piden, de pasteles y romanticismo, de verdes y aires bohemios, de negro y drama, de colores y neón, de blanco y armonía, de gris y sobriedad… y así en cada ocasión. Pero al verlo sabrás reconocer qué camaleón es.

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